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DE LUCES Y CRIATURAS.
II Parte: El Duende
Patricio Parente
En la 1ª parte
del estudio nos habíamos centrado
en la vivencia de una
niña de 10 años, que en los alrededores de julio
del 2000 había presenciado algo así como una "familia
de enanitos". Entidades de tamaño poco menor al de la
niña, que por su forma, color, comportamiento y lenguaje parecían
extranjeros en la zona, habían transitado por los alrededores
de su casa y luego se habían ido dejando unas huellas. La agente
sanitaria del lugar había confirmado las mismas porque asombrosamente
había llegado momentos después del episodio; y tanto ella
como la maestra de la pequeña no dudaban de su sinceridad.
Al final del relato advertimos sobre otros casos actuales morfológicamente
vinculados al de Marisol, como así también sobre posibles
antecedentes folclóricos para encuadrar e historizar esta clase
de vivencias. Esos objetivos los materializaremos en las líneas
que siguen.
Habían pasado cinco días desde nuestro diálogo
con la pequeña Marisol, era el 20 de marzo y ya de regreso en
Payogasta, el Sargento Jorge Leonel Tolaba (42) después
de contarnos ciertas experiencias que había vivido nos advirtió
que los chicos de la Escuela Albergue del lugar habían visto
al "petiso", un ser pequeño al que le brillaban los
ojos y se escabullía serpenteando los arbustos adyacentes a la
institución. Lo curioso es que el episodio había trascurrido
el día anterior, y tres chicas junto con una de las preceptoras
de la escuela (Noemí Vásquez) habían dado su aviso
a la policía. El cabo Luis Escaray fue el encargado de
tomarles testimonio alrededor de las 11 pm; según el cabo era
difícil que se tratara de una broma por el genuino miedo que
se adueñaba del rostro de la jóvenes. Además, no
resultaba menos raro que los jóvenes se acercaran a la policía
para solicitar su ayuda, teniendo en cuenta las tensas relaciones que
mantienen, esto confirmaba lo perturbador de la vivencia.
Estos datos eran un pequeño indicio, pero su actualidad y sus
características tentaron nuestras intenciones por conocer qué
había sucedido, tendríamos que hablar con los protagonistas,
es por ello que nos dirigimos al albergue.
El duende del albergue
El
albergue para adolescentes que está a las veras del río
Calchaquíen el pueblo de Payogasta depende de la municipalidad
y da cobijo a chicas y muchachos menores de edad que vienen de puestos,
caseríos y pueblos de las inmediaciones.
La instalación se divide en dos dependencias asignadas a varones
y mujeres que estudian, cocinan y conviven con la atención esmerada
de docentes y preceptoras.
En general los jóvenes de esta generación no son conocedores
de las tradiciones de sus padres, a veces escuchan historias que no
pasan a engrosar su mundo y es una particularidad de los Valles el que
la comunicación entre padres e hijos no sea del todo fluida,
quizás por el tipo de vida extremadamente laboriosa que llevan
obligando a que desde muy pequeños tengan que trabajar, casi
siempre duramente.
Esta referencia es destacable ante los sucesos que vamos a describir
pues se observa una barrera muy diferenciada entre el mundo de estos
adolescentes y el de sus progenitores, espacio en el que algunas creencias
apenas cruzan la barrera generacional. Es por eso que la explicación
de testimonios no se puede reducir en principio a consecuencia de transmisión
y circulación de leyendas. Estas sólo dan cuenta de un
marco para interpretar los hechos, no para validar su veracidad.
Cuando llegamos a la institución,
los jóvenes comenzaron a acercarse tímidamente y a formar
un semicírculo, pero la presencia de muchos de ellos cohibía
que alguno tomara la palabra, entonces nos desplazamos unos metros al
lugar donde habían ocurrido los hechos para darle movilidad al
diálogo, fue allí que nos contaron.
Los chicos nos confirmaron que el día anterior, el martes 19
de marzo, la presencia de una rara entidad llamó la atención
de casi todos, especialmente de René Mamani, uno de los "líderes"
de la pequeña comunidad. Ya eran pasadas las 20 horas, cuando
este respondió al llamado perturbador de Elizabeth Lera,
quién entró llorando a la habitación porque decía
ver algo extraño tras el alambrado que sirve de perímetro
al edificio. La joven se había estremecido porque al observar
los ojos oscuros de un pequeño ser.
Una presencia, un niño extraño espiaba tras el alambrado
en dirección a las habitaciones. No se le veía el rostro,
vestía con ropas oscuras, calzaba en su cabeza un gorro o sombrero
cuyas líneas se hacían difusas en la oscuridad. Solo en
algunos momentos se podían distinguir un par de ojos oscuros
grandes e inquietantes, que brillaban como un vidrio en las penumbras.
René preguntó quien era, no hubo respuesta, acto seguido
avanzó unos pasos mientras la mayoría de sus compañeros
se refugiaba en el edificio con visible temor, volvió a preguntar
que quería y al acercarse a tan solo unos metros el ¨enano¨
se metió tras unas matas de pasto.
Relata
Mamaní que sus movimientos eran raros, que se desplazó
vertiginosamente pegando un salto que, juraría, lo llevó
por el aire no menos de cuatro metros.
En su escondite el extraño estaba cuando el joven se aproximó
sin salir del área alambrada. Allí lo vio nuevamente.
Le gritó, hizo valer su hombría para luego ver otro salto
imposible tras el que "el petiso", o lo que fuera, prácticamente
voló por los aires para buscar nuevo refugio dentro de un monte
de pasturas.
A los pocos minutos todos estaban fuera sabiendo que el ser se había
apartado de el albergue y sin divisarlo comentaron sus impresiones.
Elizabeth Lera, la joven que primero lo vió, tras su desaparición
fue presa de un estado de pánico que obligó, como comentáramos
al principio, que un grupo de chicas fueran a radicar la denuncia a
la policía del pueblo solicitando que recorriera las inmediaciones.
Una segunda aparición
La
misma noche de la entrevista (20 de marzo) nuestro pequeño grupo
de tres decidió vigilar el cielo en busca de las mentadas luces
de la zona. La noche nos encontró bajo un cielo estrellado casi
tumultuosamente, y no pasaron minutos cuando el sonido de la suave brisa
se detuvo y un silencio profundo acaparó todo el valle. Primero
oímos lejanos ladridos de perros, que no es nada extraño,
salvo que se hizo sostenido y contagió a todos los canes del
área. Inmediatamente rebuznaron los burros, lejos unos de otros
con un tono de inquietud, y tal era el ambiente que nos hizo presa de
una sensación extraña.
El caso es que durante ese momento, como luego nos enteráramos
al día siguiente, el famoso ser apareció en el albergue
otra vez siendo visto por más chicos.
Como los hechos tomaban cierta trascendencia, necesitábamos hablar
con algún referente adulto que estuviera en esos momentos, fue
así que nos dirigimos a la casa Esther Turquini (33).
Ella era desde hace 2 años la otra preceptora encargada del albergue,
y a diferencia de Noemí, la preceptora que se encontraba la primera
noche, se dispuso a hablar con nosotros. Esther nos confirmó
el rumor sobre la segunda aparición; aunque no pudo observar
nada, ella misma había estado en el albergue en ese momento:
Gaceta: ¿Qué pensás realmente como preceptora,
se ve eso? Porque inclusive pusieron sobre aviso a la policía.
Esther: si, si...si ellos hubiesen sido unos o dos( que dijeran
verlo), no le creo muy...mucho, pero a mí me dicen todos los
del albergue, y anoche dicen que lo han vuelto a ver, dicen que estaba
en el alambrado del fondo columpiándose..., o sea, yo he sentido
que han tirado dos pedradas; después fui a ver al fondo porque
hay unos reflectores, pero no...no he visto nada...
Gaceta:
¿A qué hora fue esto?
Esther: Once y cuarto, once y media de la noche, más o
menos...y los varones del ala de allá me decían "pero
como usted no lo ha visto, si usted andaba ahí, y él andaba
por ahí...", pero yo no lo he visto.
Gaceta: ¿Los pibes lo veían al mismo momento que
vos estabas revisando el lugar?
Esther: Claro, dicen que cuando me volvía estaba atrás
mío, estaba columpiándose, me decía uno esta mañana...
Gaceta: ¿A la otra preceptora (Noemí Vázquez)
le pasó lo mismo?
Esther: No lo veía ella, y dicen que el que se acercó
más es René Mamaní, el sí me dijo, él
se ido a acercar, es el más corajudo del albergue...por cualquier
cosa sale, yo le digo "no te vayas", porque a veces van chicos
del pueblo a molestar a la chicas allá al albergue...
Se dio una situación
particular en cada una de las noches, las dos preceptoras del albergue
estando presentes en ese momento y mientras los adolescentes juraban
ver al pequeño ser, ellas no lo veían. Situación
que no es para nada contradictoria, es más, es a menudo recurrente
que mientras una persona observa una extraña luminosidad la otra
no la vea (ver caso Omar Gonza) Por eso Esther afirmaba "yo
no se que es, pero los chicos durante muchos años lo han visto.
Es algo que no ven los grandes, que se evade cuando un mayor aparece,
pero los chicos no mienten, no se les da por ese lado".
Reforzando aún más la validez de los relatos, nos comentó
sobre un comportamiento singular de los chicos como consecuencia inmediata
de la primera noche de la aparición: "ahora se han dedicado
a leer la Biblia...y cosa que nunca antes, o sea, damos gracias para
cenar, para el almuerzo...,y ahora a cada rato van a buscar la Biblia".
Era un comportamiento bastante raro para jóvenes que poco tiempo
atrás se quejaban tanto de la lectura de salmos como de la presencia
de catequistas. Con esto no queremos dar cuenta del objetivo religioso
de la entidad observada, sino la intensidad de la vivencia, tal es así
que "las chicas, ahora, están más asustadas...porque
quieren que vaya a dormir a las piezas de ellas". Esto llega
a tal punto que Elizabeth Lera, la joven que más se había
asustado no puede ver ni muñecos.
Todos estos datos que nos brindaba la mujer eran doblemente importantes:
por un lado daban cuenta de la sinceridad de los testimonios; por otro
lado, establecían un puente con el relato de Marisol: no era
también una niña la que había visto los enanitos?,
no se columpiaban estos también? Si bien no golpeaban los vidrios,
no arrojaban piedritas en el techo? Y los que es más sorprendente,
por qué ninguna persona adulta podía ver lo que ellos
veían?
Otro pequeño testigo
Nuestro
diálogo con Esther ya casi estaba llegando a su fin cuando, y
como recordando repentinamente, nos comentó un dato que llamó
nuestra atención. La noche de la segunda aparición (20
de marzo) había llevado a la Escuela a su hijo más pequeño
(4 años) que se quedaría a dormir con ella, y esto fue
lo que pasó:
"Anoche, cuando lo caminaba para dormir y...y no quería
dormirse, me acuesto con él y me dice "...no quiero dormirme,
quiero ir a jugar, y me está esperando afuera mi amigo...",
y pateaba "...yo me quiero ir" y le digo "...no hay ningún
amiguito" le digo yo, y estaba intranquilo, se corría
de un lado para el otro, lloraba...
Esther le contó al marido sobre la extraña conducta del
pequeño, pero ninguno de lo dos podía entender lo que
había sucedido, porque si bien el niño tenía un
amigo, en ese momento estaba durmiendo; así y todo seguía
insistiendo que afuera estaba su "amiguito".
Gaceta: ¿Y él se durmió después?
Esther: Sí, después se durmió, pero lo he
tenido que agarrar...
Gaceta: ¿Suele decir que tiene un amiguito?
Esther: Y él, o sea...el juega con sus autitos, y conversa
o habla solo, pero nunca que diga que tiene un amigo afuera que lo está
esperando.
Gaceta: ¿Es la primera vez que lo lleva a la Escuela Albergue?
Esther: No, ya varias veces lo llevé.
Gaceta: ¿Te lo dijo antes eso?
Esther: No nunca, y acá (casa) tampoco, la primera vez
fue anoche, justamente me dijo.
Gaceta: ¿En algún momento estuvo afuera?
Esther: Sí, si estuvo jugando afuera...
Como cuenta su madre,
ese estado de intranquilidad o exaltación no era un comportamiento
recurrente del pequeño, solamente aquella noche ese capricho
se había apoderado de él. Pero que sea capricho no implicaba
que estuviera infundado, parece ser que había estado jugando
con alguien que lo estaba esperando; es una coincidencia que esa misma
noche los chicos del albergue hallan visto al petiso?
Esther nos contó otra curiosa experiencia que ella misma había
presenciado: "yo no he visto nada, pero esto pasó la semana
pasada, y justo estaba a la noche, en la pieza donde yo duermo, estaba
haciendo los deberes de notificaciones, los cuadernos de notificaciones
de cada chico, donde se pone el ingreso y el egreso de cada uno, y estuve
yo hasta las 12, 12:15. Estaba con dos chicas esa noche y ellas se han
ido a dormir, y después yo me acuesto y sentía que...primero
despacito y después un poco más fuerte, y me golpeaban
el vidrio de la ventana( que da hacia el río) y un ruido como
cuando se rompe el plástico con la uña. Justo como una
de ellas estaba despierta (de las nenas)...todavía le digo yo
"María Emilia, vamos a ver que parece que hay chicos del
pueblo (...) salgo y no veo nada esa vez...y la verdad que se me ha
puesto la piel de gallina y me he ido a dormir con las otras chicas"
Antecedentes. El viejo
Albergue
Estos
sucesos, aunque demasiado actuales, no eran nuevos para la región,
Esther relató que antes de habitar el edificio nuevo, el albergue
estaba ubicado detrás del pueblo, hacia el este, y que allí
era frecuente que otros chicos relataran lo mismo, que el duende apareciera:
"Los chicos de quinto del año pasado, ellos decían
que era sombrerudo, que no se le veía la cara y se columpiaba",
también agregó que le contaban que andaba descalzo y era
chiquitito. Y aunque no le veían el rostro, unas chicas le vieron
los ojos rojos.
Era casi inevitable que lo vieran a menudo porque decían que
se colgaba de la manguera del calefón que daba adentro del recinto
donde ellos cocinaban. A los ingresantes les daba miedo, y se negaban
a ir a la cocina porque según ellos "siempre hay un petiso
que está meta colgándose de la manguera...".
En cambio los que se acostumbraban a convivir con la entidad "ya
no le daban importancia porque ellos pasaban por ahí y "él"
no les decía nada..., ellos cocinaban, en fin, pero no los hablaba
ni nada"
A su vez los preceptores le contaban que de noche se caían los
libros de sus estantes sin que nadie estuviera presente. Los hechos
se visten de una ropaje más enigmático si tenemos en cuenta
que el edificio parece estar asentado sobre lo que era el "antiguo
camino del inca".
Una presencia ajena al lugar, o tal vez más antigua que el lugar
mismo, deambulaba tanto en el albergue viejo como el nuevo, pero según
la preceptora había una diferencia "el año pasado
eran dos o tres chicos que decían de allá(escuela vieja),
pero acá me dicen todos lo mismo(...) uno a uno les pregunto
y todos lo ven de la misma forma".
Todos estos episodios
generaban cierta intranquilidad tanto en la preceptora como en los jóvenes
residentes, y no por daños causados por la entidad, porque por
los relatos, parecía más juguetón que agresivo.
Lo que asustaba era consecuencia de las interpretaciones o explicaciones
que se daban para los episodios. Los chicos decían que era el
caburé, una clase de brujo que estaba buscando alguna persona
para llevarse. Esther no había podido dormir toda una noche por
lo que le había dicho su suegra sobre los duendes "tené
cuidado porque ha veces lo sacan a los chicos y vos te vas a dormir
y él va salir".
"Se dice que el petiso es un alma que le fue quitada la vida
antes de nacer. - comenta Turquini- Que busca un chico que sea
familiar de alguien que abortó para perseguirlo y asustarlo,
para vengarse. Se comenta que antes, algunos tiraron fetos donde hoy
está el albergue, y los chicos no quieren hablar mucho por si
alguno de ellos es el elegido, entonces no dice nada..."
Es más, al creer conocer el origen del problema, se intentaba
darle solución "ahora estamos por hacer la gruta de la Virgen,
y llevar al padre a bendecir, porque no está bendecido".
Pero si la naturaleza del ser no anunciaba daño alguno, ¿porqué
el miedo? ¿Porqué tales interpretaciones? Antiguos relatos,
aunque "disfrazados" de leyendas, podrían ayudarnos.
Entre
las sensaciones humanas y los hechos hay una distancia, las emociones
no reaccionan
instantáneamente ante las circunstancias vividas, siempre median
ciertas interpretaciones o marcos explicativos mediante los cuáles
encuadramos o le damos sentido a las vivencias. Nuestra mente no es
una caja vacía, sino una caja con información almacenada,
es esa información la que utilizamos cómo guía
para dar sentido a la experiencias.
Esto es evidente en el caso que nos ocupa, el comportamiento de la entidad
no insinuaba consecuencias malignas, sin embargo las personas manifestaban
susto o miedo, ciertas ideas estaban mediando para provocar esas emociones.
Creemos que tales ideas se explican por su relación con las leyendas
o antiguas historias del lugar.
El duende y la luz
Esta es una de las
dimensiones más fascinantes de la dinámica de lo enigmático.
Cuando uno accede a los relatos orales y escritos de las personas, inevitablemente
encuentra un comportamiento semejante entre los duendes y las extrañas
luces que vagan en la zona. Los dos fenómenos parecen querer
mostrarse pero no se dejan ver lo suficiente, se acercan pero antes
de poder asimilarlos completamente, se alejan dejando vestigios de extrañeza.
Esta idea nos fue impuesta por el transcurso mismo de los acontecimientos
que relevábamos, por eso, lo que parece una infundada relación
entre dos "entes de leyenda", es producto, en realidad,
de dos fenómenos que se estaban desarrollando en un mismo lugar.
No hay que olvidar que el albergue donde el duende hizo su aparición
como el lugar donde Marisol observó a los enanitos se encuentran
ubicados en poblaciones muy cercanas a la recta Tin Tin, sendero plagado
de avistamientos ovni y una de las regiones predilectas de los "faroles".
Por otro lado, leyendo las páginas de los autores mencionados
encontramos interesantes datos que le darían más solidez
a nuestras suposiciones. Eso se ve reflejado en un relato relevado hace
20 años por Pajés Larraya; Galindo Cola, pequeño
de 12 años de la localidad de Abralaite, provincia de
Jujuy relataba "...i visto a un negrito...así
grande era, gris, brilloso, ...llevaba gris todo relumbrante y era cabeza
cuadrada (...) Aquí (manos) llevaba así, y otra aquí
y otra aquí, aquí un coso blanquito saliendo así(describe
una pinza y una prolongación que despide un haz blanco)...esa
luz era una luz potente, brillaba gris, como estaría pegao ahisito,
pegándonos(dando sobre el cuerpo) así estaba(...) Un señor
dice que ha visto ese mismo día que i visto yo, la misma hora
allá arriba(en la montaña) un hombre, dice que venía
chispiando...tirando así chispas de colores, todos los colores,
ellos venían de la mina El Abra y él vió"
También a Berta Vidal en la provincia de Neuquén, un niño
de 11 años le contaba: "el duende es chiquito. El hace
una luz, como un machete de luz, y ahí se escuende, se desaparece.
Mi papá dice que lo vio en Chile al lau de la casa donde vivía.
Porque mi papá es chileno, pero ahí hay mucha gente que
lo ha visto. Hay que tener cuidado porque se lleva a los niños..."
En la misma provincia una mujer cuenta "dicen que vive en el
monte un enano. Yo lo hi visto en apariencia, pero de verlo, no. Se
ve como en medio di una luz. No se ve claro. Se siente un beso cariñoso
en el viento, no se ve nada. Ese es el enano..."
Estos relatos por sí solos expresan la intrínseca relación
entre la entidad y la luminosidad, y no tanto porque estuvieran presentes
en un mismo momento, sino porque parecían fundirse formando una
unidad, dando a entender la naturaleza compartida de ambos.
Más allá
de esta naturaleza y a pesar que las leyendas e historias de los lugareños
dan cuenta de su presencia desde tiempos remotos, tanto unos como otros
siempre se revelan como foráneos o extranjeros de los lugares
que aparecen. Entonces, ¿qué los hace distintos? Quizás
sea que no forman parte de ningún fenómeno natural o humano
hasta ahora conocido.
En estos dos capítulos intentamos dar cuenta de dos personajes,
aparentemente de leyenda, que cobraban vida en poblaciones cercanas
a la recta Tin Tin. En el próximo capítulo daremos a conocer
hechos acaecidos en otra población cercana a la recta con atributos
no menos inverosímiles.
III Parte: "Patas
de cabra"
Continua
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