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La
Columna de Uriondo
LA BÚSQUEDA DE DATOS OBJETIVOS DIRECTOS
Oscar Adolfo Uriondo
Los efectos físicos y biofísicos que con cierta frecuencia
aparecen asociados a los encuentros cercanos con OVNIs, tales como huellas,
alteraciones en la vegetación, interferencias electromagnéticas
y daños fisiológicos en humanos y animales, si bien trascienden
la subjetividad de los testimonios y poseen mayor valor objetivo, reconozcamos
que sólo proporcionan evidencias indirectas sobre la naturaleza
intrínseca del fenómeno.
Es evidente, pues, que para captar de modo directo el fenómeno
mismo se necesitan registros instrumentales que aporten datos cuantitativos
en condiciones controladas. Que esto no ha ocurrido hasta el presente
es harto notorio. Y ello se debe a dos factores fundamentales: por un
lado, la imprevisibilidad y el comportamiento evasivo de los OVNIs;
por otra, el desinterés de la comunidad científica hacia
el tema, lo cual torna improbable la obtención de recursos económicos
y de los medios instrumentales adecuados para lograr esa clase datos.
Debe reconocerse que los actuales sistemas de detección no son
apropiados cuando se trata de fenómenos con las peculiares características
de los OVNIs. Así lo confirman las opiniones vertidas por distinguidos
científicos.
El Dr. Robert
M. Baker Jr., especializado en ingeniería aeronáutica,
expresa:
“La mayoría de nuestro equipo astronómico son
por naturaleza dispositivos de propósito especial y probablemente
no detectarían fenómenos luminosos anómalos, si
en verdad éstos estuvieran presentes. Su velocidad fotográfica,
su campo visual, etc., imprimen severas restricciones a su aptitud para
registrar datos sobre otros objetos que no sean aquellos para cuta detección
fueran específicamente diseñados”.
Y agregaba más adelante:...”aún si tales casos
fuesen registrados, el reconocimiento de su carácter único
o anómalo por parte de un observador es improbable”.
(Fuller, John G. (edit.). Aliens in the skies; the scientific rebuttal
to the Condon Commitee Report. New York, G.P.Putmans’s Sons, 1969,
p. 153.
Por su parte, el físico
Frederick Ayer, en su contribución al Informe
Final del Proyecto OVNI de la Universidad de Colorado,
que lleva por título: Instrumentación para la búsqueda
de OVNIs, afirma:
“ninguna red detectora, ya sea simple o compleja, tal como
está constituida la presente, puede ayudarnos a avanzar mucho
en el camino de la identificación de este tipo de hechos que
por hoy desafían toda explicación” (Final Report
of the Scientific Study of Unidentified Flying Objects conducted by
the University of Colorado under contract to the United States Air Force.
New York, Bantam Books, 1968, p.801.
Y el ingeniero William
Powers, del Observatorio Astronómico de la Northwestern
University expresaba:
“La red de cámaras para meteoritos...está dispuesta
de tal modo que los campos visuales se superponen a una altitud de varias
decenas de millas, donde es más probable que se observen meteoros.
Aún cuando tal red pudiera cubrir una fracción sustancial
del cielo de miles de millas cuadradas a la altura designada, la muestra
a alturas de una o dos millas es próxima a cero” (Powers,
W.R. Phographic surveillances of UFOs. En: Flying Saucers Review, january-febrary,
1968.
En síntesis: los
actuales sistemas de sensores astronómicos y militares están
construidos con una alto grado de selectividad, en absoluto necesario
para evitar la molesta interferencia de datos carentes de interés
específico. De este modo, toda señal referida a objetos
que no sean los que se buscan, es desechada o bien clasificada como
imágenes o blancos espurios, archivada y finalmente olvidada.
En tales condiciones, resulta claro que de aparecer los OVNIs en las
fotografías de las cámaras rastreadoras, sólo podrían
hacerlo como “fenómenos observacionales anómalos”,
siempre imprecisos y ambiguos.
De hecho, es esto lo que
ha ocurrido: en carta enviada a la revista Science
(oct. 21, 1966) y en una disertación en el Centro de
Vuelo Espacial Goddart . (Electronic News, enero 16, 1967),
el Dr. J. Allen Hynek reveló que tanto las cámaras de
meteoritos como las rastreadoras de satélites habían fotografiado
trazas luminosas que nunca pudieron se positivamente identificadas.
Las aseveraciones de Hynek
han sido confirmadas por diversos investigadores científicos.
Así, por ejemplo, el ya mencionado ingeniero Powers informó
al Dr. Baker que varias de las fotos de la Red Smithsoniana mostraban
rastros anómalos inexplicables; y el NICAP, de Washington, afirma
poseer placas tomadas por las cámaras Baker-Nunn del
Observatorio Astrofísico, exhibiendo trazas de objetos
luminosos que no coinciden con ninguno de los satélites conocidos.
Experiencias similares nos relata el Dr. Jacques Vallée.
Cuando cursaba su maestría en Astrofísica en la Universidad
de Lille, tuvo ocasión de ver que las cámaras del observatorio
varias veces registraron la presencia de objetos anómalos, pero
lamentablemente este hecho –con gran sorpresa para Vallé-
no despertó curiosidad en los operadores científicos y
las cintas fueron luego desechadas y archivadas.
Finalmente, es insoslayable
no recordar el caso de los dos objetos inexplicables que fueran captados
por las cámaras del analizador de trayectorias automáticas
del Observatorio de Folcalquier, Francia, el 3 de mayo
de 1957. Dicho aparato había sido construido por el astrónomo
Roger Rigollet, perteneciente al Centro Nacional de
Investigaciones de Francia (CNRS) y especializado en el estudio de los
meteoritos. (Michel, A. Los misteriosos platillos volantes. Barcelona.
Pomaire, 1963, p. 307; Vallée, Jacques y Vallée, Janine.
Challenge to science; the UFO enigma. Chicago, Regnery, 1966, p. 12).
En vista de las falencias
notorias arriba mencionadas, se han sugerido algunas propuestas a fin
de establecer un sistema de sensores aptos para detectar OVNIs.
El capitán Edward Ruppelt (por entonces jefe
del Proyect Blue Book) por ejemplo, en su ya clásico libro, recuerda
el fallido intento por implementar un plan de instrumentación,
con estaciones de rastreo, cámaras astronómicas asociadas
a radares y otro aparatos. Pese a los esfuerzos de Ruppelt y del general
Garland, jefe del ATIC, la propuesta fue rechazada por los altos mandos
de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
Por su parte, el Dr. Claude Poher, del Centre
National dÉtudes Spatiales, de Francia, en su estudio
sobre correlaciones entre perturbaciones magnéticas y testimonios
visuales de OVNIs, sugiere que la detección de esta clase fenómenos
parece posible, pero sólo si se dispusiera de varias estaciones
automáticas para registros magnéticos bien equipadas.
Esto incrementaría la probablidad de ver el paso de un OVNI por
las inmediaciones de una de ellas. Poher supone que al menos diez estaciones
de esta clase serían necesarias para lograr datos significativos.
Pero debemos al conocido ufólogo
norteamericano Rey Stanford la concreción de lo que quizás
ha sido el primer programa de investigación instrumental. En
el año 1971, Stanford, junto a un grupo de técnicos
e ingenieros, fundó el llamdo Proyect Starlight International
(PSI), entidad con fines científicos, con sede en Austin, Texas,
cuyo objetivo fundamental era el rastreo fotográfico y electrónico
del fenómeno OVNI, mediante la aplicación de instrumentos
de precisión, capaces de lograr datos cuantitativos (Stanford,
R. El escándalo del OVNI. Barcelona, Pomaire, 1976, p. 243; Ballester
Olmos, V.-J. El fenómeno aterrizaje. Barcelona, Plaza & Janes,
1978, p.163).
Las zonas ventanas
Hagamos notar que las dificultades
que bloquean la observación deliberada de los fenómenos
aéreos anómalos no son insuperables, al menos en teoría.
Así, la fugacidad de los avistamientos es relativa: a veces se
han prolongado por espacio de horas y de días; y en otras oportunidades
las apariciones se repitieron en un mismo lugar durante lapsos importantes,
incluso de muchas semanas, meses y hasta años.
De haber existido en todos estos casos un eficiente dispositivo de rastreo,
es probable que se hubieran podido lograr datos algo más sustanciales
sobre la naturaleza de los OVNIs.
Precisamente, a estos espacios geográficos,
donde se registran observaciones de modo recurrente, aunque con variada
intensidad, se han dado en llamar “áreas o zonas ventanas”.
El uso de este nombre no significa por necesidad adscribirse a ninguna
hipótesis transdimensional y sólo define la reiteración
prolongada en el tiempo de la actividad OVNI, en zonas acotadas, a diferencia
de las oleadas cuyo alcance territorial puede ser mucho más amplio.
Se habla también de “áreas calientes” caracterizadas
por una intensa actividad OVNI, pero hay un evidente matiz diferencial
entre ambos conceptos, porque en las ventanas dicha actividad es recurrente,
lo cual no sucede necesariamente en las hot areas.
En virtud de esa recurrencia espacial y temporal que se da en algunas
regiones del mundo lo que permite a los investigadores detectar en forma
directa los casos en el momento de producirse y como consecuencia ofrecen
las más favorables condiciones para aplicar técnicas de
monitoreo instrumental, de alta tecnología.
De todas las zonas ventanas conocidas
hasta hoy, habremos de referirnos sólo a aquellas donde efectivamente
se han implementado proyectos para la detección instrumental
de los fenómenos. Tales como el Proyecto Hessdalen,
en Noruega y el Proyecto Identificación, en
Piedmont, Missouri. Otras zonas con avistamientos recurrentes de luces
anómalos se sitúan en Marfa y Yakima, EE.UU; en los lagos
Notario y Taguish, Canadá; Urales, Rusia; Montes Peninos, Reino
Unido; y las luces Mini-Min, Australia. En nuestro país, las
zonas de Victoria, Entre Ríos; Capilla
del Monte, Córdoba, Roque Pérez,
Buenos Aires y Cachi, Salta, son las más popularmente
conocidas áreas ventanas, en las cuales, a lo largo de años
se han reiterado informes sobre presuntos OVNIs y luces anómalos.
Las luces de Piedmont
Fue en el año 1973,
cuando residentes en Piedmont, Missouri y áreas circundantes
comenzaron a informar la aparición de luces extrañas en
el cielo. El Dr. Hartley Rutledge, por entonces Jefe
del Departamente de Física de la Southeast Missouri State University,
decidió llevar a cabo un estudio de campo en larga escala y poner
a juicio del escrutinio científico de la naturaleza de estos
objetos aéreos luminosos. Para ello reunió un equipo móvil
de observadores con entrenamiento universitario o experiencia equivalente
en ciencias físicas y una batería de equipos: telescopios
Questar, analizador de frecuencias, detectores de sonidos y cámaras
de alta calidad.
El resultante Proyect Identification
ha estado operando desde entonces, acumulando cientos horas de observación.
De este modo, expertos entrenados pudieron investigar OVNIs mientras
el fenómeno se hallaba en proceso y registrar datos de manera
científica y objetiva, posibilitando al Dr. Rutledge calcular
la verdadera velocidad, distancia y tamaño de los objetos. En
el transcurso del proyecto y durante el período 1973-1981, se
tomaron alrededor de 700 fotografías, de las que 30 eran significativas.
Un total de 164 OVNIs fueron observados, 10 de ellos como objetos estructurados
de apariencia tecnológica, de los cuales 4 fueron vistos a plena
luz del día.
El proyecto y sus resultados fueron descritos y resumidos en el libro
del Dr. Rutledge, Proyect Identification; the first scientific field
study of UFO phenomena, (Prentice-Hall, 1981).
El fenómeno
Hessdalen
Hessdalen es un pequeño
valle situado en la zona central de Noruega, a unos 120 km de Trondheim
y a 30 km de la localidad de Toeros. El valle tiene una longitud de
12 km –en dirección Norte-Sur- y un ancho máximo
de 5 km; por el Este y el Oeste se halla enmarcada por montañas
no muy elevadas (alrededor de 1.000 m sobre el nivel del mar). La mayor
parte de sus 150 habitantes viven próximos a la ruta 30.
En diciembre de 1981, los habitantes
del valle comenzaron a informar haber visto luces extrañas y
desconocidas. Ellas eran visibles tanto en la noche cuanto en horas
del día.
Durante el periodo 19871-1983 hubo varios cientos de informes (constituyó
una verdadera “oleada”), pero el fenómeno comenzó
a decrecer a fines de ese último año y desde 1985 ha habido,
comparativamente, pocos avistamientos aunque la actividad hasta el momento
actual no ha cesado.
El fenómeno, tal cual surge de las descripciones testimoniales,
posee características múltiples a veces se presenta como
una especie de “bala”, con su extremo agudo dirigido hacia
abajo; otras veces como “un árbol de Navidad” con
muchas fuentes luminosas multicolores que se movían cual si estuvieran
físicamente conectadas, también como luces blanco-azuladas,
muy intensas, a menudo destellantes y siempre en movimiento.
Las extrañas luces fueron vistas en ocasiones por encima de los
techos de las casas o a baja altura sobre el suelo; otras podían
estar muy alto en el aire. A veces podían permanecer inmóviles
por más de una hora; otras se movían lentamente y llegaban
a detenerse; o también desplazarse en el cielo a enorme velocidad.
En las observaciones efectuadas a plena luz del día, los fenómenos
aparecían como objetos oscuros, de configuración oval
o rectangular, otras veces con forma cigarro y también como discos.
No obstante la gran cantidad
de informes generados por testigos que indicaban la existencia de extrañas
manifestaciones luminosas, en el valle de Hessdalen, ni el gobierno
de Noruega ni tampoco ninguna institución científica manifestó
interés por adquirir un mejor conocimiento acerca de loa fenómenos
denunciados.
Por tal causa, en junio de 1983, un pequeño grupo de cinco personas,
que incluía ingenieros y científicos noruegos, inició
el llamado Proyecto Hessdalen cuyo objetivo era lograr datos cuantitativos
mediante monitoreo instrumental, en una campaña de observaciones
sistemática y organizada. Así formaron un Comité
de Trabajo con consultores externos (el Comité de Asesores),
recibiendo la asistencia del NDRE (Norwegian Defence Research Establishment)
y de las Universidades de Oslo, Bergen y más tarde de Trondheim.
El grupo, al cual se sumaron luego muchos otros investigadores (llegó
haber hasta 40) realizó trabajos de campo en el valle de Hessdalen
desde el 21 de enero, 1984, al 26 de febrero, del mismo año.
El Proyecto involucraba a tres estaciones con observadores y sus cámaras,
algunas de ellas con rejilla de difracción para obtener información
espectroscópica. En la estación principal, los investigadores
usaron además de las cámaras, visor IR (infrarrojo) sismógrafo,
magnetómetro, equipo de radar, láser, contador Geiger
y analizador de espectro.
Los resultados del trabajo
de campo realizado por el Proyecto en el período de 5 semanas
(21 de enero a 26 de febrero, 1984) se dieron a conocer en elInforme
Técnico Final, preparado por uno de los miembros del Comité
de Trabajo, el ingeniero electrónico y Master en Ciencias, Erling
Strand.
Hubo 188 informes sobre diferentes luces. De ellos 135 fueron calificadas
como “luces conocidas”, para las cuales había una
explicación natural, pero 53 se aceptaron como fenómenos
de Hessdalen. De estas últimas 11 se consideraron de alto mérito,
con índices de extrañeza F 8, 9 y 10 (de una valoración
entre F 1 y F 10).
Se obtuvieron en total 36 registros de radar, 3 de ellos fueron vistos
también como luces. Todos los otros no tuvieron confirmación
visual. La mayor velocidad detectada fue la de una luz que se movía
hacia el Norte a 30.000 km/h.
El sismógrafos no registró ninguna actividad sísmica
local de lo que se infiere claramente que el fenómeno nada tiene
que ver con este tipo de manifestaciones geofísicas.
Las cámaras con dispositivos para la captación espectroscópica
obtuvieron tres fotografías lo suficientemente buenas como para
ser analizadas. Ellas sugerían un espectro continuo, característico
de un objeto sólido, diferente al producido por gas incandescente
–un fenómeno de plasma- (espectro con líneas de
emisión o de absorción). Sin embargo, a ese respecto las
mediciones no son concluyentes.
El Informe acota también
un hecho curioso: muchas veces en el transcurso del Proyecto, las cámaras
fallaron, y esto sucedía en especial cuando los observadores
más la necesitaban.
Durante un período de cuatro días, luces desconocidas
fueron vistas en 10 ocasiones, y el magnetómetro registró
21 pulsaciones, de las cuales 4 parecen corresponderse con las observaciones
visuales. Esto sugiere una probable asociación entre algunas
de las luces desconocidas y las perturbaciones magnéticas detectadas.
Pero la más sorprendente
experiencia fue la prueba efectuada con un Hene láser. En ocasión
de la observación visual de una luz de centelleo regular que
se desplazaba lentamente hacia el Norte, los investigadores dirigieron
un rayo láser sobre ella y al instante la luz duplicó
la frecuencia de centelleo. Tan pronto como apartaron el rayo, retomó
su secuencia anterior y al iluminarla otra vez comenzó otra vez
el doble centelleo. Esta operación se repitió 4 veces,
con idénticos resultados.
Una segunda prueba se efectuó a una hora después, cuando
una luz similar se movía hacia el Sur. Ocurrió lo mismo
que en el caso: en esta oportunidad se dirigió el rayo láser
5 veces y en 4 de ellas la luz duplicó su frecuencia.
Años más
tarde, el Proyecto incorporó una estación automática
de medición (Hessdalen AMS) desarrollada y preparada por alumnos
del College de la Universidad de Ostfold. El 7 de agosto de 1998, se
instaló en la ladera del monte Rognefjell, en el sector Nordeste
del valle de Hessdalen. La Hessdalen AMS consiste en dos computadoras,
una cámara en blanco y negro CCD, una video-grabadora y un magnetómetro.
La cámara está conectada a una computadora y a una video-grabadora.
La computadora analiza las fotografías enviadas por la cámara
CCD cada segundo y si registra un súbito cambio en una foto,
comparada con la anterior, se activa la alarma, la cual pone en marcha
la video-grabadora durante 15 segundos, por lo menos. Todos los datos
obtenidos son así enviados cada hora al sitio que el Proyecto
posee en Internet.
Si bien el sistema, al disponer de una sola cámara, genera gran
cantidad de alarmas falsas, también recibe otras de interés.
Durante el período agosto 1998-enero 2000, se obtuvieron 70 fotografías
interesantes que mostraban el fenómeno Hessdalen.
El Proyecto EMBLA
(Electro Magnetic Behaviour of Luminous Anomalies)
Este programa de investigación
científica nació en 1998 como una iniciativa conjunta
entre el CNR (Consiglio Nacionale dell Richerche), el IRA (Istituto
di Radioastronomía de Medicina), ambos en Bolonia, Italia y el
College de Ingeniería de Ostfold, con sede en Sarpsborg, Noruega.
El propósito de EMBLA es el estudio del comportamiento electromagnético
de los fenómenos luminosos recurrentes en Hessdalen, usando para
ello sofisticados radiorreceptores y espectómetros. Luego de
varias reuniones con los principales investigadores de Hessdalen, Erling
Strand y Bjorn Gigle Hauge, profesores adjuntos
del College Ostfold, en agosto de 2000 y se decidió finalmente
instalar la instrumentación del Proyecto CNR-IRA, dirigido por
el astrofísico italiano Massimo Teodorani. Hasta el presente
se han cumplido 4 misiones EMBLA, en los años 2000, 2001, 2002
y 2004.
Mientras que el Proyecto
Hessdalen había demostrado que el fenómeno luminoso podía
ser efectivamente mensurable y que era capaz de reflectar las ondas
de radar, el subsecuente Proyecto EMBLA estaba destinado a examiar más
en detalle las características de radio del fenómeno y
monitorear con exactitud esa franja del espectro EM. Debió su
realización al apoyo brindado también por el Comité
Italiano para el Proyecto Hessdalen (CIPH), un instituto privado dirigido
por Renazo Cabassi.
Al año siguiente,
en agosto de 2001, otra misión estuvo destinada
a estudiar el aspecto óptico de los fenómenos luminosos,
utilizando para ello un variado instrumental. Se obtuvieron muchas fotos,
videos y algunos espectro de los fenómenos, pudiéndose
inferir ciertas conclusiones acerca del perfil de los mismos. Los resultados
del análisis subsecuente mostró ciertas características,
que se exponen a continuación:
El fenómeno no está formado por un solo objeto, sino por
muchos esferoides secundarios más pequeños que parecen
vibrar alrededor de un baricentro común, algunosde los cuales
han sido expulsados del cuerpo central. Además el fenómeno
cambia de forma y color con gran rapidez. Desde el punto de vista físico
se ha podido demostrar tanto espectrográfica como fotométricamente
que el fenómeno se comporta en el 95% de los casos como un plasma
térmico, pero con características termodinámicas
y morfológicas altamente anómalas. La luminosidad sólo
se incrementa por vía del aumento de la superficie irradiante
y no por el aumento de la temperatura, que permanece constante sin ningún
efecto de enfriamiento.
Los datos recogidos parecen indicar con claridad que el fenómeno
posee cualidades de autorregulación energética. Hasta
ahora no ha sido posible identificar el mecanismo de origen natural
capaz de actuar de modo espontáneo con tal sorprendente eficiencia.
Además de las manifestaciones de apariencia plasmoide, existe
también una reducida, pero significativa parte de los objetos
relevados que no muestran ninguna de las características de los
plasmas, sino las propias de objetos sólidos iluminados de manera
uniforme.
Para los investigadores se plantea así una alternativa: que la
fenomenología de Hessdalen sea debida a la superposición
de dos fenómenos con caracteres diferentes, o bien ser ocasionada
por dos comportamientos muy diferentes de un mismo fenómeno.
A este respecto dice el Dr. Teodorani en un trabajo publicado en 2004:
“cualquier manera, debe tenerse presente que las leyes de física
sobre radiación bien conocidas dicen con claridad que la verificación
instrumental de la naturaleza de plasma de un fenómeno dado,
no es suficiente para demostrar que el mismo es enteramente un plasma,
sino sólo que su superficie externa (o fotosfera) se comporta
como un plasma, el cual por su naturaleza es capasz de esconder lo que
existe dentro de él”.
Finalmente, en su Informe EMBLA 2002: an optical & ground survey
in Hessdalen, el Dr. Teodorani afirma que la hipótesis de un
plasma de alta energía se ha visto debilitada por las mediciones
ópticas y el análisis de la distribución lumínica
efectuadas en los últimos años y sugiere dos posibles
interpretaciones: o una esfera luminosa semejante a un rayo globular
eléctricamente calentada que puede simular ópticamente
un objeto sólido; o un objeto sólido iluminado de modo
uniforme.
Comentarios finales
Hasta el presente, pese al empeño
de los grupos científicos a lo largo de casi 20 años de
investigaciones de campo, y de la variedad de instrumentos empleados,
los resultados obtenidos aún arrojan poca luz acerca de la verdadera
naturaleza del fenómeno. Las mediciones no alcanzan valores tan
precisos como para arriesgar una hipótesis explicativa satisfactoria.
En forma provisoria sólo podrían demostrar la existencia
de un fenómeno desconocido, no convencional, que curiosamente
a veces pareciera interaccionar con los observadores.
Aquí también se aplica la clásica frase de Carl
Jung: “el fenómeno no se deja atrapar”; por eso suponer
que un aparatología más completa y avanzada, la multiplicación
de estaciones automáticas de monitoreo o el incremento de cámaras,
haría posible resolver el enigma que plantean las manifestaciones
luminosas de Hessdalen, es una expectativa que no debe ser sobredimensionada.
Quizás su reconocida cualidad evasiva sea de difícil superación
para la aprehensión científica de las mismas.
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