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ANALISIS GENERAL DEL CASO BARILOCHE
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Juan Pablo Gómez
y Oscar A. Uriondo, Autores de esta investigación
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El Comandante Jorge
Polanco en la cabina del Boeing-727
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carta de vuelo
N° 1 para aterrizar en
Bariloche con el croquis que dibujó el Comandante Cipuzak
reproduciendo los
movimientos de los aviones y los fénomenos
Para verla a tamaño completo,
Pulsa aquí
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.
"Hay
hasta el presente, por lo menos 24 observadores distribuidos
en 4 agrupamientos independientes, separados entre sí,
y desde 4 lugares diferentes y
3 planos de altitud."
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Pista del Aeropuerto
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"El
prolongado tiempo de observación, la buena visibilidad,
sumadas a la innegable capacidad de los pilotos para identificar
objetos en vuelo, confieren validez a estos cálculos
de distancia y permiten definir el caso como un verdadero
"encuentro cercano" en medio aéreo."
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"La
luz pasó como que iba al encuentro de la aerolínea,
ligeramente a un costado."
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A
continuación se transcribe el Informe que el Comandante
Jorge Polanco elaboró y dejó en la Jefatura
del Aeropuerto:
DE : CDTE. JORGE
POLANCO
A : JEFATURA
DEL AEROPUERTO
TEMA: AVISTAMIENTO
DE OBJETO NO IDENTIFICADO EN BAR.
Habiendo iniciado
alejamiento en PROCE N° 1 y en descenso hacia 6400
ft. observamos en trayectoria opuesta el acercamiento
de luces con fuerte intensidad, a requerimiento nuestro se
notifica y la torre confirma que no se trata de ninguna aeronave
identificada. Al efectuar el viraje de procedimiento, dicho
objeto se aproxima desde el sur quedando a nuestra derecha
y acercándose en forma continua, verificando luces
verdes en sus extremos y una fuerte luz naranja en
el centro de las luces. Próximos a los 5500
ft. y con el objeto a nuestro lado se produce el corte
de todas las radio ayudas del aeropuerto en el preciso instante
en que dicho objeto se aleja bruscamente en dirección
sudeste a velocidad imposible de determinar. Procedemos al
escape para 10.000 ft. para posterior procedimiento
sin novedad.
Nota: La torre
informa que todos sus instrumentos se descontrolaron durante
el corte de energía. Nota: Avión de gendarmería
confirma haber avistado el objeto. Dicho avión estaba
por encima de nuestro avión.
JORGE NESTOR
POLANCO . CDTE.
CARLOS DORTONA . PILOTO
JORGE ALLENDE . ING. DE VUELO
674902 - 4912471 - 7018
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A. Blanco
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NOTA (*)
El vocablo "objeto", para designar ciertas manifestaciones
OVNI, predominantemente lumínicas, ha sido, con frecuencia,
cuestionado. Sin embargo, ateniéndonos a su raíz
etimológica, el término significa "lo que
se echa delante" , y también " lo que se
presenta u ofrece a los ojos". En consecuencia, no implica
necesariamente la característica de solidez y, en tal
sentido, una configuración de luces -como las que refieren
los testimonios- puede calificarse, sin incorrecciones semánticas,
como un auténtico objeto.
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Investigación
realizada por Juan Pablo Gómez y Oscar Adolfo Uriondo
I La Evaluación
de Confiabilidad
La confiabilidad
otorgable a un determinado testimonio
sobre OVNIs puede definirse, de acuerdo con el analista estadounidense
Thomas M. Olsen, como el valor de probabilidad de que dicho informe
refiera, de modo preciso, la percepción de un hecho real y no
responda a una acción fraudulenta o a un fenómeno alucinatorio.
Por supuesto que la confiabilidad de un caso depende esencialmente de
la credibilidad que se asigne a los testigos del mismo, en virtud de
sus aptitudes y cualidades (tales como profesión, conocimientos
científico-técnicos, nivel cultural, objetividad narrativa,
amén de otras circunstancias personales); también, claro
está, de su número, sitios de observación, visibilidad,
lapsos de visualización, etc.
Pero, igualmente, la labor y actitud de los investigadores posee muy
alta relevancia, cuando se trata de evaluar la confiabilidad de un informe.
Es fundamental que los detalles aportados de un caso hayan sido documentados
correctamente y con la mayor exactitud posible, y que los mismos, confrontados
y correlacionados con fenómenos conocidos (naturales o resultantes
de la tecnología humana), no encuentren explicación razonable
en diochos términos.
Concerniente al episodio de Bariloche, examinaremos dos factores de
importancia para la estimación aproximada de su nivel de confiabilidad,
dentro del contexto de los datos hasta ahora disponibles. Son ellos:
la calificación de los testigos, por un lado; y por otro, el
rigor con que se cumplimentó la tarea de investigación.
Factor 1: Credibilidad
de los testigos.
En las observaciones del 31 de julio de 1995, se da una notable
conjunción de testigos cuya idoneidad profesional implica amplios
conocimientos adecuados para la segura identificación de cualquier
fenómeno convencional que se mueva en el espacio aéreo.
Ese grado de competencia técnica es absolutamente necesaria para
la seguridad de vuelo, ante la eventual interferencia de algún
tránsito imprevisto. El conjunto de personas a que hicimos referencia
incluye a pilotos comerciales y militares, operadores de torres
de control y meteorólogos del aeropuerto.
La supuesta incompetencia relativa a los aviadores, en comparación
con la de otros profesionales -v.g. astrónomos- para reconocer
fenómenos aéreos ortodoxos y naturales, a los que se refiere
el Dr. Hynek sobre datos proporcionados por el Project Blue Book
Special Report nº 14, nos merece las siguientes reflexiones críticas:
a) las pretendidas "ïdentificaciones" del Project Blue
Book son reconocidamente tendenciosas, en sentido negativo, y más
aún cuando se trata de casos que involucran como testigos a pilotos
aéreos civiles y comerciales; b) las confusiones atribuidas a
los pilotos conciernen preferentemente a observaciones astronómicas,
como bien lo subraya el propio Hynek. Por consiguiente, dichos juicios
no son válidos para avistamientos ocurridos en el espacio aeronáutico,
sustentados en muchas ocasiones por excelentes condiciones de visibilidad,
distancia y duración.
A nuestro entender, la opinión sostenida en el clásico
The UFO Reference (R. Hall, NICAP, 1964), conserva plena vigencia:
"Los pilotos de aerolíneas y los militares -expresa-
están entre los más experimentados observadores del cielo.
Su profesión requiere que ellos permanezcan cientos de hora por
año en el aire, pocas profesiones exigen un conocimiento práctico
del tiempo meteorológico, de otras aeronaves y de actividades
inusuales, tales com pruebas de misiles".
Todos los aviadores implicados en el caso Bariloche poseen vasta experiencia
técnico-profesional que otorga a sus relatos un elevado nivel
de credibilidad. Así, por ejemplo, el comandante Jorge Polanco
lleva 25 años de vuelo, con 10.000 horas en aviones comerciales;
es comandante de Aerolíneas Argentinas desde 1983. Los otros
tripulantes del Boeing 727-200, el copiloto, primer oficial Daniel
Dortona (17 años en la empresa y 9.000 horas de vuelo); el
ingeniero de vuelo Jorge Allende (15 años de vuelo) y
el primer oficial Roberto Luis Benavente, con sólida competencia
en materia aeronáutica. Y lo propio sucede con los pilotos del
GN-705, de la Gendarmería Nacional, comandante principal
Rubén A. Cipuzak (20 años de vuelo) y comandante
Juan Domingo Gaitán (15 años de vuelo). En cuanto
al personal técnico del aeropuerto, su experiencia es indudable:
el suboficial principal Daniel García tiene 23 años
de antigüedad en su profesión; el suboficial ayudante Alfredo
Blanco, 6 años; y el operador meteorológico Nicolás
Araya, y también 6 años.
Prima facie, el caso Bariloche parecería constituir un típico
avistamiento con testigos múltiples. En efecto, hay hasta el
presente, por lo menos 24 observadores distribuidos en 4 agrupamientos
independientes, separados entre sí, y desde 4 lugares diferentes
y 3 planos de altitud.
Casi todos los testigos incluidos en el incidente han podido ser identificados
con nombre y apellido. Además, la vinculación existente
entre ellos, en la mayoría de los casos es de índole estrictamente
laboral, siendo la excepción más notoria el matrimonio
Cabral. Por añadidura, muchos de los protagonistas no se
conocían entre sí, con anterioridad a la ocurrencia de
los hechos.
Agreguemos que durante las observaciones, tanto los operadores del aeropuerto,
como los aeronavegantes, no descuidaron en ningún momento sus
respectivas obligaciones profesionales. Además, inmediatamente
luego de los sucesos, sus actores prosiguieron con sus labores de rutina:
el GN-705 procedió a la evacuación sanitaria de emergencia
para la que había sido enviado, sin dar mayor importancia ulterior
al incidente. Recién al día siguiente, al sintonizar un
canal de televisión conocieron un reportaje al comandante Polanco.
Este aviador, por su parte, una vez elaborado el informe escrito, de
carácter interno, solicitado por el jefe de turno del aeropuerto,
prosiguió con su rutina de vuelo de regreso a la Capital Federal.
Una filtración informativa permitió a los medios de Bariloche
tomar conocimiento del antedicho documento oficial y, a la mañana
siguiente, muy temprano, Polanco comenzó a recibir llamadas telefónicas
requiriéndole confirmación y detalles del avistamiento.
Factor 2: Calidad de
la investigación.
Este factor posibilita valorar la probabilidad de que los encuestadores
hayan registrado documentalmente, de la manera más correcta,
objetiva e imparcial posible, un avistamiento reportado que no admite
solución en términos convencionales.
La investigación que sustenta el presente informe incluye, como
núcleo principal, una suma de fuentes de primera mano, encuestas
directas, realizadas independientemente (muchas de ellas in situ) mediante
entrevistas prolongadas con la mayoría de los testigos identificados.
Dichas encuestas fueron reiteradas, después de un lapso superior
al año, con el objeto de confrontar las narraciones de los mismos
testigos y de sumar nuevos datos. Todas ellas estuvieron respaldadas
por grabaciones y fotografías para una pormenorizada revisión
y ulterior documentación. A fin de recabar información
complementaria que coadyuvara al esclarecimiento de ciertos aspectos
confusos del caso, se efectuaron además llamadas telefónicas
a diversos declarantes.
Otros documentos de primera mano a los que se tuvo acceso fueron
la transcripción de la cinta magnetofónica del grabador
de la Torre, con las conversaciones entre la torre de control Bariloche
y los vuelos AR-674 y GN-705, el informe escrito presentado
por el comandante Polanco, rubricado por los otros tripulantes de la
aerolínea, señores Dortona y Allende; los informes del
suboficial principal Daniel García, del suboficial ayudante Alfredo
Blanco y del operador meteorológico Nicolás Araya; y las
cartas aeronáuticas con las trayectorias de los aeromóviles,
la noche del 31 de julio de 1995.
Completando esta fase investigativa de primer nivel, se recurrió
también a otras fuentes secundarias indirectas, tales como cassettes
con numerosas entrevistas televisivas y radiofónicas.
Sobre la base de todos estos elementos de juicio así reunidos,
finalmente se buscó correlacionar esa documentación con
categorías de fenómenos conocidos, tanto naturales como
artificiales.
Condiciones complementarias de las observaciones.
Situación meteorológica:
A pesar de la nocturnidad de los avistamientos, las circunstancias del
tiempo atmosférico eran favorables: en ese momento no
había perturbaciones de importancia, como lluvia, nieve, granizo
o fuertes vientos, que dificultaran la visión. El cielo estaba
despejado, con una delgada capa de estratos dispersos con dos octas
(dos octavas partes del cielo), a unos 30º`de altura sobre el horizonte
Oeste; la nubosidad aparecía recostada, como es habitual en esa
región, hacia las montañas. La luna se hallaba
en creciente (fase 0,18) y, por tanto, con poca luminosidad,
de modo que la noche, extremadamente oscura, permitía una clara
percepción de las fuentes de luz. En consecuencia, puede inferirse
que las condiciones de visibilidad existentes en el lapso de las observaciones
fueron positivas.
Tiempos de visualización.
1. El parámetro duración en el vuelo formado del
AR-674 con el OVNI, fue calculado por los pilotos en aproximadamente
3 ó 4 minutos, desde las 12 millas DME, hasta el instante en
que ocurre el apagón del sistema eléctrico autónomo
del aeropuerto.
2. A partir del momento en que la aerolínea divisa el
tránsito desconocido -el avión estaba a unas 2 ó
3 millas de la vertical del aeropuerto- hasta que se inicia el viraje
de procedimiento, a unas 13 millas DME, tiene siempre la "luz"
a la vista y a su frente, ligeramente a la izquierda de su proa, "a
las 11". Vale decir, en su trayectoria por el radial 120, el Boeing
727 mantuvo una visualización casi constante por otros 4 minutos
aproximadamente.
3. En cuanto al GN-705, de la Gendarmería, sus pilotos
estimaron la duración en 10 a 15 segundos, a partir de que la
luz ámbar los pasa por debajo, realiza sus maniobras y regresa
en sentido convergente, cruzándolos nuevamente bajo su nivel
de vuelo, hasta su alejamiento definitivo con rumbo S.SO.
Distancias estimadas
al fenómeno.
En su máxima cercanía al avión comercial, el OVNI
(según el testimonio del comandante Polanco) se ubica a menos
de 50 m de la cabina de comando -tal vez 100 m, en otra estimación-
a poca distancia de la puntera del ala derecha, tomada como punto de
referencia. El prolongado tiempo de observación, la buena visibilidad,
sumadas a la innegable capacidad de los pilotos para identificar objetos
en vuelo, confieren validez a estos cálculos de distancia y permiten
definir el caso como un verdadero "encuentro cercano" en medio
aéreo.
A su vez el GN-705 alcanza su distancia mínima a la luz en el
instante en que ésta los supera en vuelo, con una diferencia
de altitud entre 1.000 y 1.500 m, por debajo del avión.
Evaluación cuantitativa
de confiabilidad.
Para obtener tal valor numérico se apeló a la formulación
de Olsen implementada en su obra The Reference for Outstanding UFO Reports.
Según el mencionado analista los informes sobre OVNIs se califican,
en cuanto a su fiabilidad, entre un mínimo de 0, y un máximo
de 1; vale decir, similar a la escala de probabilidad. La confiabilidad
absoluta, por supuesto, representada por el valor 1.0, es teóricamente
inalcanzable. (Ver ecuación en recuadro)
Ecuación de confiabilidad
total (Pr).

Donde p = factor de confiabilidad
promedio de los testigos
m = numero de testigos
Pi = factor de confiabilidad de la investigación
n = n-sima mano
del informe
Aplicando los valores
numéricos obtenidos para los sucesos de Bariloche y considerando
en forma separada las observaciones efectuadas desde el ARG-674 y el
GN-705, arribamos a los resultados siguientes:
p = 0.125 (experiencia
extensiva con fenómenos aéreos)
m = 4 y 3 respectivamente
Pi = 0.850 (se ubica entre los llamados niveles intermedios -0.750-
y
elevados -0.999-.
n = en nuestro caso es igual a 1
Por consiguiente, para
el incidente del ARG-674 se alcanza un índice de confiabilidad
igual a 0.8497, y en cuanto al GN-705, el coeficiente es de 0.8483.
Lo cual conforma, en ambos casos un nivel numérico difícil
de subestimar. En cuanto a la observación de Dina Huapi, el valor
Pr desciende a 0.6375, sensiblemente inferior, en razón del menor
número de testigos y de la escasa experiencia de los mismos con
fenómenos aéreos (0.500).
A modo de comparación, acotemos que otro sistema de evaluación,
v.g. el de los españoles Ballester Olmos y Guasp, introduce la
siguiente tabulación:
Hasta 0.4 : credibilidad
baja
Desde 0.5 a 0.6:
credibilidad normal
De 0.7 a 1.0: credibilidad
excelente
Como se advierte, las
observaciones efectuadas por las tripulaciones de las dos aeronaves
tienen muy elevado índice de credibilidad. En cambio,
el avistamiento de Dina Huapi se ubica dentro de lo que se califica
de credibilidad normal.
II ANALISIS CRITICO
DE LAS HIPOTESIS REDUCCIONISTAS
Una etapa fundamental
en la investigación ufológica consiste en la búsqueda
de correlaciones significativas entre los datos compilados en el curso
de la misma, con fenómenos naturales o ingenios tecnológicos
conocidos.
La hipótesis convencionales que puedan formularse sobre la base
de las coincidencias surgidas al cabo de tal estudio comparado, hacen
posible la identificación de lo presuntamente desconocido con
lo ya conocido. Por ello, se trata en realidad de una reducción
y no de una explicación en sentido estricto, que explica lo desconocido
por medio de nuevas conjeturas o hipótesis. De ah la rotulación
que hemos utilizado para nominar este segmento del Informe.
Examinaremos sucesivamente tres clases de interpretaciones reduccionistas:
Hipótesis psicologistas
Son aquellas que no admiten la realidad de un estímulo objetivo
como generador de la experiencia OVNI, vale decir, que no aceptan la
realidad física y específica de un fenómeno anómalo,
aduciendo que tan sólo se trata del resultado de fraudes conscientes
o inconscientes, o de alteraciones cualitativas o cuantitativas de la
percepción humana.
Con referencia a los acontecimientos de San Carlos de Bariloche, al
cabo de una investigación prolija, arribamos a la conclusión
de que cualquier solución psicologista aporte una respuesta lógicamente
satisfactoria, son remotas, sino nulas.
Actitudes fraudulentas
Por de pronto, un eventual fraude o un comportamiento de mendacidad
generalizada queda descartada, a poco que se repare en el elevado número
de testigos independientes comprometidos en el caso, y de que la mayoría
de ellos no se conocían entre sí con anterioridad a los
avistamientos, o bien mantenían vínculos estrictamente
laborales. Agreguemos que las entrevistas personales que se efectuaron
a muchos de ellos permitieron ratificar en detalle las circunstancias
arriba mencionadas y, a la vez, adquirir conocimientos directos y de
primera mano sobre el cual fundar responsablemente nuestros juicios
valorativos acerca de sus cualidades de seriedad y honestidad.
Alteraciones en la
percepción.
Sobre las posibilidades de que, por situaciones particulares, los testigos
sufrieran alguna perturbación de sus capacidades perceptivas
a punto tal que su sano juicio hubiera sido anulado, y llevarlos a confundir
objetos ordinarios con fenómenos extraños y alarmantes,
sólo cabe reiterar lo que ya expresáramos respecto a la
presunción de eventuales fraudes.
Por otra parte, la hipótesis de las confusiones sensoperceptivas
se hace más improbable aún, cuando como en el caso de
Bariloche, hubo una convalidación intersubjetiva de los hechos.
La primera, mientras el ARG-674 volaba en formación con el tránsito
desconocido. Durante 3 ó 4 minutos, de descenso hacia la vertical
del BAR. En esa instancia, fue percibido por la tripulación de
la aerolínea y desde el aeropuerto por el suboficial principal
Daniel García, quien en ese momento se desempeñaba como
jefe de turno (y también por otro testigo en tierra, como el
señor Ezquerra). Acotemos que el mencionado operador divisó,
acompañando el vuelo del Boeing a escasa distancia (20 ó
30 m, según una estimación aproximada) y a babor de la
aerolínea, una luz blanco-azulada muy potente y mucho más
grande que el faro de aterrizaje de cualquier aeronave. No se trataba
del avión de la Gendarmería -como algún escéptico
ha sugerido livianamente- pues en ese instante, cuando el ARG-674 se
hallaba interceptando el ILS y con la pista a la vista, a 5.500 pies
de altura, descendiendo y a menos de 10 millas de la vertical de BAR,
el GN-705 recién se notificaba a 22 millas afuera.
Con algunas dudas, cabría añadir la observación
del comandante Cipuzak, quien, de manera fugaz (2 segundos a lo sumo)
creyó divisar al lado de la máquina de Aerolíneas
Argentinas una luz ámbar y otra verde hacia la cola del avión.
Otra visualización simultánea ocurrió con el ARG-674,
completando su viraje, a 10.000 pies de altura y, reencontrándose
con el fenómeno luminoso, lo cual fue claramente observado desde
el GN-705, que por entonces volaba a 11.000 pies de altitud y a unas
5 ó 6 millas de distancia, y también por los operadores
del aeropuerto (suboficial ayudante Alfredo Blanco y cabo primero Julio
C. Cantero), según lo asentado en la cinta magnetofónica
grabada con las conversaciones entre los pilotos de las aeronaves y
la torre de control; y por supuesto por el testimonio directo del mencionado
personal técnico.
Descontrol emocional.
Las actitudes de los testigos confrontados con fenómenos prima
facie inusuales, son de gran importancia para definir la verosimilitud
de una hipótesis psicologista en un caso particular. Situaciones
tales como histeria, temor o estrés, bien pueden inducir percepciones
confusas e ilusorias. De igual modo, suele ocurrir que ciertos testigos,
guiados por diversas motivaciones más o menos inconscientes,
por deseos y necesidades profundas de tipo místico, esotérico
o salvacionista, vean lo que quieren ver y distorsionen así una
realidad ordinaria.
Precisamente, a partir de este enfoque y desde una postura de extremado
escepticismo se ha intentado dar una solución convencional a
los avistamientos de Bariloche, aduciendo un supuesto estrés
o conmoción emocional por parte de los testigos. Esta opinión
puede exponerse del siguiente modo:
El vuelo sobre áreas montañosas, aunado al recuerdo de
"terribles accidentes" ?? ocurridos en el aeropuerto de Bariloche,
provocaron un intenso estrés en el piloto del ARG-674, comandante
Jorge Polanco, hasta el punto de hacerlo suponer que una luz "ambigua",
aparecida, en el horizonte Este, era un tránsito aéreo
desconocido. Esta perturbada impresión de Polanco se trasmitió
a los demás miembros de su tripulación, a los operadores
de la torre de control y a los pilotos del avión de la Gendarmería,
quienes comenzaron a manejar la hipótesis de que "hay un
tránsito no identificado en la zona". Las restantes visualizaciones
del caso fueron tan sólo consecuencia de esta situación
de estrés compartido.
Según nuestro criterio, la hipótesis que acabamos de exponer,
adolece de graves falencias lógicas y no se ajusta en modo alguno
a los datos de primera mano obtenidos en el curso de la presente investigación.
Por de pronto, la ruta aérea de Buenos Aires a Bariloche no atraviesa
zonas de alta
montaña; los primeros cordones de relevancia de la Cordillera
Austral aparecen más hacia el Oeste, como es fácil de
apreciar consultando cualquier carta geográfica, aún cuando
no se conozca la región personalmente. La presunción de
una situación estresante no condice en modo alguno con la realidad
del paisaje geomórfico de la zona. Recordemos que el aeropuerto
de Bariloche está emplazado en un área amesetada, a unos
800 m de altitud sobre el nivel del mar, denominada la Pampa de Nahuel
Huapi. Pero tampoco habría motivos de estrés severo si
en verdad (que no lo es) las aerolíneas se desplazaran sobre
regiones montañosas, pues de trata de pilotos habituados a ese
tipo de vuelos, que son ya parte de su rutina.
En segundo término, no fue el comandante Polanco el primero en
divisar la "luz" a las 11, sino su copiloto Dortona (y casi
simultáneamente el ingeniero de vuelo Jorge Allende) quienes
la observaron y llamaron la atención respecto a su presencia.
Fue también Dortona quien se comunicó con la torre de
Bariloche, interrogando acerca de la naturaleza del fenómeno
luminoso y recibiendo una respuesta negativa: no se trataba de un avión
ni de un helicóptero. Vale decir, que la idea de una "tránsito
desconocido" no surgió de la mente supuestamente perturbada
del comandante Polanco, sino que existió un dato objetivo, conforme
lo demuestran los registros técnicos de los operadores del aeropuerto.
Además, no es exacto que la configuración de luces verdes
y anaranjadas, acompañantes en el descenso del ARG-674, sin modificar
sus posiciones relativas -como una gestalt- fuera vista solamente por
el comandante Polanco. Por el contrario, los restantes miembros de la
tripulación del Boeing tuvieron percepciones, no idénticas,
pero sí semejantes en esencia. Luego, es erróneo e injusto
focalizar en Polanco y en sus hipotéticos desarreglos psicológicos
como vía para "explicar" los fenómenos inusuales
de Bariloche.
Estudiando en detalle las actitudes de los protagonistas del incidente,
advertimos que la intensidad de las respuestas emocionales de aquellos
se halla en estrecha relación con el nivel de extrañeza
del fenómeno aéreo que visualizaron en cada caso.
En las circunstancias del vuelo GN-705, sus tripulantes, al comenzar
a sintonizar las comunicaciones de radio entre la aerolínea y
la torre de control, concernientes al tránsito desconocido, se
sintieron inquietos y preocupados pues, al ignorar la altitud del fenómeno,
así como su imprevisible actividad, temieron una eventual colisión.
Al avistar efectivamente la luz ámbar, la sensación de
inseguridad fue reemplazada casi en forma instantánea por una
gran tranquilidad; quizás porque los movimientos del fenómeno
no parecían azarosos, sino controlados. Por fin, una vez concluida
la observación y alejada la "luz", los pilotos no se
ocuparon más del tema y volcaron toda su atención hacia
la tarea de emergencia sanitaria que debían cumplir. Recién
al día siguiente, al ver y escuchar al comandante el comandante
Cipuzack por ATC, una entrevista que le efectuaban al piloto Polanco,
comenzaron los requerimientos periodísticos.
En cuanto a los tripulantes del Boeing 727, de una actitud inicial de
intriga, por el tránsito no identificado, pasan de cierta alarma
ante lo que pensaron era una eventual posibilidad de colisión.
Pero a posteriori, la irrupción dentro de su campo visual de
un fenómeno luminoso extraño, provoca en los testigos
una evidente inquietud, aunque de distinto grado conforme a la personalidad
de cada uno de ellos. No obstante (y pese al hecho de que en ese mismo
instante se suma el imprevisto apagón de las luces del aeropuerto)
los pilotos dominan sus emociones y, actuando con serenidad y profesionalidad,
conducen la aeronave sin problemas a buen término.
Para los testigos de DinaHuapi -el matrimonio Cabral- los sentimientos
predominantes suscitados por el avistamiento de las manifestaciones
luminosas, fueron de curiosidad y sorpresa, pero en momento alguno de
temor. Y algo muy similar aconteció con los operadores y técnicos
del aeropuerto.
La escalada de hipótesis.
Otro aspecto relevante que notamos, casi como denominador común,
es que todos los protagonistas principales han experimentado el bien
conocido proceso psicológico de asimilación: es decir
que los testigos, en primera instancia, procuran equiparar sus observaciones
a lo ya aceptado como usual y convencional,. Pero, a renglón
seguido, el propio observador se ve forzado, mediante una actitud crítica,
a rectificar sus juicios iniciales, tras ensayar y descartar sucesivamente
diversas interpretaciones y concluir admitiendo la existencia de un
hecho misterioso, de algo nunca visto anteriormente.
A propósito de este aspecto recurrente, revistaremos ahora la
secuencia de eventos reportados la noche del 31 de julio de 1995, en
el área de Bariloche.
DinaHuapi: Los dos testigos observan desde su automóvil una luz
de gran intensidad, suspendida sobre el lago Nahuel Huapi. Inicialmente
pensaron que se trataba de un avión. "¡Pará,
pará, mirá que luz rara tiene ese avión!"
le advierte el Sr. Silverio Cabral a su esposa Berta. Luego, la inmovilidad,
el silencio y ciertos caracteres lumínicos del fenómeno
los lleva a desechar esa primera impresión. "¡Ay,
Dios mío! ¿Qué es eso?" exclama la Sra. Berta.
Recién a la mañana siguiente, al sintonizar una radio
local, ambos testigos conectan su experiencia con la aparición
de un OVNI.
Vuelo ARG-674: Los tripulantes divisan un tránsito hacia el SE
( a las 11) con aparente rumbo de colisión. Al principio pensaron
que la luz en cuestión era un avión con problemas de radio,
por lo cual no respondía a los llamados de la torre. Después,
a medida que se sucedían los acontecimientos comenzaron a dudar
de esa suposición inicial, a sospechar sobre su verdadera naturaleza
y a preocuparse por la actividad del objeto desconocido. La palabra
plato volador recién fue expresamente mencionada cuando el objeto
(aparentemente el mismo) surge al lado derecho de la aeronave de línea.
Antes de ver personalmente el fenómeno, el comandante Polanco
supone una broma del copiloto -quien fue el primero en advertir su presencia
y comunicárselo al resto de la tripulación- y luego, aún
con el OVNI a la vista, con su anómala conformación de
luces, le resulta difícil aceptar su existencia real.
Vuelo GN-705: La primera impresión de los pilotos, al ser sobrepasados
en vuelo horizontal por una luz ámbar destellante, es la de estar
frente a un jet de combate, pero cuando la luz efectúa una serie
de maniobras físicamente imposibles, la idea de un OVNI en el
sentido estricto del vocablo, termina por prevalecer.
El panorama que acabamos de mostrar, confirma que, en todos los casos,
los testigos han pretendido, como reacción primaria, buscar una
respuesta convencional para sus experiencias y que luego, mediante la
llamada "escalada de hipótesis" (Hynek), es decir:
ascendiendo paso a paso hacia una mayor complejidad conceptual, aceptar
por fin que no se enfrentaban a un estímulo ordinario, sino a
un fenómeno marcadamente anómalo.
No estamos pues, en presencia de contactistas que anhelan el encuentro
con los Hermanos del espacio, ni de personas que movidas por oscuros
impulsos se dirigen a determinados sitios, desde los cuales perciben
la llegada de naves del espacio exterior, ni de grupos sectarios que
mediante "mantreos" u otras vías de purificación
espiritual invocan la aparición artefactos extraterrestres, luces
inteligentes o seres cuasiangélicos. En cambio, sí advertimos
que los testigos del caso Bariloche son gente normal, que sin preverlo
ni desearlo se vieron de pronto inmersos en sucesos extraños
y perturbadores, mientras desarrollaban actividades habituales y cotidianas.
Hipótesis aerotecnológicas
Según los datos aportados por el Project Blue Book, sobre una
base de 1.593 informes reportados, entre junio de 1947 a diciembre de
1952, algo más de un 30% de ellos, eran susceptibles de ser identificados
como globos meteorológicos, aviones y helicópteros, y
habían sido confundidos como OVNIs por los ocasionales testigos.
Con respecto a esta segunda hipótesis alternativa, analizando
los elementos de extrañeza en los avistamientos de Bariloche,
es viable inferir varias conclusiones que refutan dicha interpretación.
En primer término, por sus rasgos de configuración, los
fenómenos observados no corresponden a ninguna expresión
de la aerotecnología contemporánea. Tal aserto surge claramente
del análisis que se expone a continuación.
En su momento de máxima cercanía, el fenómeno es
detectado por todos los pilotos del Boeing 727. Sin embargo, -y esta
circunstancia merece ser remarcada- sus respectivas descripciones no
son idénticas.
Según el testimonio del comandante Polanco, el objeto* se mostraba
como una entidad de consistencia aparentemente sólida, morfología
lenticular, con presunta convexidad y tres fuentes luminosas: dos luces
verdes en los extremos y otra en el supuesto ápice del OVNI.
En cambio, tanto el copiloto Dortona, como el ingeniero de vuelo Allende
refieren un panorama algo diferente: ellos ven una configuración
de tres luces, del mismo color y muy similar disposición que
las referidas por Polanco; incluso advierten la pulsación de
la luz anaranjada central, mas no distinguen ningún cuerpo sólido
que las sustente (Dortona ve la luz ámbar pulsante, con forma
de copa, algo más elevada con respecto a las otras dos fuentes
de luz verde). Por su parte, el primer oficial Benavente, que viajaba
accidentalmente en el vuelo ARG-674, a pesar de estar ubicado detrás
del asiento del piloto Polanco y no disponer de una buena visión
de los fenómenos, coincidió con la descripción
de Dortona, pero su interpretación es más escéptica,
porque no descarta que las luces acompañantes no fueran las de
un jet de combate. Sin embargo, se sabe por informes técnicos
del personal del aeropuerto que ningún avión de tales
características voló esa noche en el área de Bariloche;
y tampoco se informaron vuelos de aeronaves militares, civiles o comerciales,
ya fueran éstos programados o no. Pero, paradójicamente,
la opinión de Benavente ratifica la impresión de que se
estuvo en presencia de un objeto estructurado y no de simples juegos
de luces.
De todos modos, al margen de sus disimilitudes, todos los testimonios
coinciden en afirmar la irrupción de un fenómeno inusual,
capaz de intrigar a los pilotos, no obstante su prolongada experiencia
profesional.
Para ensayar una posible explicación válida a las divergencias
que se notan en las narraciones de los tripulantes, no es irrazonable
argumentar que como las luces mantenían entre sí una exacta
posición fija, a pesar de acompañar la trayectoria descendente
de la aerolínea durante un lapso prolongado, conformando así
una especie de grupo geométrico, bien podrían haber creado
la impresión de fenómenos con estructura sólida.
En sentido inverso, experiencias visuales, muy fáciles de corroborar,
nos indican que en cielos nocturnos sólo son visibles las luces
de posición de las aeronaves, y esto no sucede en cambio con
el cuerpo (fuselaje y alas) de las mismas.
Aunque sin duda existen numerosos incidentes semejantes que involucran
la percepción de configuraciones luminosas, sin sustento sólido
aparente, recordaremos aquí un valioso caso, que es ya un clásico
de la ufología mundial.
La noche del 20 de agosto de 1949, el Dr. Clyde Tombaugh, renombrado
astrónomo estadounidense -descubridor en 1930 del planeta Plutón-
se hallaba en el patio trasero de su casa en Las Cruces, Nuevo México.
Aproximadamente a las 22 horas, el Dr. Tombaugh y dos miembros de su
familia observaron, atravesando rápidamente el cenit del cielo,
una extraña hilera de luces verde-azuladas, un conjunto geométrico
de rectángulos, cuya visualización duró unos 3
segundos. "Los rectángulos iluminados mantenían -decía
el astrónomo- una exacta posición fija entre sí,
lo cual tendía a sustentar la impresión de solidez".
En segundo término, el comportamiento de los fenómenos
avistados sobre la zona de Bariloche, es incompatible con los de cualquier
ingenio volador convencional y excluyen soluciones que involucren estímulos
aeronáuticos. Subrayemos que el factor movimiento es uno de los
elementos diagnósticos pro-OVNI más específicos
y definitorios.
En el incidente de Bariloche, comportamientos cinemáticos claramente
anómalos fueron percibidos tanto por los pilotos del ARG-674,
como por los del GN-705. En el primer caso se detectaron maniobras de
vuelo en formación cercana, en abierta contravención a
las estrictas regulaciones del tránsito aéreo que prohibe
la aproximación no prevista entre dos aeronaves, a menos de 150
m. Además -y según testimonio del copiloto Dortona- la
luz no identificada efectuó también, en cierto momento,
un repentino cambio de posición, moviéndose hacia su derecha
(a la izquierda del Boeing) con un ángulo de 90 grados "como
evadiéndonos...lo que no es normal en un helicóptero o
un avión, o algo que nosotros conocemos...".
Con respecto al aparato de la Gendarmería, durante 15 segundos
sus tripulantes presenciaron con toda claridad las evoluciones de una
luz peculiar, no irradiante, que destellaba, ejecutando movimientos
discontinuos, con alternancia de fases estáticas y de movilidad.
Se percibieron giros cerrados en ángulo recto, en ascensión
vertical, detenciones súbitas y aceleraciones insólitas
con altas velocidades. Todas ellas, traslaciones en evidente violación
a las leyes físicas de inercia y gravedad actualmente reconocidas
por la ciencia. Acotemos que el brusco ascenso de la luz destellante,
vista desde el GN-705 es descrito como "explosivo"o "casi
instantáneo".
Las estimaciones de velocidad resultan sólo aproximadas y dependen
de la altura en que se calcule el vuelo horizontal del fenómeno
luminoso, antes de la trepada vertical. Si se le otorga un valor intermedio
de 1.300 m y el fenómeno -que se desplazaba a 600 o 700 km/h-
ciertamente llegó y se detuvo a un nivel de 3.000 m, en 1 segundo,
se obtendría una velocidad de 5 Mach, (el comandante gaitán
habla de 3 Mach) por lo menos. Pasar de 700 km/h a más de 6.000
km/h, significa una enorme aceleración, incompatible con lo que
podría soportar cualquier aeronave convencional.
Coincidentemente con lo expuesto, el informe aportado por el matrimonio
Cabral, testigos afincados en DinaHuapi, adiciona otros elementos concordantes
en cuanto a la cualidad de los movimientos del extraño fenómeno
luminoso por ellos percibido; desde una posición estática,
aquel se alejó a una velocidad impresionante que "no pudo
ser seguida por la vista".
Por fin, para concluir este exámen crítico de la hipótesis
aerotecnológica aplicada a los eventos de Bariloche, reproducimos
textualmente un informe del Comando de Regiones Aéreas de la
Fuerza Aérea Argentina, con fecha 5 de setiembre de 1995:
"La investigación por parte de la Fuerza Aérea fue
finalizada en el momento que se determinó que no hubo invasión
del espacio aéreo de jurisdicción por parte de objetos
aéreos convencionales conocidos".
Hipótesis astronómicas
Siempre de acuerdo con las mismas fuentes citadas de la Fuerza Aérea
de los Estados Unidos y para igual período histórico,
cerca del 15% de las confusiones de los testigos fueron causadas por
objetos astronómicos, primordialmente por meteoritos, planetas
(Venus, Júpiter y Marte) y algunas estrellas de 1era. Magnitud,
como Sirio, Canopus, etc.
Pero los meteoritos se manifiestan dentro de muy limitadas condiciones
de movilidad (no efectúan cambios bruscos de dirección,
ni detenciones) y de duración (normalmente son fugaces, con duraciones
típicas de 1 a 15 segundos, 30 segundos como máximo.
En cuanto a los planetas y estrellas, se trata de cuerpos astronómicos
caracterizados por su inmovilidad aparente, salvo el poco menos imperceptible
movimiento (15º por hora) con que acompañan el de la esfera
celeste. Además, todos ellos son fáciles de localizar
en el cielo, mediante los sistemas de coordenadas, y en el caso de los
sucesos de Bariloche las posiciones de todos los fenómenos luminosos
observados no coinciden con las de ninguno de los astros.
Recordemos que algunos medios gráficos dieron cabida a una explicación
astronómica para las observaciones efectuadas por los pilotos
del Boeing 727. Según la misma, las luces percibidas a babor
de la aeronave, durante el descenso hacia la vertical del aeropuerto,
sólo habrían sido el resultado de una confusión
con la Luna y el planeta Marte, que por entonces aparecía
muy próximo al satélite natural.
Con el fin de evaluar
objetivamente la verosimilitud de esta especulación convencionalista,
expondremos a continuación las ubicaciones respectivas de ambos
cuerpos celestes, vistos desde las coordenadas geográficas de
San Carlos de Bariloche (Latitud: 41º 09 Sur; Longitud: 71º
10 Oeste).
Datos generados y corroborados mediante la implementación de
dos sofware astronómicos: el Expert Astronomer for Windows, y
el EZ Cosmos 3.0).
Horizonte occidental,
para la hora 20:30.
Luna
Az. 295º 07' 44" (en fase 0.18)
Alt. 27º 53' 49"
Marte
Az. 301º 50' 23"
Alt. 34º 12' 102"
Horizonte occidental,
para la hora 20:40.:.
Luna
Az. 293º 07' 17"
Alt. 26º 14' 17''
Marte
Az. 299º 33' 37"
Alt. 32º 34' 48"
La conclusión que
se desprende de los datos mostrados, es insoslayable: la Luna y Marte
nunca estuvieron a la derecha y atrás del ARG-674 (hacia el E
o NE) donde se percibieron los fenómenos luminosos, sino al frente
(horizonte occidental) de la aeronave. Ambos se ubicaban próximos
a los 300º de Azimut (O-NO) y a una altura de 30º aproximadamente
respecto al horizonte. De este modo, la solución convencional
queda absolutamente descartada. El intento por reducir las observaciones
de Bariloche a cuerpos astronómicos erróneamente percibidos,
aparece frágil e inconsistente.
Hipótesis óptico-atmosféricas.
Otra de las interpretaciones
escépticas más remanidas es aquella que se esfuerza por
diluir las manifestaciones OVNI como meros procesos ópticos de
refracción y reflexión en las capas atmosféricas,
de luces emitidas por fuentes convencionales, v.g. faros de automotores,
reflectores varios, etc..
Tal solución (de la más pura tradición "menzeliana"
es la expuesta por ejemplo, a los medios periodístico por el
Dr. Horacio Ghielmetti, físico del CONICAT, a propósito
del caso Bariloche. "En esta época del año -señala
el profesional- la ciudad de San Carlos de Bariloche siempre está
cubierta de nubes y eso ayuda a que se produzcan efectos inusuales muy
importante, producto del reflejo de las luces, y las ilusiones ópticas
suelen ser muy desconcertantes".
Más cauto, el Dr. Ernesto Crivelli, de la Universidad del Comahue,
admitió que el extraño fenómeno observado en Bariloche
"no tiene una explicación concreta" desde su óptica.
Aunque aclaró que la nieve puede jugar un papel preponderante
en ese contexto. "Con las actuales condiciones meteorológicas
-expresó el científico- un láser como el que tienen
las discotecas locales puede rebotar muchísmas veces hasta desaparecer".
(Fuente: Río Negro, jueves 3 de agosto de 1995).
Por supuesto que en el momento de sus declaraciones a los medios, ambos
científicos no habían investigado los detalles del caso,
ocurrido 4 días antes.
¿Qué puede inferirse acerca de la verosimilitud de las
hipótesis óptico-atmosféricas, a partir de los
procesos de análisis y evaluación a que hemos sometido
los hechos de Bariloche? ¿Es razonable admitir que un simple
fenómeno de reflexión óptica pueda generar en testigos
calificados la sensación de hallarse en presencia de configuraciones
luminosas, definidas y permanentes? Tal es el caso del fenómeno
formado con el ARG-674, en el que los tripulantes concuerdan esencialmente
en haber visto una conformación de tres luces, que mantenían
sus distancias relativas y que, como una gestalt, siguió por
un lapso de 3 minutos el descenso de la aerolínea.
Lo propio cabe afirmar con relación a la "luz" percibida
desde el GN-705. Se trataba de una fuente luminosa no puntual, con rasgos
peculiares: pulsaba, se prendía y apagaba alternativamente; tampoco
irradiaba, era opaca, semejante a una "perla". Parecía,
en los primeros instantes, el beacon de una aeronave militar y no la
proyección de algún reflector con base terrestre. Recordemos
también que el fenómeno se desplazaba por debajo del GN-705,
en un área del cielo carente de nubosidad.
En el avistamiento previo de Dina Huapi, los dos testigos relatan la
aparición de haces de luces verde-azuladas, que se proyectaban
a partir de una especie de arco luminoso anaranjado, muy intenso, estático
en el cielo. Las luces se irradiaban siempre hacia abajo, sin llegar
al suelo, "como el agua que surge de una ducha" -según
la descripción del matrimonio Cabral. Y en esos momentos, toda
la región carecía de energía eléctrica a
causa del primer apagón.
Complementando los argumentos expuestos, subrayemos que las condiciones
meteorológicas prevalecientes en esa noche no fueron adecuadas
para la producción de efectos ópticos de alguna relevancia.
El cielo, en esas instancias atmosféricas estaba despejado, con
una delgada capa de estratos dispersos con dos octas (dos octavas partes
del cielo), a unos 30º de altura sobre el horizonte Oeste; la nubosidad
aparecía recostada, como es habitual en esa región, hacia
las montañas. La mayor parte de las manifestaciones aéreas
insólitas denunciadas se dieron precisamente en los sectores
despejados, de modo que no hubo una especie de pantalla natural, como
lo sería la base de las capas nubosas, donde se proyectaran los
haces luminosos (que por otra parte no se vieron en momento alguno)
provenientes de las supuestas fuentes de rayos láser o de reflectores
de cualquier tipo.
Conclusiones generales
La contrastación de las hipótesis convencionales con los
datos existentes, evaluados de modo objetivo y racional, revela que
ninguna de aquellas posee la suficiente entidad lógica como para
ser aceptadas como medianamente plausibles.
Conforme a lo antedicho, podemos afirmar con aceptable grado de certitud,
que los fenómenos avistados en el área geográfica
circundante al aeropuerto de Bariloche la noche del 31 de julio de 1995,
constituyen auténticas expresiones anómalas; vale decir,
que no admiten ser integradas en el cuerpo de conocimientos científicos
reconocidos al presente como válidos.
Continúa
en Conclusiones del Caso Bariloche
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