| ................. |
CONCLUSIONES DEL CASO BARILOCHE
|

Juan Pablo Gómez
y Oscar A. Uriondo, Autores de esta investigación
|
Araya
|
Notas
* Un caso
de notable similitud al incidente de Bariloche, por nosostros
analizado, se dio en la vecina República del Uruguay.
Fue exhaustivamente investigado por CRIDOVNI, organismo
oficial de la Fuerza Aérea de ese país
y lleva el número de registro 316..
La noche del 25 de agosto de 1975, un avión
Vickers Viscount de Pluna sobrevolaba Tacuarembó
proveniente de Asunción del Paraguay. "La tripulación
y alguno de los pasajeros pudieron observar una luz blanca
a la izquierda y un poco más abajo del avión.
El comandante, suponiendo que tenía en las cercanías
otra aeronave, se comunica con la torre de control para
corregir las trayectorias. Desde la torre le dicen que ningún
otro vuelo estaba registrado allí. Pensando que podría
tratarse de una pequeña avioneta (incluso podía
ser un avión contrabandista) y en la prevención
de un accidente, hozo notar su presencia encendiendo y apagando
las luces de sus avión. Para sorpresa y temor de
todos los observadores, al encenderse los faros de aterrizaje,
aquella luz se acercó vertiginosa y peligrosamente
al avión, para enseguida e inmediatamente retornar
a sus posición original con la misma velocidad. Esta
maniobra, imposible para una aeronave normal, ocurrió
un par de veces.....La luz acompañó al avión
durante algunos minutos, hasta que empezó a alejarse
hacia el este. Dato complementario: el comandante del vuelo,
asegura que durante toda la ocurrencia sintió, pese
a un lógico recelo, la extraña sensación
(se podría decir la seguridad) de que nada iba a
ocurrir. Como que algo le decía que no debía
sentir miedo".
|
Investigación
realizada por Juan Pablo Gómez y Oscar Adolfo Uriondo
La clase
de certeza a que es posible arribar
mediante el análisis como el implementado en el Informe Preliminar
sobre el Caso Bariloche, se asemeja más al que se puede adquirir
en el ámbito de las investigaciones de tipo jurídico.
Tal restricción es lógica consecuencia de la metodología
que nos impone la naturaleza de los datos con que debemos manejarnos
en el campo de la indagación ufológica. No hay aquí,
y más precisamente no la hay en los incidentes anómalos
de Bariloche, datos objetivos permanentes, sino evidencias de muy diferente
relevancia probatoria, a las cuales es menester evaluar minuciosamente,
eludiendo en lo posible cualquier tendencia prejuiciosa y parcializada.
Dentro de ese marco limitativo, el estudio analítico de los hechos,
circunstancias y testimonios concernientes a los fenómenos aéreos
presuntamente anómalos sobre la zona de Bariloche, reportados
la noche del 31 de julio de 1995, nos permite arribar a varias
conclusiones en las cuales se dan elementos de certeza, juntamente con
dudas y conjeturas.
En primer término, la contrastación de las hipótesis
convencionales con los datos recopilados durante la investigación
y evaluados de modo objetivo y racional, revela que ninguna de aquellas
posee la suficiente entidad probatoria para ser calificadas como
medianamente plausibles. Resumiremos aquí lo ya expresado en
el artículo anterior:
En virtud de su configuración, los fenómenos aéreos
observados no corresponden a ninguna expresión de la
aerotecnología contemporánea, lo cual permite descartar
como factores de identificación a todo tipo de aviones, helicópteros,
globos sondas, dirigibles, etc. Y tampoco el comportamiento cinemático
de tales fenómenos se compatibiliza con los de cualquier ingenio
volador convencional y excluyen, por tanto, soluciones que involucren
estímulos aeronáuticos y astronáuticos. Agreguemos
a lo expuesto que durante la noche del 31 de julio, no hubo en el área
de Bariloche ningún lanzamiento de globos sondas y tampoco se
reportaron vuelos de aeronaves militares, civiles o comerciales, ya
fueran éstos programados o no.
Con respecto a las explicaciones astronómicas, el intento de
reducir las observaciones de Bariloche a cuerpos celestes, ya fueran
planetas, estrellas, o a meteoritos erróneamente percibidos es
absolutamente inconsistente. Así lo demuestran los datos obtenidos
mediante la implementación de softwares astronómicos,
como el Expert Astronomer for Window y el Ez Cosmos 3.0.
Reiteramos que en los eventos de Bariloche las posiciones de los fenómenos
luminosos insólitos no coinciden con la de ninguno de los astros.
Y en cuanto a los meteoritos, ellos de manifiestan -como ya explicáramos
en un capítulo anterior- dentro de muy limitadas condiciones
de movilidad y duración que en nada semejan a las que caracterizan
el comportamiento de los fenómenos reportados.
En relación a las hipótesis óptico-atmosféricas
que pretenden reducir las observaciones a meros fenómenos de
reflejos o de refracciones lumínicas, proyectadas desde tierra,
subrayemos que las circunstancias meteorológicas existentes la
noche de ese 31 de julio no fueron apropiadas para que ocurrieran efectos
ópticos de alguna importancia. Y como ya expresáramos,
mientras que las capas nubosa aparecían desplazadas hacia la
Cordillera, al Oeste, las manifestaciones insólitas avistadas
se dieron precisamente en los sectores despejados del cielo.
Finalmente, respecto a las hipótesis psicologistas, al término
de una investigación y análisis minuciosos, la conclusión
que alcanzamos es de que las probabilidades de que una solución
de ese tipo tenga algún viso de razonabilidad y sensatez son
enteramente remotas.
A luz de todo lo expuesto hasta ahora en este Informe, surgen los siguientes
interrogantes:
¿Hubo en realidad un solo OVNI sobre Bariloche y las desemejanzas
en las descripciones obedecen a dispares condiciones y perspectivas
de observación por parte de los testigos?
¿O quizá el fenómeno percibido, aunque único,
posea cualidades "proteiformes", esto es, posea la aptitud
de modificar, en diferentes instancias, tanto su apariencia, como sus
patrones lumínicos?
¿O bien su estructura es ambigua, como un modelo geométrico
equívoco, en el cual surgen diversidad de figuras, cambios en
el aspecto sensible de su imagen, disímiles, pero todos ellos
igualmente valederos y reales?
¿Podría argumentarse, tal vez, que el llamado caso Bariloche
no se limite al avistaje de un solo OVNI -como a nivel periodístico
y popular se ha creído hasta ahora- sino que se trate de una
pluralidad de fenómenos insólitos (al menos dos), cuyo
comportamiento muestra evidente intencionalidad?
Nos inclinamos a rescatar como más viable esta última
presunción, aunque sin desechar una posible incidencia secundaria
por parte de las otras tres opciones, al menos en una fase preliminar
y con los elementos de convicción reunidos hasta hoy.
Hay un aspecto relevante del fenómeno OVNI, al que hemos mencionado
con alguna frecuencia: la intencionalidad., sin duda el más desusado
de los ítems de extrañeza y que merece un párrafo
especial. Adviértase que en ningún momento aplicamos el
concepto de inteligencia para designar tal modalidad en las manifestaciones
OVNI. Hay una razón de peso para esta elección: el término
inteligencia resulta equívoco, habida cuenta de que por él
se entienden realidades distintas, y que una precisa definición
teórica plantea problemas, no habiéndo sido aceptada por
unanimidad desde el punto de vista psicológico.
En cambio, el concepto de intencionalidad es menos comprometido. Recordemos
a este propósito que, como señala el filósofo Franz
Brentano, todo acto psíquico participa de esa cualidad. Es decir
que los entes psíquicos que la ejercen son capaces de percibir
estímulos externos y reaccionar con relación a ellos.
En muchos casos los OVNIs dan la clara impresión de que advirtieran
dichas presencias y orientaran su comportamiento en función directa
de las mismas.
En el caso Bariloche, se aprecian varias fases que sugieren actitudes
y movimientos intencionales por parte de los fenómenos luminosos
observados. Como los ejemplos que citamos a continuación:
1) El desplazamiento evasivo (en ángulo de 90 grados),
cuando el Boeing realiza su viraje a los 6.400 pies de altura.
2) La configuración triangular que lo acompaña
-en vuelo formado- durante 3 minutos en su descenso hacia el aeropuerto.
3) Las maniobras totalmente insólitas para un fenómeno
natural y conocido que efectúa luego de sobrepasar en vuelo al
GN-705, de la Gendarmería.
4) La "espera" a 10.000 pies de altitud y el nuevo
acompañamiento al avión de línea.
5) Son también dignas de mención las expresiones
del comandante Cipuzac acerca de la "sensación" que
el comportamiento de la extraña luz le produjera, en el sentido
que no parecía errática, sino como el de un objeto controlado
inteligentemente.
6) Notemos, además, que los dos niveles mencionados -6.400
y 10.000 pies- son precisamente los prestablecidos en la carta de vuelo
nº1 para el procedimiento de aterrizaje en el Aeropuerto de San
carlos de Bariloche. La circunstancia de que las detenciones en "espera"
del fenómeno luminoso ocurrieran precisamente en ambos niveles,
no deja de ser intrigante.
****************
Como conclusión,
creemos que es posible vislumbrar en los incidentes de Bariloche una
intrincada estructura fáctica de insospechada complejidad; una
sucesión de eventos anómalos -no siempre asociados entre
sí con claridad- y de no fácil integración en un
panorama general. Precisamente, es debido a la antedicha complejidad
que se torna difícil ensayar una valoración global de
extrañeza en términos cuantitativos para todos los avistamientos
involucrados.
Por último, en lo que concierne a la naturaleza de estos extraños
fenómenos (OVNIs o anomalías aéreas), sólo
podemos movernos por ahora en un terreno conjetural y especulativo,
donde por el momento no se avizoran respuestas categóricas. Este
es, sin lugar a dudas, el gran desafío pendiente.
Una acotación final que ubica el incidente de Bariloche dentro
de un contexto más amplio: estos encuentros de aviones con OVNIs
no son excepcionales y por supuesto no se limitan a los sucesos considerados
en el presente informe (existen al respecto valiosos catálogos
mundiales que recogen una nutrida casuística*). En la mayoría
de estos eventos se alude con mucha frecuencia a un manifiesto comportamiento
intencional por parte de los fenómenos anómalos. Incluso
la calificación de maniobras inteligentes es explícitamente
aplicada. Estos llamados casos aeronáuticos han ocurrido desde
el inicio de la historia contemporánea de los OVNIs y siguen
ocurriendo en distintas latitudes y épocas.
|