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La
Columna de Uriondo
EL EFECTO EM - Interferencias en vehículos automotores
y aeronaves
Oscar Adolfo Uriondo
“De
todos los efectos pretendidamente ocasionados por la
presencia de OVNIs, el alegado mal funcionamiento de los motores de
automóviles es tal vez el más enigmático. Esta
denuncia es efectuada con frecuencia, a veces en informes que son impresionantes
porque involucran múltiples testigos independientes.
Los testigos parecen estar convencidos que el funcionamiento de sus
autos fue afectado por el objeto no identificado, el cual a veces no
es percibido hasta después de que la falla es advertida. Ninguna
explicación satisfactoria para tales efectos –si en verdad
han ocurrido- es aparente”.
Esta opinión, emitida
por Roy Craig, miembro investigador del famoso Proyecto
Condon es particularmente valiosa y desusada, teniendo en cuenta
que se expresa como Conclusión de un capítulo (Direct
Physical evidence), p. 115), del Scientific study of Unidentified flying
objects, que -como sabemos- es en extremo crítico hacia la realidad
física de los OVNIs.
Tales afirmaciones provenientes de científicos escépticos
revelan la importancia y complejidad que poseen esta clase de incidentes
OVNI..
Para designar este peculiar
subgrupo que incluye no sólo interferencias en el funcionamiento
de vehículos en tierra y aire, al igual que perturbaciones en
dispositivos específicos (radios, televisión, lámparas,
etc.), y también en ocasiones fallas eléctricas de variada
intensidad y extensión, se ha usado habitualmente la denominación
de “efecto EM” (efecto electromagnético). Aun cuando
se desconocen las causas para esta variedad de informes, el término
parece adecuado en razón de que en la mayoría de los casos
las máquinas afectadas operan bajo principios electromagnéticos.
Porque, en rigor de verdad,
son numerosos los informes sobre detenciones de vehículos
automotores provocados presuntamente por la presencia de OVNIs, a corta
distancia (el catálogo compilado por Mark Rodeghier,
sumaba hasta 1981, más de 440 casos). Las circunstancias en que
ocurren estos episodios responden casi siempre a un esquema recurrente.
En efecto, es común que los conductores de tales vehículos,
desplazándose en carreteras, durante horas de la noche o de la
madrugada (el 65% de los casos han ocurrido durante la noche), de preferencia
en áreas rurales o desérticas, adviertan que su motor,
pierde potencia o más generalmente se apagan, aunque casi siempre
vuelven a la normalidad cuando el OVNI desaparece. En alrededor de un
45% de los casos hubo más de un testigo.
La distancia
media del testigo al OVNI, de acuerdo a estudios realizados (Mark Rodeghier,
UFO reports involving vehicle interference, Evanston, CUFOS, 1981) varía
entre 30 y 60 m, vale decir que casi siempre el fenómeno
llega a estar suficientemente cerca como para posibilitar una observación
cuidadosa. Según Donald A. Johnson casi el 80% de las fallas
se producen a distancias menores a 120 m.
En cuanto a la duración
de los avistamientos, más de la mitad de los eventos registrados
supera los 4 minutos, lo cual permite que los testigos
dispongan de suficiente tiempo para percibir las características
del fenómeno.
A ello se suma como factor positivo de identificación, el hecho
de que en una alta proporción de casos, las condiciones meteorológicas
fueron favorables para la observación del OVNI, con muy buena
visibilidad (70% de tiempo despejado o parcialmente nublado).
Estos efectos no están
limitados a los automóviles, sino que ocurren en toda clase de
vehículos impulsados por motores de combustión interna
(los vehículos con motor diesel, en cambio, no son afectados
de igual manera, o al menos lo son con menor intensidad). Tales incidentes
con perturbaciones en circuitos eléctricos y motores han sido
informados para motocicletas, camiones, tractores y otras maquinarias
agrícolas.
En muchos incidentes, los motores volvieron a funcionar, después
de que el OVNI se hubo alejado, ya sea poniéndolos en marcha
mediante arranque, o bien de modo espontáneo. En un porcentaje
menor, sin embargo, no ocurre lo mismo, e incluso en algunos casos (alrededor
de un 7% del total) el deterioro resulta permanente, en sistemas eléctricos
y baterías.
Preciso es destacar que los diferentes componentes del vehículo
no son afectados de igual manera en todos los casos de interferencias.
Así, sobre un total de 351 casos, en 208 la perturbación
es general (motor y sistema eléctrico); en 71 sólo el
motor; en 69 sólo la radio, en 27 sólo las luces, y en
14 sólo luces y radio.
Se ha sugerido que estas variantes podrían deberse, en parte,
a las características básicas de los vehículos
afectados, o al tipo de objeto anómalo involucrado, y también
a la distancia y posición del OVNI respecto al automotor.
Donald Johnson, en un valioso análisis estadístico
ha procurado descubrir el papel que desempeñan estas dos últimas
variables, en las interferencias OVNI sobre vehículos automotores.
Sus conclusiones son de que existe una relación altamente significativa
entre la posición de los OVNIs y la gravedad de las informadas
fallas en el sistema eléctrico de los vehículos. En efecto,
una substancial mayoría de los casos en que se mencionan detenciones
completas de motores señalan que los OVNIs están al frente
o arriba del testigo. Destaquemos que tal situación ya había
sido advertida por Richard Hall en un trabajo publicado
en el año 1960.
Asimismo, Johnson destaca
una significativa relación inversa entre las distancias al OVNI
estimadas y la severidad del efecto. Cuanto más próximo
se halla el objeto tanto mayor es la probabilidad de que el motor del
vehículo se detenga. Sin embargo, los resultados del análisis
estadístico de Rodeghier, parecen no confirmar esa particular
correlación.
Si bien se tienen noticias
sobre casos con efectos EM desde 1909, hasta octubre de 1954, se trata
de escasos episodios, aislados y temporalmente dispersos. A partir de
ese año su frecuencia experimenta un notable incremento, que
se mantiene hasta el presente, aunque con variaciones anuales.
Durante la gran ola de
1954, este tipo de informes se hacen abundantes a partir de octubre
en Francia y Europa Occidental. Los trabajos de Aimé Michel,
Los misteriosos platillos volantes, 1963; de Jacques Vallée,
Anatomy of a phenomenon, 1969; y Los Humanoids (número especial
de Flying saucer review, oct.-nov., 1966) rescatan una veintena de informes
sobre interferencias electromagnéticas, en los meses de octubre
y noviembre de ese año.
También la breve
pero intensa oleada del año 1957 fue pródiga en informes
que describen interferencias en los sistemas de ignición de vehículos
automotores. En tal sentido, no pueden omitirse los notables avistamientos
ocurridos en Lleveland, Texas, los días 2 y 3 de noviembre de
ese año. Un exposición pormenorizada del los mencionados
incidentes ha sido ya publicada en un anterior número de GACETA
OVNI.
Los archivos del Proyect
Blue Book contienen muchos otros episodios ocurridos en Estados
Unidos en los que vehículos automotores fueron paralizados por
OVNIs, o sufrieron algún tipo de interferencia en sus radios
y luces.
Por ejemplo, el 26
de octubre de 1958, alrededor de las 10:30 p.m. (East), dos
personas, Alvin Cohen y Phillip Small, que viajaban en automóvil
a lo largo del Loch Raven Boulevard –cerca de Baltimore, Maryland-
vieron, al salir de una curva del camino, un objeto iridiscente con
forma de huevo aplanado y de gran tamaño, que permanecía
estacionado, oscilando a sólo 30 o 45 metros sobre la superestructura
del puente número uno.
Disminuyendo la velocidad, los testigos se aproximaron con el propósito
de investigar, pero cuando llegaron a unos 200 o 240 m de distancia
del puente, el motor del auto cesó de funcionar y todas las luces
se apagaron. Hicieron esfuerzos para poner en marcha el automóvil,
pero sin éxito; muy atemorizados decidieron entonces abandonar
el vehículo y, resguardándose detrás del mismo,
se dedicaron a observar el objeto insólito durante 30 o 45 segundos.
Calcularon que el objeto tendría unos 30 m de longitud. Luego,
el objeto proyectó una deslumbradora luz blanca y al mismo tiempo
los testigos sintieron una tremenda ola de calor en sus caras. Uno de
ellos expresó: “No parecía el calor de un cuerpo
incandescente, sino algo así como luz ultravioleta o algún
tipo de radiación...”.
Con un fuerte sonido “como una explosión amortiguada”,
el OVNI comenzó a cobrar altura verticalmente sin variar de posición
durante el ascenso. Mientras se elevaba, su luminosidad iba en aumento
y los bordes se hacían más difusos, de modo tal que no
podía apreciarse bien su forma. En 5 o 10 segundos se perdió
de vista por completo. Sólo entonces el automóvil pudo
ser puesto en marcha, y las dos personas se dirigieron a la estación
policial más próxima (Towsen Police Department) para informar
del suceso. Ambas tenían el rostro enrojecido y fueron examinadas
en el Hospital Saint Joseph, de Baltimore.
Las condiciones del tiempo en el momento del avistamiento excluían
la posibilidad de un rayo globular, y no hubo ningún informe
visual de un meteorito o de un bólido. La Fuerza Aérea
Norteamericana considera el caso como “no identificado”,
vale decir, sin explicación convencional.
(Fuentes: Hynek, J. The UFO experience, p. 121; Vallée, J. Challenge
to science, p. 191; Story, R. The Encyclopedia of UFOs, p. 211; Olsen,
Th. The reference for outstanding UFO reports, p. 3-61).
Otro episodio de interferencias
EM en vehículos terrestres, ocurrió el 20 de marzo
de 1992, en Haynes City (cerca de Orlando), Florida.
Alrededor de las 03:50 a.m., el policía Luis Delgado controlaba
las puertas de un local comercial. Al doblar por la 30th Street, percibió
una luz verde por su espejo retrovisor. Segundos después, el
interior del auto fue iluminado por un resplandor verde. Un objeto comenzó
a seguir al vehículo policial, moviéndose del costado
derecho hacia el frente del mismo, en varias oportunidades. Delgado
llamó a la Central de Policía a las 3:52 a.m. y solicitó
apoyo, avisando que “algo estaba siguiendo a su vehículo”.
Cuando el objeto se movió al frente del auto por tercera vez,
delgado salió del camino. En ese instante, el motor, las luces
y la radio del patrullero dejaron de funcionar.
El objeto tendría unos 15 pies de largo, con un área central
de 3 pies de altura y estaba suspendido a unos 10 pies del suelo. Proyectó
una luz blancas brillante hacia el interior del auto. Delgado salió
del móvil e intentó llamar a la Central de Policía
con su transmisor portátil, pero éste no funcionó.
El policía advirtió que el aire alrededor de él
se había enfriado hasta el punto que podía ver su aliento
(hecho sorprendente ya que de acuerdo con los registros meteorológicos
en ese momento la temperatura era de unos 60 grados F). Poco después,
el objeto se alejó a fantástica velocidad, en unos 2 o
3 segundos, desplazándose a muy baja altura.
Justo después de que el fenómeno hubo desaparecido, arribó
al lugar otro oficial de policía, quien encontró a Delgado
sentado en su vehículo, con la puerta izquierda abierta y con
un pie en el suelo. Estaba tembloroso, lloraba y no podía hablar.
Eventualmente se recuperó y pudo presentar el informe sobre el
incidente. El auto patrullero funcionó normalmente después
del episodio y Delgado no tuvo ningún problema de salud. La duración
total del encuentro fue de 2 a 3 minutos.
(Fuente: Sturrock, P.A. Physical evidence related to UFO reports. Sección
7. Vehicle interference).
Esta clase de avistamientos
se producen en el mundo entero. Por ejemplo, Ballester Olmos y Fernández
Peris, en su Enciclopedia de los encuentros cercanos con OVNIs, refieren
una docena de episodios con efectos EM en automotores, de la casuística
española. A continuación relataremos algunos de ellos,
con más de un testigo, en forma sintética.
Octubre de 1966
(15:30). Figueras (Gerona), mes y año aproximados
Dos personas circulaban
por la carretera nacional II, en dirección a Figueras. A 1 km
de esa localidad el automóvil se paró repentinamente y
sus luces se apagaron. Al levantar el capot para examinar el motor,
observaron una luz a unos 30 m a su derecha. Se trataba de un objeto
elipsoidal, de unos 15 m de diámetro, de aspecto sólido
y metálico. Despedía una luz no cegadora. Segundos después
ascendió repentinamente a enorme velocidad y se perdió
de vista. Al desaparecer el objeto, las luces de posición del
coche volvieron a encenderse. El motor tuvo que ponerse en marcha mediante
arranque.
2 de noviembre
de 1968 (04:35). Bujalaroz (Zaragoza)
Cinco soldados regresaban
desde Barcelona a Zaragoza, cuando en el interior de la zona de páramos
de Los Monegros, a su izquierda, a menos de 500 m de distancia un enorme
objeto, metálico y de color naranja muy brillante y forma lenticular,
Al acercarse el coche de los testigos, la radio dejó de funcionar,
las luces de los faros disminuyeron de intensidad y los relojes de pulsera
se pararon. Tres minutos después, el objeto que parecía
estar a muy baja altura sobre el suelo, comenzó a elevarse suavemente
y sin ningún ruido; luego aceleró bruscamente y en pocos
segundos se perdió de vista. Al desaparecer el fenómeno,
faros, radio y relojes volvieron a la normalidad. El automóvil
era de motor diesel y se comprobó al día siguiente que
tenía la batería descargada. La observación duró
aproximadamente 5 minutos.
19 de abril de
1974 (22:00). Playa de Valdelagrana, Puerto de Santa María (Cádiz)
Una joven pareja, ambos
empleados administrativos paseaban por la playa cuando observaron un
objeto luminoso a unos 100 de altura y a 300 o 400 m de distancia, que
descendía lentamente detrás de una arboleda. Los testigos,
intrigados, subieron a su automóvil y s acercaron al lugar del
supuesto aterrizaje. Divisaron, a través de los árboles,
un objeto luminosos que se hallaba estático, a unos 5 m del suelo.
Era de color intenso, con destellos vedes y anaranjados que salían
de su parte inferior.
Súbitamente el motor del automóvil se detuvo. Los jóvenes
sintieron temor y procuraron poner en marcha su coche, pero el arranque
no funcionaba. En ese momento el objeto ascendió en vertical,
con un zumbido muy apagado, y de perdió de vista en pocos segundos,
a gran velocidad. Después de algunos intentos fallidos, los testigos
pudieron al fin poner en marcha el motor “aunque sólo al
40% de su rendimiento total”, pues “la batería mostraba
señales de agotamiento”. La observación duró
unos 8 a 10 minutos.
También nuestro país ha aportado numerosos casos con efectos
EM. En todos ellos es dable observar que se reitera el mismo patrón
de comportamiento, con casi idéntica secuencia de fases.
El 10 de mayo de 1964, el industrial riojano Máximo
Dughetti, que posee en La Rioja y una planta
fraccionadora y fábrica de aceite, conducía su camioneta
por la ruta que une Patquía y la capital de la provincia. Junto
a él, viajaban unos de sus hijos y su nieto, ambos de corta edad.
Cuando se hallaban a casi 20 km de la ciudad de La Rioja. El motor de
detuvo de improvisto y sus luces se apagaron. Sorprendido, el conductor
se aprestó a descender para averiguar la causa de la falla, y
n ese instante, desde un bosquecillo situado a unos 40 m
y sobre la margen derecha del camino, surgió un haz luminoso
de color blanco azulado y de intensidad deslumbrante que se proyectó
hacia el automotor. Los niños, despavoridos, comenzaron a llorar,
y el Sr. Dughetti atinó a protegerlos con una manta. Entones,
la luminosidad se extinguió y pudo distinguirse la figura de
un objeto circular que se elevaba lentamente con suave ronroneo. En
su parte superior se observaba una cúpula hemisférica,
y de su parte central inferior se desprendían luces rojizas que
cambiaban al violáceo. El objeto cruzó diagonalmente la
ruta, a no más de 10 m del suelo y a unos 20 m de la camioneta.
Ascendió luego de modo gradual hasta perderse de vista hacia
el oeste, en dirección a la sierra de Mogote Colorado.
Una vez que se hubo alejado el extraño objeto, el motor del vehículo
pudo funcionar sin dificultad.
La investigación policial, practicada a la mañana siguiente,
descubrió que en un claro del bosquecillo indicado por el testigo
la vegetación aparecía ennegrecida y como quemada en una
superficie que tenía la forma exacta de un círculo de
10 m de diámetro.
(Fuente: Azcuy, E. Ovnis en la Argentina, en Planeta, nº 5, mayo-junio
1965, p. 150).
Otro episodio muy similar
fue el protagonizado en la madrugada del 29 de julio de 1968,
por el señor Néstor Norberto Notario
–conocido periodista radial- que viajaba en dirección a
Mar del Plata, por la ruta nº 2. En su mismo coche
trasladaba a su esposa Lydia Beatriz Rodríguez de Notario,
cirujana dental, a una prima de ellas, señorita Marta Rodríguez
y a un amigo común, el señor Rubén Papagni,
reputado comerciante de la zona.
Poco después de “La Atalaya” observaron
algo semejante a una gran estrella que irradiaba destellos que variaban
del rojo al azul y de éste al blanco. Estaba animada de un desplazamiento
errático, corriéndose de izquierda a derecha y viceversa.
Minutos después lo perdieron de vista. Pero al llegar al km 273
o 274, súbitamente, por el oeste, apareció un enorme elemento
que Notario describió como “una palangana dada vuelta”
y cuya dimensión aproximada podría compararse con la de
un vagón de ferrocarril. En su parte inferior, el fenómeno
presentaba una luminosidad semejante al hierro fundido al blanco “como
el arco de una soldadura eléctrica”. A intervalos
cobraba otras tonalidades, pero siempre semejante a un material en ignición.
Su velocidad de traslación era de unos 60 a 70 km por hora.
Cuando el cuerpo luminoso cruzó la ruta, lo hizo a reducida altura,
quizás no más de 500 m. En ese instante se interrumpieron
los contactos eléctricos del vehículo y se apagaron motor
y luces. El resplandor que despedía el artefacto era de tal intensidad
que “parecía haberse hecho de día”.
El fenómeno prosiguió suavemente su vuelo, sin producir
ruido alguno, y lego de aproximadamente dos minutos se posó bruscamente
en el suelo. Cuando el OVNI superó la ruta en 200 0 250 m, las
luces del coche reencendieron sin que mediara acción alguna de
sus ocupantes. El objeto permaneció detenido durante un tiempo
considerable, a punto tal que los conductores de unos diez automóviles
alcanzaron a detener su marcha para observar el espectáculo.
Luego de 45 minutos, el matrimonio Notario se retiró del lugar,
mientras que el extraño elemento permaneció otros minutos.
(Fuente: Galíndez, Oscar A. Los OVNIs ante la ciencia, p. 68,
citando La Capital, Mar del Plata, 30-7-68).
Mucho más reciente
es el caso Chaján,
sucedido el 21 de julio de 2002, en la provincia de Córdoba y
que tuvo por protagonista a un miembro de la policía provincial.
De acuerdo al informe difundido por el grupo investigador C.O.R., en
la fecha mencionada el sargento Guillermo Arias (44
años, casado, tres hijos), que presta servicios en la dependencia
de la Policía de Chaján, pequeña localidad de 400
habitantes ubicada sobre la ruta nacional nº 8, a unos 60 km al
SE de Río Cuarto, efectuaba un patrullaje de
rutina en una zona rural. Aproximadamente a las 23:00, Arias escuchó
en su radio que policías de la localidad de Achiras informaban
la observación de luces en sectores de aquella ciudad y que parecían
estar tomando rumbo hacia Chaján.
El sargento Arias, al volante de su camioneta logró entonces
divisar una formación de siete luces a la distancia y decidió
avanzar unos 10 km por un camino vecinal de tierra. De pronto, el motor
del patrullero se detuvo de manera súbita y con el envión
fue a dar contra un bordo de la banquina. Simultáneamente las
luces del tablero del vehículo comenzaron a prenderse y apagarse
en forma desordenada, la radio mostraba en su dial el paso discontinuo
de las frecuencias, en tanto que el interior de la cabina se invadía
de un olor acre, como de cables quemados.
Atemorizado, Arias, saltó de la camioneta y retrocedió
unos metros por el camino, y en su huída perdió su teléfono
celular. De repente, en un campo vecino al camino se encendió
una luz inmensa de un objeto triangular (era como un a escuadra puesta
de costado, con las puntas bien redondas) que se elevaba lentamente.
Parecía –según describió el testigo- una
verdadera “ciudad flotante”, de unos 200 m de largo, con
una hilera de “ventanillas” con luces que iban desde el
violeta al amarillo, pero muy opacas. Detrás de las cuales Arias
creyó observar algo que se movía. Describió esos
movimientos como televisores que hacen rayas y de sombras a las que
definió como “no humanas” (o como “las copas
de los árboles cuando el viento las azota). De la parte inferior
del objeto triangular salían muchos rayos luminosos color celeste
en dirección al suelo. El extraño objeto, siempre en completo
silencio, se detuvo sobre el camino –a unos 30 o 35 m de altura
y a no más de 20 m de distancia. Después de unos 15 o
20 segundos el fenómeno luminoso terminó por alejarse
hacia el Oeste, desapareciendo tras unas lomadas de un campo cercano.
Mientras se alejaba, todo el sector quedó iluminado “como
de día” ya que podía observarse nítidamente
campos, alambrados, hacienda, etc.; y esa iluminación duró
unos 20 minutos más.
Ya repuesto, el sargento Arias regresó a su camioneta y de inmediato
dio aviso a otros policías de lo sucedido. Se le informó
de que ya estaba partiendo hacia allí refuerzos en su ayuda.
Desde Achiras, el agente Barrios trataba de mantenerlo calmo por medio
de la radio, al igual que el sargento Medina que fue el primero en intervenir
y el sargento primero Córdoba, suboficiales que acudieron de
inmediato a la zona donde el camarada solicitaba apoyo. En tanto, otro
personal radiaba el suceso a los superiores en la Unidad regional 9,
con asiento en la ciudad de Río Cuarto. Al día siguiente,
la Plana Mayor de la citada unidad policial se hizo presente en Chaján,
donde se dispuso una revisión médica del sargento Arias
y posteriormente una reconstrucción del hecho, para lo cual se
movilizaron hasta el mismo lugar de su ocurrencia.
(Fuentes: Informe del grupo C.O.R, entrevista telefónica de Juan
Pablo Gómez y la investigación in situ practicada por
Paco Martínez, Patricio Parente y Javier Ferraroto publicada
por Carlos Fernández (Policías a la caza de OVNIs en Córdoba)
en GACETA OVNI, dic.2003, Pág. Web.
Un incidente muy notable,
que involucra a varios policías de la localidad de Cachi
(Salta), es el de la Recta Tin
Tin, el 9 de mayo de 2001. Su semejanza
con la experiencia de la familia Serena es evidente pese a hallarse
muy alejados en tiempo y espacio. Constituye un sorprendente ejemplo
de paralelismo ufológico.
La madrugada del 9 de mayo de 2001, la camioneta patrulla
n|°301 partió de la dependencia policial de Cachi minutos
después de las 04:00 AM En su interior se trasladaban
dos oficiales, un suboficial y, al menos, dos civiles menores d edad
(uno del sexo femenino) en calidad de detenidos, que debían ser
trasladados al juzgado de menores de la ciudad de Salta, Al volante
iba el sargento Humberto Flores (40 años), a
su lado, un oficial de mayor rango que no desea ser identificado, y
en el asiento trasero (lado izquierdo) viajaba el oficial ayudante Ramiro
Corimayo (27 años). Las identidades de los detenidos
no fueron dadas a conocer por razones obvias.
Habían recorrido “ Agua de los loros” para iniciar
la llamada “Recta Tin Tin”, una cinta asfáltica que
se extiende por 18 km atravesando el Parque Nacional Los Cardones.
Justamente a poco de cruzar el cartel que incida el inicio de dicho
Parque, el sargento Flores observa hacia el ENE, sobre la cima del cerro
Negro del Tirado, una luz blanca de pequeñas dimensiones,
a esa distancia, un poco más grande que una estrella.
El conductor le informa al oficial ayudante Corimayo y le comenta que
seguramente se trataba del “farol”, una rareza luminosa
tan frecuentemente observada por los habitantes de la región
(similar a la “luz mala”, como la conocen en otras partes
del país). Si bien habían escuchado relatos de boca de
sus propios protagonistas era la primera vez que tenía la oportunidad
de observarla con sus propios ojos.
El oficial Corimayo pidió al sargento Flores que prendiera las
balizas del techo del móvil policial para darse a conocer. Y
ante la sorpresa de todos, esa pequeña ñuz se aproximó
y, “en cuestión de segundos, en un solo pestañar”,
a decir de Corimayo, acortó la distancia ubicándose a
no más de 400 m de la camioneta, al lado izquierdo de la ruta
(NE).
Evidentemente no era, como ellos creían en un primer momento,
el mentado “farol”. Se trataba de un objeto de grandes dimensiones
(“más grande que un camión” para Flores, “como
de 20 m de diámetro”, para Corimayo) con una intensa
luminosidad que le daba una forma más o menos circular y por
momentos ovalada, aunque, a raíz de ésta, no podían
observar el cuerpo (o “estructura”, como ellos mencionan)
que se ocultaba e irradiaba tan potente luminosidad.
La luz principal era blanca, pero a su alrededor tenía luces
colocadas luces muy brillantes. Así lo recuerda el oficial Corimayo:
“Era un objeto inmenso con luces amplias muy muy fuertes y de
todos los colores: violeta, roja, verde...eran así como chispazos
pero espectacular!...”. A ambos le recordaba las esferas luminosas
de las discotecas. “Las luces del objeto siempre estuvieron encendidas.
Era como un árbol de Navidad, intermitente”.
Los policías decidieron disminuir la velocidad para ir contemplando
mejor el fenómeno que había comenzado a acompañarlos,
manteniendo siempre la misma distancia. Ahora la velocidad de la patrulla
no superaba los 20 0 30 km/h. “yo no le sacaba la mirada de encima
porque intentaba ver su forma” –explicó Corimayo
quién dada su ubicación y función en la patrulla
le era posible poner toda su atención en el fenómeno.
A partir de ese momento comenzó un “juego” luminoso.
Corimayo lo explicaba así: “A medida que nosotros poníamos
la luz baja o alta de la camioneta, lo mismo hacía él
(el objeto)” ...”Creo que él actuaba conforme
a lo que nosotros provocábamos porque al encender la luz del
móvil policial, él mismo lo hacía; apagábamos
las luces ya también lo hacía, pero no la luz blanca sino
las de colores de alrededor- O sea, prendíamos las balizas y
ellos también encendían lo que es el contorno de donde
despedían los colores...”. “...era como un juego
que nosotros hacíamos, y respondía en forma simultánea...”.
El ambiente que se respiraba en el interior de la camioneta era de estupor,
inquietud y preocupación. Pues si bien el fenómeno mantenía
una distancia prudencial, al menos hasta ese momento, mostraba un evidente
dominio de la situación. Era un objeto que no correspondía
en absoluto en su forma, velocidad y características luminosas
a una aeronave convencional –incluso no emitía sonido alguno-
y no obstante había demostrado tener un control inteligente.
De vez en cuando, el objeto ascendía unos cuantos metros y volvía
a descender pero siempre continuando la marcha y esas maniobras las
realizaba a una velocidad pasmosa.
Los kilómetros pasaban y el fenómeno continuaba su escolta.
En cierto momento, el sargento Flores, atento al camino, supuso que
si el objeto continuaba con igual trayectoria iban a encontrarse al
finalizar la recta, a la altura del Paraje Guanaquito. No estuvo errado,
porque cuando iniciaron la curva observaron como el OVNI se aproximaba
hasta unos cientos de metros y luego lo vieron descender sobre el camino,
que en ese tramo ya es de tierra., a unos 100 m de distancia, cerrándoles
el paso. Y para sorpresa de todos el motor de la camioneta dejó
de funcionar y todas las luces del móvil se apagaron.
La preocupación inicial del grupo, ahora se había transformado
en miedo. A pesar de todo, el sargento Flores y el oficial Corimayo
descendieron del vehículo para contemplar, sin obstáculos
de por medio, el extraño fenómeno que continuaba despidiendo
su intensa luminosidad blanca y las luces de colores que titilaban intermitentemente
por todo su perímetro “cual si fuera un arco iris”.
Su resplandor abarcaba unos cuantos metros, llegando a iluminar hasta
donde ellos estaban.
Desde esa distancia, y por la forma que irradiaba su luz, no podían
precisar si el objeto estaba asentado en el suelo o cerca de éste.
Lo que sí se apreciaba perfectamente era que su tamaño
superaba, por ambos extremos, el ancho de la ruta. También confirmaron
la ausencia de sonido. Otro detalle que los policías pudieron
percibir fue una leve pulsación en el cuerpo luminoso, como si
latiera, acompañando un permanente cambio de forma de esfera
a elipse y viceversa.
En ese momento, tanto Flores como Corimayo notaron que dificultades
en la vista, sintiendo un ardor en los ojos.
Transcurrido unos cinco minutos de la detención del vehículo,
de repente, el objeto ascendió en diagonal, hacia la derecha
de los testigos, a una velocidad increíble (“a un solo
pestañazo”), deteniéndose en el aire, a unos cientos
de metros.
“Como dejé las luces en contacto, una vez que se retiró
el aparato, las luces se prendieron solas” –aseguró
el sargento Flores-. “En ese momento le digo al oficial Corimayo
de volver a Cachi, el aparato subió, pero se quedó ahí,
sobre los cerros, y el camino se hace difícil en la Cuesta del
Obispo. Teníamos miedo que en la bajada volviera a acercarse”.
Sin embargo, los policías decidieron proseguir y retomaron la
ruta, siempre a baja velocidad y el objeto recomenzó su escolta,
por la derecha, a unos 400 a 600 m. Por momentos se ubicaba al frente,
pero sin descender.
Así transcurrió el resto del viaje hasta que al llegar
a Piedra del Molino el OVNI se ubicó en la vertical de la patrulla;
entonces podían continuar observándolo únicamente
sacando la cabeza por la ventanilla. Conforme descendían la cuesta,
el objeto parecía estar a mayor altura y por ende, se veía
más pequeño. A la altura de Valle Encantado lo perdieron
definitivamente de vista debido a las densa neblina que existía
en ese lugar.
La patrulla continuó el viaje a la ciudad de Salta, pero a la
media hora debieron detenerse porque tanto Flores como Corimayo comenzaron
a sentirse mareados y a tener fuertes dolores de cabeza y nauseas. Estos
síntomas fueron menguando cuando, en una quebrada, se refrescaron
con agua fría y tomaron unas aspirinas y un poco de coca. Al
llegar a la capital los malestares habían desaparecido. Arribaron
al juzgado con poco más de una hora de retraso.
De acuerdo a sus estimaciones, toda la experiencia tuvo una duración
de una hora y media aproximadamente.
(Fuentes: Gómez, Juan Pablo. Caso policías de Cachi. En
GACETA OVNI, pág Web; Martínez, F., Parente, P. y Gómez,
J.P. Recta Tin Tin: policías escoltados por un OVNI. En GACETA
OVNI, pág.Web).
El siguiente informe oficial
de la Gendarmería Argentina describe también posibles
acciones electromagnéticos que interfieren el funcionamiento
de los automotores. Lo reproduciremos textualmente:
CHOS MALAL (N),
19 de julio de 1968
OBJETO: Informar observación
OVNI en 160015 jul 66 en el Pje Los Manucos
AL JEFE DEL ESCUADRON
30 “CHOS MALAL”
Informo al señor
Jefe que el 160015 jul 68 observé un OVNI desde el paraje “Los
Menucos”, en circunstancias que regresaba de “Las Ovejas”
en automotor acompañado del siguiente personal:
Sarg Fot DAVID ACOSTA
Sarg Int HERIBERTO SEGUNDO MUÑOZ
Cabo 1ro IGNACIO CASTILLO
Cabo Mec Mot DIONISIO GARCÍA
Los detalles de la observación los asenté en el Formulario
Nro 03999 de Información Técnica sobre OVNI.
Las percepciones del mencionado personal y las mías difieren
entre sí en lo que respecta a algunos detalles tales como tamaño,
distancia y tiempo, pero coinciden en que se observó un a luz
celeste cristalino de gran tamaño y al parecer próxima.
Que cruzó delante y por encima del vehículo en desplazamiento
muy lento, detenido por un instante y continuando en forma de descenso
vertical, hasta ocultarse tras un accidente del terreno cercano a los
observadores.
Al tiempo que se efectuó
la observación del automotor (jeep 1398) perdió su petencia
en forma considerable y avanzó dificultosamente en 1era velocidad
sobre una pendiente, que normalmente recorre en 2da. Velocidad y desahogadamente.
Esa normalidad fue notada por el conductor y el personal restante.
El lugar denominado Pje
“Los Menucos” se encuentra sobre la ruta provincial
101 tramo Andacollo/Chos Malal, a 5 km al S del Pje “La Primavera”.
Durante el avistaje nevaba y llovía con regular intensidad. Dichas
circunstancias, la desaparición del OVNI, lo abrupto del terreno
circundante y la falta de visibilidad imposibilitaron la búsqueda
en la oportunidad.
Con posterioridad y en
compañía del 2do J Esc y el personal que me acompañaba,
reconocí el lugar en que presumiblemente hubiera podido descender,
sin encontrarse rastros. Asimismo se reconstruyó la observación
del fenómeno determinándose lo siguiente:
a. Duración de
la observación 20/40 segundos aproximadamente.
b. Forma: alargada, achatada de mayor ancho en la parte anterior (considerando
la dirección de desplazamiento).
c. Tamaño aparente: 2mts aproximadamente.
d. Color celeste luminoso sin encandilar, sin aura y sin variaciones.
e. Distancia: inferior a 500 mts considerando que si hubiera sido mayor,
habría estado el OVNI oculto de la observación por una
elevación cercana.
f. Altura angular: 40°/45°.
NESTOR ARTURO PALACIOS
ALFEREZ
También en muchos
encuentros aeronáuticos se han informado presuntos efectos de
índole electromagnética, en coincidencia con la proximidad
de los fenómenos anómalos.
El Dr. Richard Haynes, quien ha investigado extensamente
los episodios que involucra a pilotos aéreos, reunió en
su catálogo más de 3000 de dichos casos, en un período
de 51 años (1944-1995). De ellos 185 eventos (aproximadamente
un 4%) refieren interferencias en los equipos aeronáuticos. El
efecto EM tiene lugar a bordo de la aeronave cuando el fenómeno
se localiza en las cercanías, pero no antes de su aparición
ni después de su alejamiento, cuando el instrumental retorna
a la normalidad.
Los informes sobre tales efectos incluyen a veces interferencias o fallas
completas, aunque temporarias, en el funcionamiento de las comunicaciones
por radio y también, entre otras perturbaciones menos frecuentes,
la reducción en la intensidad de iluminación de las cabinas
de vuelo, fallas en los sistemas de armas en aeronaves militares, desviaciones
en los compases magnéticos.
El 18 de marzo de 1965, un bimotor Convair
240, de la Toa Airlines, con 40 pasajeros a bordo, volaba a
unos 100 km de Osaka sobre el mar interior de Seto. El piloto Yoshiaki
Inada informó a las autoridades que, poco después de sobrevolar
Himeji, un misterioso objeto que brillaba intensamente apareció
junto al avión. Por algún tiempo voló nuevamente
al lado del aparato y así se mantuvo por espacio de 55 millas,
a menos de 100 metros de una de sus alas. Mientras el objeto estuvo
cerca, el buscador automático de dirección se vio afectado
fuertemente. El copiloto Tetsu Imashima trató de comunicarse
por radio con el aeropuerto de Osaka, pero la radio de abordo no funcionó.
Sólo cuando se aproximaron a la ciudad de Matzuyama, en Shikoku,
el OVNI desapareció y pudieron establecerse las comunicaciones.
(Fuente: Edwards, F. Flying saucers, serious business, p. 60).
El 14 de agosto
de 1957, un carguero C-47 de la empresa brasileña Varig
comandado por el capitán Campos Araujo volaba de Porto Alegre
a Río de Janeiro, a 1.700 m de altura y con visibilidad perfecta.
A las 21:00, los cinco tripulantes vieron en el cielo un objeto brillante
que se les aproximaba a gran velocidad. Tenía forma de disco
con un domo aplanado en su parte superior; cuando alcanzó su
menor distancia al aparto, las luces de éste disminuyeron hasta
casi extinguirse y la recepción de radio se interrumpió.
Todo volvió a la normalidad en el instante en que el objeto se
alejó, ocultándose tras una capa de nubes bajas.
(Fuente: op.cit., p. 31).
El caso siguiente responden
al mismo patrón de comportamiento. El 2 de febrero de
1955, un aeroplano comercial de la empresa colombiana Aeroposta,
cumplía su vuelo entre Maiquetía y Mérida. Se hallaba
comandado por el capitán Darío Celis,
quien llevaba como copiloto al capitán B. J. Cortés. Era
un día claro, con visibilidad ilimitada, y el aparato volaba
a 2.200 m de altura, cerca de Barquisimeto.
A las 11:15, tanto Celis como Cortés vieron un extraño
objeto redondo que había aparecido de improviso y se dirigía
raudamente hacia el avión. Tenía un movimiento giratorio
de sentido contrario al de las agujas del reloj. Alrededor de su centro
llevaba una banda roja que emitía destellos de intensa luminosidad;
debajo y arriba de dicha banda había “ventanillas”
iluminadas.
Apresuradamente, el capitán Celis llamó a la estación
de radio de Barquisimeto, pero casi de inmediato de comenzar el informe
la comunicación se interrumpió. Ese corte repentino afectó
por igual al aeropuerto de Valera, desde donde también se estaba
recibiendo el mensaje del piloto.
(Fuente: Keyhoe, D. The flying saucer conspiracy, p. 240).
El 2 de febrero
de 1966, un DC-4 de la Compañía de Aviación
Fawcett, sobrevolaba el océano, cumpliendo el trayecto
de Chiclayo-Lima,. En tal circunstancia sus tripulantes
observaron hacia el oeste un punto luminoso, muy distante, que semejaba
un cuerpo astronómico o un satélite artificial. El fenómeno
luminoso comenzó a acercarse hacia el avión y entonces
pudieron constatar que se trataba de un objeto de conformación
elíptica, con una luz blanca en su parte superior y una azul
den la inferior. Además, parecía despedir una especie
de estela anaranjada. El piloto de la aeronave, capitán Osvaldo
Sanviti, intentó comunicarse con la Torre de Control
del Aeropuerto Internacional de Lima, pero la estática en todas
las frecuencias se lo impidió. Las luces de a bordo se habían
debilitado y la brújula había girado 30 grados fuera de
su situación normal. El OVNI acompañó a la aerolínea
durante 10 minutos, conservando una distancia estimada en varios kilómetros;
luego ascendió y lo escoltó desde arriba otros tantos
minutos, para luego proyectarse hacia el lado izquierdo del avión
y continuó siguiéndolo por un lapso similar. El objeto
desapareció velozmente hacia la Cordillera de los Andes y entonces
los sistemas de radio, iluminación y orientación volvieron
a funcionar con normalidad.
(Fuente: Galindez, A. Los OVNIs ante la ciencia, p. 64).
La presencia de los OVNIs
aparece asociada también con otros efectos electromagnéticos,
tales como perturbaciones en brújulas, compases de navegación,
variómetros y magnetómetros. Como ejemplificaremos con
los casos siguientes, en los cuales puede advertirse, además,
que las interferencias no ocurren necesariamente cuando el objeto anómalo
se halla en proximidad de los testigos, sino, a veces, a mayor distancia.
El 24 de junio
de 1947, en la misma fecha en que Kenneth Arnold inaugurara
la historia contemporánea de los OVNIs con su avistamiento del
Mount Rainier, Fred M. Johnson efectuaba estudios geológicos
en la Cadena Cascada, Oregon, para una compañía minera
de Portland, a unos 1.500 m sobre el nivel del mar. De improviso, apareció
en el cielo con dirección SE un objeto de forma discoidal. Johnson
lo observó con su teodolito durante 45 o 60 segundos. Luego aparecieron
otros 5 o 6 discos de unos 9 m de diámetro, con una especie de
cola, que volaban silenciosamente en formación irregular.
Estarían a unos 300 m del lugar en que se hallaba el testigo.
Mientras los discos estuvieron a la vista (unos 50 segundos aproximadamente),
la aguja de la brújula pareció enloquecer, moviéndose
en todas direcciones del cuadrante como sometida al influjo de un poderoso
campo magnético. Dicho efecto cesó inmediatamente cuando
los objetos se alejaron.
(Fuentes: Uriondo, O.A. El problema científico de los OVNI, p.
115; Olsen, Thomas M. The reference for outstanding UFO sighting reports,
p. 3-2).
El 12 de marzo
de 1957, el vuelo 94 de la United Airlines
viajaba desde San Francisco a Boston. Eran las 21:05
EST, y se hallaba entre Buffalo y Albany, N.Y. con cielo claro, excepto
un parcial nublado hasta 20 millas al frente. La aeronave, un DC-10
volaba con piloto automático a una altitud de 37.000 pies, con
una velocidad de 539 nudos.
Cuando el avión se hallaba al sur de Syracuse, N.Y, de repente,
comenzó a girar hacia la izquierda, haciendo una inclinación
de 15 grados. En poso segundos, el primer oficial y el capitán
miraron al costado izquierdo de su aeronave y percibieron una luz blanca,
muy brillante, a su misma altura. A continuación, el ingeniero
de vuelo también miró y percibió la fuente luminosa,
Parecía ser perfectamente redonda y su diámetro era de
unos 3 grados de arco. Sin embargo, el capitán estimó
que el objeto se hallaba a unas 1.000 yardas de distancia y tendría
un tamaño de 10 pies, que corresponde a una dimensión
angular de 2 grados de arco.
El capitán notó que los tres compases en la cabina (que
usa sensores en distintas partes del avión) estaban mostrando
diferentes lecturas. En ese instante, el copiloto apagó el piloto
automático y tomó el control manual de la aeronave.
Haines calculó la distancia aproximada del objeto en unas 10
millas náuticas. Pareció acompañar al avión
por 4 o 5 minutos, luego de los cuales se alejó muy rápidamente,
desapareciendo en unos 15 segundos detrás de la aerolínea
y hacia el oeste. El capitán preguntó a la torre de control
en tierra si ellos tenían algún tráfico en el radar
y recibió una respuesta negativa.
El capitán consideró varias explicaciones para el mal
funcionamiento de los tres compases y aceptó como la más
probable que un transitorio campo magnético podría haber
perturbado los dos compasases magnéticos primarios. El sensor
ubicado en el ala más próxima al objeto habría
sido más afectado que el sensor de la otra ala, Luego de aterrizar,
los compases fueron revisados y se encontró que se hallaban en
condiciones operativas normales.
(Fuente: Sturrock, P. Physical evidence related to UFO reports, sección
8: Interference with aircraft equipment).
La noche del 12
de noviembre de 1963, el transporte de la Armada Argentina
“Punta Médanos” navegaba en ese momento en aguas
del Atlántico Sur, a la altura de Golfo Nuevo. De pronto, un
objeto aéreo, redondo, de velocidad uniforme, sin luces, siguió
al navío a unos 2 km de su popa. Aunque su tránsito fue
muy breve, las agujas de los compases de abordo saltaron bruscamente
fuera de curso (en 25 grados a una banda) y recién se pusieron
nuevamente a rumbo después de 55 minutos de oscilaciones amortiguadas.
La investigación subsiguiente consideró todas las posibles
causas habituales para el sorprendente fenómeno. Pero al fin
se debió desecharlas y admitir que la alteración sólo
podría haber sido provocada por la presencia del OVNI.
(Fuente: Galíndez, A. Los OVNIs ante la ciencia, p. 68).
El 3 de julio
de 1965, a las 17:03, cuando era ya noche en esa latitud, Los
meteorólogos José Mazzucchelli y Eduardo
Jarrik avistaron un objeto redondo, de color blanco azulado,
que se desplazaba en el cielo de Este a Oeste. Su tamaño era
mayor que el de una estrella de primera magnitud, y fue observado por
el término de 15 segundos. En el momento de su paso, los variómetros
señalaron una visible perturbación. El avistamiento fue
ratificado por el jefe de la base, teniente de fragata Miguel
Sosa,
(Fuente: op. cit., pág. 78).
Sobre San Carlos
de Bariloche, la noche del 31 de julio de 1995
(circa. 20:45), el Boeing 727-200 de Aerolíneas Argentinas, vuelo
ARG-674, se disponía a aterrizar en la pista del aeropuerto internacional
de esa ciudad. En dichas circunstancias las luces de la aeroestación
se apagaron repentinamente. La aeronave descendía acompañaba
a babor, en formación (y a unos 100 m de su ala izquierda), por
una configuración luminosa de colores verde y anaranjado. Coincidentemente,
en la Torre de Control, su operador el sargento Ayudante Alfredo R.
Blanco, advirtió una serie de extrañas alteraciones en
el instrumental. Este es el relato textual del testigo:
“En el pasaje que hizo (20:48) –se refiere al Boeing
727-200- lo que más me extraña es que estos equipos: el
que nos da el QHH, que vendría a ser la presión a nivel
del aeropuerto; el que nos da la intensidad y dirección del viento;
el que nos indica la altura de las bases de las nubes, es decir una
serie de equipos que no trabajan en batería, se apagaron con
la caída del grupo electrógeno de la aeroestación,
pero cuando la aerolínea estaba prácticamente arriba de
la torre, en ascenso, observo extrañado que los equipos vuelven
a prenderse y comienzan a comportarse de manera muy extraña:
el equipo que indicaba la dirección del viento giraba constantemente,
los que indican, en números, la velocidad y altura de las nubes,
subían y bajaban, al igual que el barómetro ¡Y eso
que no funcionan a baterías! Solamente el HT, que utilizo para
hablar con los pilotos, continúa funcionando, pero a batería...y
sigo mirando los demás equipos y veo que ningún otro se
prendió.
Por su parte, el observador meteorológico del aeropuerto Nicolás
E. Araya, mientras controlaba su equipo se vio sorprendido por el descalibre
del barómetro que subía y bajaba en forma continua. Quince
minutos después, todo volvió a la normalidad.
(Fuente: Gómez, J.P. y Uriondo, O.A.. Informe sobre el caso Bariloche,
v. Parte Terceraa de este trabajo).
Finalmente, rescatamos
un curioso episodio en el cual la proximidad de un objeto anómalo
tuvo por consecuencia la magnetización de implementos metálicos.
La tarde del 14 de abril de 1957, a las 15:00, las
señoras Marie Garcin y Julia Rami, paseaban por la ruta departamental
24, cuando un atronador ruido metálico las hizo darse vuelta.
A un centenar de metros de donde se hallaban, descendió sobre
la misma ruta una pequeña “máquina” de color
metal mate, en forma de cono con la punta dirigida hacia abajo. Parecía
un trompo gigante, de un metro y medio de altura y casi un metro de
diámetro máximo, con la cúspide convexa. De las
paredes del cono, perpendicularmente a él, salían plúmulas
de aspecto metálico, multicolores y paralelas entre sí,
que se agitaban con rápidos movimientos vibratorios. El objeto
sobrevolaba lentamente, a 2 o 3 m del suelo, el cruce de la departamental
24 con el camino de Vins sur Caramy, Francia. El alboroto provenía
de uno de los dos tableros indicadores del cruce que vibraba intensamente,
como si hubiese una concordancia entre el movimiento de las plúmulas
y el tablero.
Aterrorizadas, las dos mujeres gritaron. A unos 300 m de allí,
sobre una colina próxima, otro testigo, el señor Jules
Boglio, escuchando los gritos de las testigos y el ruido del indicador,
acudió presuroso creyendo que se trataba de un accidente de tránsito.
También divisó la “máquina”, a la cual
describió en términos idénticos. En ese instante
el objeto dio un repentino salto por encima de la carretera y realizó
un ligero viraje hacia el Este, desplazándose a 5 o 10 m de altura.
Al sobrevolar el segundo tablero indicador, éste comenzó
a vibrar y oscilar, produciendo una fuerte resonancia metálica.
Luego el objeto cónico volvió a posarse a 200 m del primer
lugar del cuasi-aterrizaje, en un camino de tierra apisonada; se detuvo
algunos segundos, se elevó otra vez y, al fin, aceleró
dirigiéndose hacia el sudeste a velocidad moderada. Todas sus
evoluciones fueron cumplidas en silencio y en ningún momento
el objeto en sí produjo ruido. La duración total del avistamiento
fue de un minuto.
La investigación posterior efectuada por la policía local
y el Sr. Jimmy Guieu de la comisión Ouranos comprobó que
los tableros indicadores sobre los que había volado la “máquina”
estaban imantados y que la aguja de la brújula experimentaba
una desviación de 15 grados, a 5 cm de distancia, mientras que,
en las mismas condiciones, un tercer tablero, más alejado, no
producía ninguna desviación. Colocando la brújula
cerca del automóvil en el cual los investigadores habían
llegado, mostró una desviación de sólo 4 grados.
(Fuente: Uriondo, O.A. El problema científico de los OVNI, p.118;
Hynek, J.A. The UFO experience, p. 134; Michel, A. Los misteriosos platillos
volantes, p. 301).
Conclusiones generales
sobre el efecto EM
Como ya habíamos
subrayado en páginas anteriores, no en todos los casos de Encuentros
Cercanos se producen efectos electromagnéticos. Esta situación
es importante pues parecería indicar que el llamado efecto EM
–con sus variedades- no es necesariamente consecuencia colateral
a la presencia del OVNI (por ejemplo, a un eventual sistema de propulsión)
y sugiere que en algunos incidentes asociados a tales efectos se manifiesta
una acción deliberada y selectiva por parte del fenómeno
anómalo. Estaríamos, pues, en esos casos ante un comportamiento
intencional, aunque por ahora tal inferencia es sólo especulativa.
No son muchos los trabajos de investigación técnica publicados
sobre los eventuales mecanismos causales de las interferencias electromagnéticas.
Podemos mencionar a James McCambell (Ufology, 1973; UFO interference
with automobile electrical system, 1976); Mark, Rodeghier (UFO reports
involving vehicle interference, 1981); Donald A. Johnson (The effects
of position and distance in UFO ignition-interference cases, 1981),
y Geoffrey Fallas (BUFORA Vehicle interference Proyect report), que
evalúan diversas hipótesis al respecto.
En general, estos autores opinan que la presencia de un intenso campo
magnético no es la única respuesta para los efectos EM,
como se suponía al comienzo. Experimentos realizados en 1967,
por la Ford Motor Company, trabajando para la Universidad de Colorado,
concluyeron que un campo magnético lo suficientemente fuerte
como para provocar la detención del motor de un vehículo,
también afectaría el normal registro magnético
del coche en forma permanente y en consecuencia podría ser verificado,
lo cual no sucede en la gran mayoría de los casos. Estas conclusiones
han sido puestas en duda, por experiencias posteriores como las practicadas
por F.C. Gillespie, en EE.UU y por Watts, en Inglaterra. Por su parte
el científico norteamericano James M. McCambell sugiere que tales
efectos podrían estar relacionados con la existencia de un campo
electromagnético fluctuante, que sin alterar la condición
magnética del automotor, interferiría el funcionamiento
de faros, radios y motores mediante una radiación electromagnética
de alta frecuencia emitida por el OVNI.
También los analistas coinciden en señalar que la faceta
más inexplicable y sorprendente es la normalización espontánea,
sin asistencia del conductor, de los sistemas eléctricos interferidos
(en opinión de muchos mecánicos de automóviles
este tipo de comportamiento es “imposible”). Dichos casos,
aunque muy infrecuentes (alrededor del 5% del total de eventos EM),
existen en un porcentaje significativo. El “auto-arranque”
del vehículo ocurre sólo en conjunción con el alejamiento
del OVNI, ya sea simultáneamente o rato después (segundos
o hasta pocos minutos como máximo), aun cuando los esfuerzos
del motorista por ponerlo en marcha hayan sido inútiles, mientras
el objeto estuvo próximo.
Ante las dificultades
de hallar una causa única para todos los eventos EM, muchos investigadores
del fenómeno OVNI últimamente han sospechado que esta
subclase de manifestaciones es generada en realidad por mecanismos sustancialmente
distintos. Y quizás actúen incluso influencias físicas
desconocidas hasta ahora para la ciencia actual.
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