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¿UN OVNI SOBRE LA CIUDAD DE BUENOS
AIRES?
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Era sumamente luminoso, de color rojizo, pero no irradiaba
como podrían hacerlo un faro o una linterna, sino como
una brasa viva que se destaca en la oscuridad "como un
disco de fuego, sin llamas"
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El "Plato
Volador"

El disco Rojizo, base
luminosa del OVNI según dibujo del testigo Principal,
General Baigorria
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"La
Sra. de Baigorria fue sobresaltada por la inesperada irrupción
de una fuerte luminosidad, que penetraba por el balcón"
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Oscar Adolfo Uriondo
Introducción
Prosiguiendo
con el examen de casos OVNI en el pasado argentino, recordaremos
a continuación un incidente, ocurrido hace dos décadas
y que no fuera publicado en nuestro país. Sí, en cambio,
sus pormenores y el resultado de la encuesta efectuada a los testigos
del caso, se ofrecieron en la ya desaparecida revista española
Stendek (nº 41, setiembre, 1980).
Su singular importancia radica, por una parte, en la respetabilidad
de los testigos; y, por otra, porque no es habitual que el legajo
de los OVNIs en la Argentina incluya informes sobre la observación
de fenómenos anómalos en zonas urbanas céntricas,
de gran densidad poblacional, y a poca altura sobre los niveles de edificación.
Un episodio esta clase infrecuente acaeció en la ciudad de
Buenos Aires y tuvo por testigos a un militar de alta graduación,
el general de división (retirado) Santiago Alberto Baigorria
y a su esposa, Sra. Margarita Inés Ferreccio de Baigorria.
El evento permaneció en el más completo hermetismo, habiendo
tenido el autor de esta nota conocimiento del mismo en razón
de sus vínculos familiares con ambos protagonistas.
Subrayemos especialmente el hecho de que el avistamiento me fuera informado
al día siguiente de ocurrido, y de que el Gral. Baigorria, a
mi solicitud, me proporcionara, pocas horas después, dos bocetos
de lo por él observado. De modo tal que los detalles del caso
se conservaban frescos en la memoria del testigo.
Los hechos según
el relato de los testigos
Los pormenores
del caso son los siguientes: en la madrugada del 7 de enero de 1977,
aproximadamente a las 01:30, el general Baigorria dormía
con el balcón de su dormitorio abierto, a causa de la elevada
temperatura reinante. A esa hora, las condiciones meteorológicas
eran excelentes, con cielo despejado y visibilidad ilimitada. El departamento
donde habita el testigo está ubicado en un sexto piso de un edificio
del barrio de Palermo, a pocos metros de la avenida Santa Fe
(una de las más importantes de la ciudad), gozando de inmejorable
visión, en particular hacia el sudoeste, oeste y norte,
En ese momento, la Sra. de Baigorria -que reposaba al lado de su esposo-,
todavía despierta, fue sobresaltada por la inesperada irrupción
de una fuerte luminosidad, que penetraba por el balcón.
La señora despertó de inmediato a su esposo, señalándole
el extraño fenómeno. Ambos pudieron entonces percibir
con toda claridad, la presencia de un objeto de forma discoidal, suspendido
en el aire a menos de cien metros de donde se encontraban, Era sumamente
luminoso, de color rojizo, pero no irradiaba como podrían hacerlo
un faro o una linterna, sino como una brasa viva que se destaca en la
oscuridad, "como un disco de fuego, sin llamas". El objeto
poseía un tamaño superior a cuatro veces la luna llena
y se mantuvo en esa posición, oscilando a una altitud estimada
en un centenar de metros (cálculo basado en la relación
de las alturas de los edificios circundantes).
El general Baigorria, que se hallaba en el balcón, se dirigió
presuroso a buscar sus prismáticos, guardados en el cajón
de un armario, con el propósito de lograr una visión más
nítida; pero en ese preciso momento, el disco se oscureció
de improviso, desapareciendo de la vista. Sin embargo, segundos después,
el testigo pudo apreciar que en la misma dirección en que estuviera
el disco luminoso, aunque más lejos, se movía la
silueta de un objeto aéreo, con forma de dos platos hondos superpuestos
por los bordes, de color gris claro, con líneas verticales con
apariencia de "ventanillas" o compartimentos. El testigo no
tuvo dudas de que se trataba del mismo fenómeno, captado en dos
instantes diferentes de su trayectoria.
El "platillo" se desplazaba en direción Sud-sudoeste,
a velocidad moderada y terminó por desaparecer detrás
de los edificios altos de la zona. Su movimiento se cumplía
de manera absolutamente silenciosa y no producía chispas
ni dejaba estela alguna a su paso. Carecía de luminosidad propia
y los detalles referidos por el testigo eran perceptibles gracias a
la luz de calles y edificios. Esta última circunstancia confirmaba
plenamente la estimación de los testigos en el sentido de que
la altura en que se manifestaba el fenómeno era relativamente
escasa.
Conclusiones
En este episodio,
la confiabilidad de los dos observadores -el general Baigorria
y su esposa- se halla fuera de toda duda razonable. Se trata
de personas adultas, serias, equilibradas y cultas, que en ningún
momento pensaron de lograr notoriedad con su insólita experiencia,
la cual, como antes indicáramos, quedó confinada a la
intimidad familiar. En particular, el general Baigorria es un observador
calificado, por su vasta experiencia como aficionado a la caza mayor,
por el él practicada durante muchos años en variados escenarios
naturales; pero especialmente en la provincia de La Pampa.. Además,
nunca antes se había interesado por el tema OVNI; ni aún
después de esta experiencia. Sus ocupaciones eran de otra índole:
historiográficas y culturales. Todo ello, confiere a su testimonio,
describiendo una inusual transición de fases en el fenómeno,
muy alta relevancia.
En cuanto a la posibilidad de un error de interpretación, ella
parece remota, máxime teniendo en cuenta que la observación
no fue fugaz y se prolongó por al menos un minuto. Es harto evidente
también, que ninguna explicación de índole astronómica
o meteorológica, ya se trate de planetas, estrellas, meteoros,
nubes lenticulares, etc. resulta aplicable a este avistamiento.
Por otro lado, el desplazamiento silencioso del fenómeno y las
características luminosas del mismo descartan concluyentemente
la de por sí improbable hipótesis de un helicóptero
(el comportamiento cinemático del objeto excluyen también
la posibilidad de un avión -carente de luces reglamentarias y
volando con enorme riesgo sobre una zona de profusa edificación
de altura).
Que se tratara de un globo sonda tampoco es lógicamente aceptable
considerando la fuerte luminosidad del fenómeno, así como
su brusca transición de una fase luminosa a otra oscura.
A propósito de este último aspecto, es interesante subrayar
el hecho de que se trata de un fenómeno poco frecuente en la
casuística OVNI y mucho menos conocido a nivel tanto periodístico
como popular. Como ya lo destacara Jacques Vallee, en esos casos los
objetos insólitos son observados bajo dos fases: una fase oscura,
durante la cual son vistos como cuerpos sólidos y estructurados;
y una fase luminosa, cuando aparecen como "esferas llameantes",
o globos de fuego. Muchos testigos han sido inicialmente atraídos
hacia los objetos por esa extrema luminosidad.
En suma, creemos que no es posible encontrar una explicación
convencional razonable para esta observación y que el fenómeno
involucrado en la misma sólo puede categorizarse como objeto
no identificable en términos corrientes y habituales. No debe
excluirse totalmente la probabilidad de que otras personas hayan percibido
el fenómeno aéreo descrito por los testigos de este caso,
aunque conspiran contra aquella el carácter silencioso del OVNI
y la hora de su aparición. Al menos, la prensa no recogió
ninguna información a este respecto y no se publicó noticia
alguna sobre avistamientos en la ciudad, para esa fecha ni para los
días subsiguientes. ¿Se trató entonces de un avistamiento
fortuito, o de un misterioso display, con destinatarios deliberadamente
elegidos ? Esta última presunción es, por supuesto, absolutamente
especulativa.
Como en la gran mayoría de los eventos con esta clase de manifestaciones,
no parece nunca viable alcanzar conclusiones categóricas. Siempre
quedamos con una incómoda frustación: por un lado, testigos
perfectamente creíbles ven fenómenos que no se incluyen
en ninguna de las entidades conocidas; por otro, sin embargo, esos avistamientos
nada nos dicen acerca de la última naturaleza de las mismas.
"Algo se ve, pero no sabemos qué": a tal respuesta
coincidente arribaron, hace ya muchas décadas, tanto el capitán
Edward I. Ruppelt- quien fuera jefe del Project Blue Book - como
el gran pensador Dr. Carl Jung. Lamentablemente, aún hoy,
debemos subscribir tales conceptos.
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