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NUEVAS
ENCRUCIJADAS DEL FENÓMENO OVNI
(Crítica y autocrítica sobre la investigación)
- 2ª parte
Daniel López
ASOCIACIONES
Uno de los retos mayores dentro de la Ovnilogía
es establecer asociaciones.
De la infinidad de elementos plausibles de asociarse al fenómeno,
solo una franja reducida logra enlazarse con éxito a este y formar
parte de su estructura genérica.
Sucede frecuentemente con entidades y humanoides en uno de los terrenos
menos firmes del problema convocante.
Existe una tendencia bastante generalizada a incluir dentro del enigma
OVNI un cúmulo de apariciones extrañas no asociadas directamente
al objeto bajo un enlace fortuito nacido de supuestos, creencias y conductividad
misteriosa que nutre a la rareza -como siempre decimos- de mayores misterios.
Ocurrió más recientemente en Argentina con los innumerables
casos de “mutilación de ganado”, evento que disparó
relaciones, convencimientos y pasiones en un marco agobiante de sucesos
inexplicables donde el OVNI era el candidato por excelencia, el más
firme sospechoso, el único capaz de contener una seguidilla de
enigmas secuenciados sin importar la identidad que se le reconoce en
tiempos menos sangrientos y de relativa calma asesina.
Fueron tiempos de perplejidad, ansiedades y apresuramientos que no ensombrecieron
trabajos responsables pero que sumergieron en un océano de conjeturas
cada conclusión técnica y elemento estudiado.
De pronto la muerte natural del ganado abandonó su estadística
normal para convertirse en posible incursión extraterrestre,
hasta lo ordinario se veía como extraño por esa magia
de la asociación donde no era imprescindible que elementos distantes
se tocaran o convergieran para aunarlos en la pesquisa por su sesgo
misterioso, y cada animal expirado, abandonado en campo abierto, comido
por la fauna cadavérica y los depredadores oportunistas trocaron
en ostentosos experimentos intergalácticos, incursiones espaciales
y el indicio concluyente de una despensa terrestre de extraterrestres
ya vital en las afirmaciones poco prudentes de investigadores de otras
latitudes.
No bastó un experimento alienígena, ni el matadero de
razas asoladas por la hambruna allá, en sus ignotos mundos de
procedencia, también apareció la mítica y repulsiva
figura el chupacabras, descendiendo de las tierras cálidas del
norte hacia las ricas pampas centrales donde establecía sus heterogéneos
cotos de caza.
Había tanta denuncia de mortandad inexplicable y tan extendida
territorialmente que se hubieran requerido extraterrestres, chupacabras
y matarifes locales para cumplir con tan oscuros fines carniceros mientras
las excusas de las autoridades del INTA se tomaban como evasiones, ocultamiento
y estrategia tranquilizadora para calmar los ánimos de la opinión
publica bombardeada de teorías, imágenes dantescas de
ablaciones y putrefacción tras la mirada atónita de campesinos,
curiosos, peritos y ovnilogos.
Pero no toda extrañeza es asociable a los OVNIs, ni aún
los casos verdaderamente sugestivos en la mortandad de ganado puede
conseguirse un vínculo inobjetable para responsabilizar al fenómeno
de tales andanzas camperas.
De todos los casos conocidos, ninguno presentó relación
clara de enlace, esto es: nadie, ni testimonialmente -que conozcamos
nosotros- aportó un relato en el que se viera efectivamente al
fenómeno o supuestos tripulantes realizar actividades de secuestro,
operaciones y ablaciones que nos sean las que pertenecen a una seguidilla
de asociaciones no vinculantes tomadas como eje de la rareza.
¿Entonces por qué se estableció asociación?
Seguramente nace de la extensión temporal y territorial de la
actividad de los no identificados y la coincidente ubicación
de las mutilaciones.
En nuestras extensas recorridas de la zona pampeana, desde la cordillera,
la zona de precordillera, las nacientes del territorio patagónico
hasta las costas bonaerenses y rionegrinas, y más al norte, desde
la margen occidental de río Uruguay, pasando por Entre Ríos,
Santa Fe, Córdoba, hasta llegar al extremo oeste, todo dentro
de lo que consideramos la franja central de Argentina, fue relevada
por los miembros del grupo Hemisferios desde 1986 hasta 2001, concentrando
no menos de 3.000 referencias testimoniales sobre el fenómeno
en los últimos 60 años que los relatos abarcan.
Efectivamente, toda la zona de incidencia de las mutilaciones son coincidentes
con zonas de actividad variable de los no identificados pero ¿ese
solo elemento es suficiente para la asociación?
Definitivamente NO.
Un hecho que no podemos dejar de mencionar es que en los años
previos a las mutilaciones, los relevamientos no arrojaron más
que un par de comentarios sobre mortandad y OVNIs, pero en ningún
caso pudo hallarse indicio certero de las referencias.
Cuando afirmamos que la asociación es tema de sutilezas y responsabilidades
lo decimos plenamente conscientes que la extensión de dichas
asociaciones incorporan elementos validos al análisis del fenómeno
como objeto de estudio y por tanto, cada constante, cada regularidad
agregada a la conducta genérica de la rareza perfila el devenir
de los hallazgos, el éxito o el fracaso en dar respuestas concretas
a cada faceta del misterio.
Si el elemento aportado es insustancial, agregado fortuitamente, las
líneas de investigación que lo asuman como dato certero
tenderán al fracaso en la identificación, si por el contrario
es fidedigno y lo suficientemente aplicable al mapa de conductas que
la investigación trata de diseñar, su aporte es fundamental.
No debiera conformarnos una asociación libre que recuerde a “una
versión libre” del problema que nos convoca ya que si el
vínculo asociativo no conlleva un método de aplicación,
el mismo impulso de enlace sembrará -como se dice en jerga judicial-
una suerte de “jurisprudencia” que validará los métodos
de asociaciones a cualquier otro elemento que comparta temporalidad
y espacialidad con el fenómeno.
¿Cuantas cosas podrían, entonces, ser asociables al OVNI
por convergencia temporal y espacial?
Muertes de campesinos, accidentes, nacimientos, bodas, peleas, clima,
ánimos, políticas... ¡si al final ocurren donde
los OVNIs aparecen!
Algunas mutilaciones de sospechosa relación con lo inexplicable
se tomaban como misterio solo porque en la zona se ven luces frecuentemente.
Incluso el verlas la misma noche las convierte en candidatas ¿es
así?
Es lo mismo que decir que un piloto de una avioneta es sospechoso de
un crimen que se cometió en una casa solo por sobrevolarla a
baja altura unas horas antes o después, o por volar frecuentemente
por el barrio... Podríamos caer en asociaciones patológicas
carentes de toda orientación racional... Y cuando decimos racional
no hablamos de escepticismo, si hay algo que los miembros de Gaceta
no convalidan es la actitud escéptica, la negación por
la negación misma solventada de prejuicios, liviandad y facilísimo.
El problema aquí no es de creencias ni valoraciones.
Si las mutilaciones fueran un cúmulo de inexactitudes y aún
existiera una capaz de confrontar todos los análisis y razones,
y la diéramos como válida -que las hay-, podría
existir más de un camino al responsable y más de un responsable
que los OVNIs pues aún no se ha negado ni probado que las técnicas
aplicadas a las ablaciones y mutilaciones verdaderas no puedan ser producidas
por la mano del hombre.
El ejemplo de las mutilaciones muestra a la asociación como uno
de los caminos más comprometidos cuando los elementos de enlace
son difusos. El problema no es la mutilación sino el tratamiento
de la información.
Las convergencias son un punto de partida pero no una conclusión
en sí. Los paralelos no se tocan a corta distancia y antes de
vincular debemos observar un mínimo intento de encrucijada en
donde elementos dispersos se unan o formen una estructura afín.
Si volvemos al tema de las entidades no encontramos terreno mucho más
firme aunque la variedad de datos para el análisis encuentre
muchos segmentos de convergencia.
En este hemisferio, las asociaciones específicas son menos asibles
al método pero hallan contundencia en los nexos que las razones
y las posibilidades establecen en una faz primaria aunque no todo el
mundo de entidades extrañas es enlazable.
Un muy buen caso, tratado aquí, en Gaceta OVNI, es el de Marisol
y “Los Enanitos” que recomiendo leer.
Es un caso típico con alto grado de asociabilidad, que converge
de dos mundos distintos, el de la leyenda y el de la fenoménica,
aportando datos de relación substanciales a ambas visiones y
aún así forma una unidad sólida que a pesar de
fundamentarse en el testimonio de una niña de 11 años,
se extiende sobre un comportamiento reiterado, territorial y ciertamente
masivo en las escalas de encuentros con entidades Ovnis o seres míticos.
Aquí la asociación absorbe el poder de la comparación
y la razón, la cristalinidad de una experiencia espontánea
que abreva inconscientemente de universos ricos y complejos que recién
en los últimos años comienza a perfilarse como parte de
los elementos auxiliares de la Ovnilogía y que develaría
-caso de ser acertada su postulación- de experiencias filtradas
en las zarandas de la historia, las costumbres y las tradiciones más
antiguas.
Aún así la asociación debe guardar la prudencia
y objetividad que se requiere en otros casos.
Sería imprudente aseverar que el Ovni es directamente responsable
de las vivencias que las tradiciones acopian, apenas si es lícito
referenciar las coincidencias como propuesta para tratamientos mayores
y concretos que puedan fortalecer los vínculos que asoman entre
mitología, OVNIs y testimonios, pero de la cautela surge la “razonabilidad”,
un elemento subjetivo que apoya en el análisis una serie de conclusiones
limitadas a los parentescos pero que son, de hecho, el primer puerto
seguro de donde partir hacia aguas tempestuosas y ondas.
Razonabilidad
La razonabilidad toma a la asociación como juez primario de una
posibilidad, su juicio es decisivo en la exploración o la anulación
de un proceso de búsqueda cuando considera la validez de un elemento
como decisivo.
Como todo proceso cognoscitivo, depende del conocimiento previo, de
las libertades intelectuales, de los preconceptos y prejuicios, de la
actitud investigativa del explorador frente a terrenos sin parangón.
La razonabilidad de la convergencia o de un misterio antecede la hipótesis
que se tratará de refrendar, corporiza en la mente una figura
altamente abstracta hasta que los indicios dan forma reconocible y posible
al enigma y luego comienza a cristalizar los elementos actuantes para
elaborar nuevos patrones de comprensión. En lo OVNI este proceso
cognoscitivo fue herramienta primordial para comparar y partir de las
asociaciones simples a estructuras más complejas, como la famosa
teoría e Jacques Vallee sobre “la puesta en escena”.
Propone un camino ascendente en el que el OVNI pasa de ser visto como
un objeto tripulado a un icono de comunicación perceptiva, donde
los humanoides dejan de ser meros tripulantes de navíos en operaciones
técnicas y se convierten en imágenes de alto contenido
simbólico que en interacción con la mente del hombre producen
estímulos que son, como diría J.J.Benitez, cápsulas
temporales destinadas a cumplir una función de enlace antes que
mostrar un evento casual o fortuito.
Es el nacimiento de la imagen OVNI como propósito de una inteligencia
antes que como objeto de recurrencia mecánica, más emparentado
al significado de los símbolos en los campos de cereales del
sur de Inglaterra que a la visión de una quemazón por
aterrizaje.
En la asociación libre, aplicada a la mutilación de ganado,
la contundencia de una evidencia conduce inevitablemente a cristalizar
culturas exógenas utilizando técnicas no muy distintas
de las humanas, sirviéndose de carne u órganos blandos
en una operatoria sombría y sagaz que recuerda a predadores o
ciencias rudimentarias, sin ética ni control sobre la imagen
que dejan sobre los hombres.
En este cauce, nadie se pregunta si verdaderamente, civilizaciones que
son capaces de llegar desde distantes rincones del espacio no tienen
modos menos sanguinarios de producir experimentos o alimentos, si no
desarrollaron genética para producir especímenes en masa
sin las urgencias de raptar vacas en la pampa para producir temores
e inquietudes, acalorados debates e interminables refriegas intelectuales.
Esa asociación libre desconoce que las asociaciones reales con
lo conocido como propio en lo que respecta a posible tecnología
OVNI se opone a la utilizada en la mortandad de ganado.
No solo se han visto manifestaciones tecnológicas sorprendentes
en los no identificados, de todos los casos plausibles de delatar tecnología
y ciencia, ninguna comparece a la que estos alienígenas implementan
en las pampas argentinas en lo que a vacas se refiere. Y una respuesta
fácil es que se trata... ¡¡¡de otras razas!!!
Los parámetros del mundo OVNI que devienen en identidad genérica
deben servir como base de análisis a la comprensión de
los misterios por asociarse a su estructura fenómenica, como
un método de comparación y un margen para la depuración
informativa.
No importa si nuestras razones navegan de la mano de la imaginación
buscando nuevos cauces y nuevas perspectivas, mientras no invaliden
caprichosamente lo que el OVNI es y viene siendo mediante la reiteración,
las constantes y los millones de testimonios no inútilmente acopiados
por el esfuerzo de cientos de investigadores.
Las cosas, aparte de ser probadas, pueden ser probables y razonables
como antesala de la respuesta, por eso cada caso debe medirse con el
conocimiento adquirido y no solo por la exaltación de la extrañeza,
que es extraña por gusto y no por evidencia.
Es imposible a esta altura validar que marcas hechas por hongos se tomen
como evidencia OVNI por el solo hecho de ser circulares o estar deshidratadas;
tampoco que una o mil vacas muertas y mutiladas sean consideradas experimentos
no humanos por el solo hecho de ser extrañas.
Muchas cosas pueden tener un alto índice de extrañeza
pero ¿comparándolo con qué?
Volvamos a las entidades y las asociaciones.
continuará...
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