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LA LUZ DE ROSARIO DEL TALA
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Mapa
de la provincia de Entre Ríos y ubicación de Rosario
del Tala
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"Su
manera de moverse era también peculiar. Casi siempre
andaba a no más de un metro del suelo, pero con una
característica invariable, daba saltos, ¨como si
anduviera sobre un resorte que no tocaba el piso¨"
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"El
hombre, en medio de la noche, y recorriendo una larguísima
distancia, había sorteado alambrados, arroyos, un
río de casi 40 metros de ancho bordeado por barrancos
insalvables, sin ninguna explicación de como lo había
logrado. "
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Agradecemos
los datos aportados por el Sr. José López,
sobrino del protagonista que acudió en ayuda para reflotar
esta historia sucedida hace casi medio siglo.
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Redacción
Hacia 1955,
el pueblo de Rosario del Tala,
ubicado en la región central de la Provincia de Entre Ríos
(Argentina) no ocupaba más que unas cinco cuadras de extensión.
¨Era un pueblo muy chico -recuerda uno de sus pobladores- y muy
tranquilo. No teníamos comodidades de ninguna clase y llevábamos
una vida muy humilde¨.
Tranquilino López, contaba con unos 40 años por
aquel entonces, y vivía algo apartado del pequeño poblado,
en el ángulo de una estancia donde habitaba de ¨prestado¨,
en un ranchito muy precario construido de adobe, con apenas dos habitaciones
y un cuarto contiguo que utilizaban de cocina.
En ese cuartucho había un pequeño círculo de ladrillos
para poner leña y apoyar la olla donde preparaban sus alimentos,
y la mujer de Tranquilino pasaba horas allí, cocinando para sus
cinco hijos.
La vivienda no tenía ni luz ni agua potable, dedicados a cuidar
del ganado del dueño del campo practicaban el trueque con sus
vecinos para intercambiarse trabajos por mercaderías, o por techo,
como en este caso.
Alrededor de la zona abundaban los pantanos, y cerca de la casa había
un lago y un riacho que desaguaba en el río Gualeguay, curso
trazado naturalmente entre escabrosas playas de barrancos, a veces tan
altos como 7 metros respecto del agua.
Como es de esperarse llevaban una vida muy tranquila, salvo por algunas
noches que algo, para muchos increíble, se presentaba a menudo.
LA LUZ MALA
La gente suele hacer referencias como esta, periódicas apariciones
de fenómenos luminosos que se pasean por los campos sin solución
de continuidad. Pero para 1955, en Rosario del Tala, y en especial cerca
de la casa de Tranquilino López, solía presentarse muy
frecuentemente una y varias luces rondando las inmediaciones cuyos colores
variaban del verde al azul, regularmente y con más asiduidad
en el primer tono ¨casi como un verde fosforescente¨.
Estas masas globulares muy luminosas, corrientemente tenían un
tamaño aproximado entre 40 a 50 centímetros de diámetro,
con una luminescencia semejante a un cuerpo gaseoso, ligeramente envuelto
por un aro nebular muy difuminado, en cuyo borde exterior se percibía
una suerte de vapor ¨como el que larga el asfalto cuando lo calienta
el solo del verano¨.
Su manera de moverse era también peculiar. Casi siempre andaba
a no más de un metro del suelo, pero con una característica
invariable, daba saltos, ¨como si anduviera sobre un resorte que
no tocaba el piso¨.
Era la creencia popular que a esas luces había que dejarlas tranquilas.
Se insistía que en varias oportunidades unos arriesgados campesinos
las habían molestado y que ellas, como respuesta se acercaron
tanto a los hombres que hasta los arrojó de sus caballos.
Como sea, los pobladores guardaban un gran respeto por la luz y cada
vez que aparecía, solo se limitaban a contemplarla, con una creciente
inquietud, hasta que finalmente se retiraba.
EN LA CASA DE TRAQNUILINO
Según se comentaba, las luces aparecían en cantidades
cuando se avecinaba una tormenta, aunque podían ser vistas en
cualquier clima y parte del año. Y es bueno anotar que algunos
analistas relacionan la aparición de luces justamente por actividad
electromagnética en la atmósfera o por la existencia de
pantanos, ambas cosas coincidentes en Rosario del Tala.
Pero en abril de 1955, durante un clima aun caluroso con noches benignas,
algo extraño comenzó a ocurrir.
Cierta noche una nueva luz verdosa apareció muy cerca de la casa
de la familia López, inquietando a sus integrantes que se refugiaron
dentro. Fueron varias, una tras otra que la luz verdosa rodeaba la vivienda
de Tranquilino, saltando de aquí para allá y sembrando
temor en los más pequeños.
Como la aparición de la luz se había hecho insistente,
Tranquilino, también asustado se canso de esconderse y decidió
enfrentarla.
Era una noche de luna muy clara, la mujer estaba terminando la cena
en la olla de hierro, y sus hijos aguardaban reunirse en la mesa, esperando
afuera y tomando el fresco cuando la luz apareció, puntualmente
a las 22, como lo venía haciendo noches anteriores, pero esta
vez aún mas cerca, tanto que pasó a menos de un metro
de las paredes de la casa obligando a una nueva huida.
Las puertas se cerraron tras la familia, ahora entregada a la espera
que la luz se retirara, como cada noche de la ultima semana. Pero Tranquilino,
sintiéndose invadido, resuelto y con coraje, blandió su
facón y pretendió perseguirla, y ¨como si se diera
cuenta¨ entró la luz rápidamente a la cocina y literalmente
arrojó al suelo de tierra la olla con toda la comida.
Con su facón en alto, el hombre rodeó la casa corriendo
a la evasiva luz, notando claramente que esta se burlaba de su amenaza,
saltando, esquivándolo, mostrando una agilidad y dominio de la
situación que desbordaba a Tranquilino.
El hombre pretendió acercarse una vez más, pero la luz
se corrió, manteniendo cierta distancia entre ambos, y lentamente,
con dirección norte, el fenómeno se fue alejando. Tranquilino
fue detrás.
Sus hijos vieron como el padre seguía los pasos de la esfera
luminosa, gritándole insultos y amenazándola envalentonado.
Y se perdió de vista.
CAMINO IMPOSIBLE
Intentando sin éxito darle alcance, el hombre se dio cuenta que
algo no andaba bien. Adentrándose en la oscuridad quiso detener
su loca carrera pero no pudo, como si una extraña fuerza impidiera
hacerlo.
No sobreviven con claridad los hechos de la persecución pero
Tranquilino relató insistentemente aquella inusitada experiencia.
Sin saber como, marchaba por los campos, sorteando obstáculos
imposibles, convencido que un influjo maléfico le conducía
tras la luz que a su paso marchaba por delante, saltando, pegando brincos
sobre una base invisible.
Repentinamente se detuvo, y con ello la luz desapareció.
Al paso de las horas, en la casa la intranquilidad fue creciendo hasta
que los hijos mayores, a eso de las cinco de la mañana cuando
alboreaba el nuevo día, decidieron salir en su búsqueda,
a caballo.
Marcharon hacia el norte, y mientras el sol despuntaba en el cielo peinaron
una amplia zona, saltando arroyos, el río y bordeando algunos
pantanos hasta que muy entrada la mañana lo encontraron, sentado
sobre el pasto, a más de cinco leguas de su casa.
Solo un par de días después los integrantes de la familia
López cayeron en cuentas del insólito suceso.
El hombre, en medio de la noche, y recorriendo una larguísima
distancia, había sorteado alambrados, arroyos, un río
de casi 40 metros de ancho bordeado por barrancos insalvables, sin ninguna
explicación de como lo había logrado.
En sus largas sobremesas, durante los años que siguieron, el
Sr. López adjudicó el hecho a que una fuerza invisible
lo había llevado, tal y como uno lleva caminando cualquier cosa
entre las manos.
Desde aquella noche la luz no volvió al hogar de Tranquilino
aunque siguieron apareciendo frecuentemente por la zona, siendo motora
de otras experiencias alucinantes que iremos tratando más adelante.
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