En la comunidad autónoma de Aragón (España) existe el vocablo popular de ‘Lucero’ para referirse a una luz con apariencia de estrella, pero también es empleada para denominar a ciertas luces populares que antaño, según decían nuestros mayores, acompañaban a los caminantes por parajes solitarios y se les atribuía un origen mágico.
En la actualidad, esta palabra sigue en pleno uso y, sobretodo, se utiliza para denominar a cualquier luz extraña.
Desde que me dedico a la investigación de los fenómenos ufológicos me he encontrado con la sorpresa de que casi todos los casos que he recopilado en el entorno de la ribera alta del río Jalón, situada al Noroeste de la provincia de Zaragoza, en un noventa por ciento coinciden en que la forma es parecida y simplemente el tamaño y el color es lo que difiere entre los diferentes casos.
El fenómeno se muestra casi siempre con forma de bola, de ahí que la palabra ‘lucero’ es la que más utilizan los testigos para referirse a lo que han visto. En este sentido, se me antoja bastante curioso que, en esta zona el fenómeno, por la causa que sea, se muestra en forma de bola o bien adopta esta forma –presente en la tradición popular- para manifestarse. Considero que esta es una de las claves que nos ayudaría a conocer mejor la naturaleza del fenómeno.
Como ejemplo, describiré brevemente tres casos que representan las características del fenómeno, que mantiene la forma como patrón común.
Uno de los casos le ocurrió a Miguel Ángel S.P., junto con sus padres, naturales de un pueblecito llamado Plasencia del Jalón, situado a unos 40 kilómetros al Noroeste de la ciudad de Zaragoza. Como en tantas otras ocasiones, se dirigían un día a una de sus fincas por un camino agrícola paralelo al río Jalón. Era verano y sobre las siete de la mañana, cuando en un punto del recorrido se percataron que junto a una de las lomas se encontraba posado un “lucero colorao”. Según la descripción de los testigos, la luz no molestaba a la vista y, aparentemente, no emitía ruido alguno. La visión les llamó la atención y continuaron viéndola mientras caminaban. Cinco minutos después comprobaron que, desde detrás de la primera luz, apareció otra igual que se puso a la par de la otra. La aparición de la segunda luminaria les intranquilizó bastante y agilizaron el paso para llegar cuanto antes a sus fincas. Según me relató la madre, llegó a sentir miedo y pensó en refugiarse en una caseta de campo que tenían en una de las fincas.
Las dos bolas luminosas seguían encima de la loma, según ellos como ‘mirándolos’. Miguel Ángel y su familia continuaron andando sin perder de vista el fenómeno hasta que de pronto, sin emitir ningún sonido, salieron a gran velocidad, cada una hacia un lado, para perderse de vista en segundos.
El lucero desde el coche
Otro de los casos que muestran la forma y la actitud del lucero le ocurrió a José M.L., trabajador de una gran empresa del sector del automóvil, afincado en la localidad de Peñaflor, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Zaragoza.
José se encontraba en su vehículo y regresaba a su domicilio, después de una jornada laboral, por la carretera que une el pueblo de Montañana con el suyo. Pasadas las 22.30 horas, y habiendo dejado atrás el monasterio de La Cartuja del aula Dei, el testigo se percató de que al lado de la carretera, un poco ladeado a la derecha, se encontraba suspendido en el aire, no a mucha altura, el “lucero”. Era de gran tamaño y aparentemente se encontraba en la vertical de la ermita dedicada a San Cristóbal, en Peñaflor..
El fenómeno tenía tonalidades azules y verdosas, aunque no muy intensas. El testigo compara el tamaño con el de una pelota de balonmano, que le parece muy grande. La visión duró todo el trayecto, unos cinco minutos más. Cuando llegó a su domicilio, quiso observarlo mejor.
Sin comentar nada a su familia, subió a la habitación más alta de su casa para poder verlo mejor. Una vez allí abrió una ventana que daba a la ermita y que distaba unos dos kilómetros de su casa. El fenómeno seguía allí y lo observó dos o tres minutos más. Cuando decidió avisar a su familia para que lo vieran, el fenómeno comenzó a desplazarse muy despacio a su derecha. Así se mantuvo durante unos quince segundos más, hasta que de repente salió a gran velocidad en dirección a Zaragoza.
Al encuentro de los cazadores
El tercer caso que quiero ponerles como ejemplo le ocurrió a Raúl N.L. y a su padre en una madrugada de invierno, cuando ambos se dirigían a una zona de concentración de cazadores a unos seis kilómetros de Calatayud, población situada a unos 60 kilómetros al Oeste de la ciudad de Zaragoza.
Cuando se encontraban a media distancia, de repente se les coloca a ambos lados del coche, un Opel Kadett, dos bolas balncas, que se encontraban a no más de un metro de distancia del vehículo. Ambas luminarias tenían el tamaño de un balón de playa. Según el testimonio del padre, “como no hacíamos caso a los luceros, comenzaron a bailar en torno al coche”. Seguidamente, el fenómeno comenzó a evolucionar alrededor del vehículo haciendo piruetas imposibles.
Cuando se encontraban en la zona de concentración, el fenómeno cesó. Los “luceros” marcharon a gran velocidad y desaparecieron de la vista de los testigos en cuestión de segundos.
Son algunos ejemplos de los muchos que he podido recoger, donde el denominador común es la forma y las diferencias sólo se reflejan en el tamaño y el color.