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1994. ROQUE PÉREZ 'UNA ZONA VENTANA' (última
parte)
Si
no leiste la primera parte de este reportaje,
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aquí .
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Murga
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"un
"aparato" enorme (al menos cuatro veces su camioneta),
que lo sobrepasó en dirección NE, es decir,
en dirección al pueblo. Aun si haber salido de su asombro,
otro objeto similar pasó detrás del primero"
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Paulerena
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"De
la luz grande blanca salían para atrás por lo
menos cuatro rayas (quiere decir franjas horizontales y paralelas)
de todos colores"
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Villa
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Agradecimientos:
Desde estas
páginas queremos agradecer a las siguientes personas
que, sin su colaboración, poco habríamos realizado:
Roberto Barral,
quién nos permitió usar su casa como "base
de operaciones" o mejor dicho como si fuera la nuestra.
Además, por difundir nuestra labor a través
de su programa de radio y televisión gracias al cual
se acercaron muchos testigos.
Aurelio Castellani y Sra.. Un interesado en la temática
a partir de una experiencia en su juventud, que nos brindó
valiosas referencias y testigos. Y por su compañía
en las noches de vigilia en los campos.
Matrimonio Natero. Otro matrimonio interesado en el
tema, testigos de algunas de las luces, que también
nos ayudaron con datos y referencias. Ellos fueron los "culpables",
con su alerta telefónica del martes 9 de agosto, de
nuestra frenética serie de visitas a Roque Pérez.
A todos los testigos mencionados en este trabajo que brindaron
desinteresadamente sus testimonios.
Y a todo el pueblo de Roque Pérez y alrededores por
"soportarnos" y colaborar gentilmente con nuestro
trabajo.
Teté
Alegreti: El jóven dueño del
video club "Friends", que nos brindó mucha
ayuda con los nombres de los
testigos. Además, gracias a él y a su hermano
nos evitamos el trabajo de
peinar los campos de la región en busca de las huellas
en el girasol.
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Referencias
y Notas
(1) Y que me perdone Carlos Ingaramo por referirme así
a su viejo Dodge 1500 pero ante el cual, debo reconocer, a pesar
de su aspecto poco menos que calamitoso, me tengo que sacar
el sombrero pues fue el fiel compañero en los miles de
kilómetros que recorrimos y por el que guardo los mejores
recuerdos.
(2)
En Buenos Aires enviamos las muestras al INTA. Los resultados
fueron más que interesantes. Según estos se registró
un desmesurado aumento de Fósforo asimilable.:
Zona normal del campo: 6,3 ppm (partes por millon)
Huella 1: 16,1 ppm
Huella 2: 8,4 ppm
Huella 3: 38,5 ppm.
Aumento que llamó poderosamente la atención del
ingeniero que realizó el análisis. Era como si,
en esos sectores, se hubieran echado cantidades desmesuradas
de fertilizante o abono, cosa que no había ocurrido.
Se descarta la acción de microorganismos que afectaran
a los girasoles, las plagas no dejan este tipo de marcas, además
lo que no se explica el porque de las malformaciones de todas
las plantas del perímetro.
(3)
Claro que para semejante emprendimiento pudimos contar con la
invalorable colaboración de otros investigadores como
Omar Merodio, Jorge Dewey y Oscar Bay y, por supuesto, de los
habitantes del lugar.
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Juan Pablo Gómez
Y como bien decía,
Roque Pérez nos deparaba mayores sorpresas....
A fines
de septiembre, siempre hablando de 1994, habíamos
realizado nuestra última visita a Roque Pérez, aunque
sabíamos que debíamos regresar tarde o temprano.
Durante los siguientes meses de octubre y noviembre dirigimos nuestras
pesquisas también hacia otras regiones de la provincia de
Buenos Aires, visitando ciudades como Azul, Tandil, San Manuel y
Punta Indio (en futuras ediciones contaremos sobre estas); a la vez
que organizábamos los numerosos testimonios y referencias que
los roqueperenses nos habían brindado.
Nuestros cuadernos de campo contenían un sinfín de anotaciones:
fechas, nombres, dibujos... No nos avergonzaba reconocerlo: la magnitud
de la oleada nos había superado. Poco a poco fuimos desgrabando
los cassettes -unas 2.000 horas de grabación- y volcando al papel
cada uno de los incidentes.
Cabe señalar que por referirme solamente a 1994 han quedado en
el tintero avistamientos anteriores y posteriores a este año
que no tienen desperdicio y que, seguramente, en un futuro no muy lejano
verán la luz.
Los primeros días de diciembre llegó a nuestros oídos
una referencia sobre una más que interesante observación
a plena luz del día. Según la versión, dos personas
habrían presenciado el paso de un avión de línea,
en dirección a Buenos Aires, seguido por dos "globos"
plateados.
Era suficiente motivo para adelantar una nueva visita a la región.
Y el 11 de diciembre Carlos Ingaramo, Daniel López y quién
esto escribe estabamos en Roque Pérez charlando, una vez más,
con el siempre dispuesto y amable Aurelio Castellani; quien una
y otra vez se lamentaba por haber llegado segundos después del
avistamiento: "...cuando paré el auto -nos decía
con evidente fastidio- y vi que estaban mirando para arriba me dije:
- estos seguro vieron algo- y me apuré a bajar. Cuando me acerqué
estaban comentando entre ellos y les pregunté: -¿Qué
vieron? - y el muchacho de la soderia me dijo: -"como dos globos"
- y el otro interrumpió y dijo: -¡Que van a hacer globos
si lo pasaron como parado al avión!...Y yo por segundos no alcancé
a verlo, ya solo veía al avión a lo lejos..."
Y su lamento era muy bien comprendido por nosotros...quienes estamos
acostumbrados a "llegar tarde"...o por el contrario - y pareciendo
ya una broma del destino- a llegar antes de que se produzcan las observaciones.
Como pasó con Roque Pérez, por ejemplo. Para el investigador
de campo esto no es una novedad. En más de una oportunidad nos
ha ocurrido detenernos en ocasionales poblados en los cuales, para no
perder la costumbre, consultamos sobre la actividad de los "no
identificados". Y no porque nos hubiera llevado allí una
denuncia OVNI, sino, simplemente, porque los atravesamos en los viajes.
Claro que, generalmente, recibimos un "nooo, por acá no
pasa nada" como respuesta del sorprendido paisano. Pero resulta
que después, al poco tiempo (y cuando no a poco de irnos), nos
enteramos que en ese mismo lugar donde estuvimos preguntando, se registraron
importantes (y a veces, hasta numerosos) avistamientos. En fin, éstas
son algunas de las perlas que la investigación de campo brinda
y lo deja a uno meditando...(amén de maldiciendo).
Pero volvamos a Roque Pérez y a los "globos"...
"Fue el día 13 de Octubre, a las cinco y diez de la tarde
y lo recuerdo bien porque estaba jugando Boca-River" - nos
explicaba nuestro amigo Castellani - "Estos dos muchachos estaban
en una esquina frente a la plaza Mitre (Yrigoyen y 9 de Julio), esperando
que abra el negocio de bulones, cuando me acerqué acaban de verlo...iba
el avión (hacia Buenos Aires) y los globos le pasaron por afuera...¿pero
eran como discos?- les pregunté - "Sí como discos
plateados...me contestaron".
"Pero eso me dejó impresionado ¡y el relato del
tipo!...Ahora el muchacho de la fabrica de soda dijo: -No, eran globos-
(como no dándole importancia). ¡Qué van a hacer
globos si lo pasaron al avión como parado!- dijo el otro. Claro
el tipo asociaba.... porque un globo tiene que ir despacito..".
Aurelio siguió recordando.
"El de la fábrica de soda medio lo tomó como que
eran globos. No le prestó mucha atención, en cambio el
otro hombre si...
...Yo no se si este chico de la sodería lo recordará bien...
más se interesaba en el partido de Boca-River que estaba jugando
ese día...".
Nos despedimos de nuestro amigo e inmediatamente salimos en busca de
los testigos. Se suponía que uno de ellos se apellidaba García
y vivía en las afueras del pueblo; el otro, tenía una
fabrica de soda sobre la calle Tarigo, a la cual visitamos en primera
instancia. No tuvimos suerte, era domingo y nadie nos atendió;
con cierto fastidio pero confiado que en otra oportunidad hablaríamos
con el testigo, continuamos la marcha y nos dirigimos, previas averiguaciones,
a la casa del tal García. Cuando lo localizamos y le explicamos
el porqué de nuestra presencia el buen hombre nos miró,
no sin asombro, y nos contestó que él nada tenía
que ver con OVNIs ni nada que se le parezca, es más, nunca había
visto algo extraño. Y como si no hubiéramos escuchado
su respuesta negativa volvimos a insistir explicándole que lo
habían señalado como testigo de una observación
de dos "globos" detrás de un avión, etc., etc.,
etc.. Seguramente al notar la paulatina transformación de nuestros
rostros en una evidente bronca contenida, García se sonrió
y nos dijo: - Aaah!. Al que ustedes buscan es a Izquierdo...él
vive más allá.
Ni tengo que decir que en fracción de segundos estabamos los
tres dentro del coche en dirección a su casa.
Indudablemente, y ahora que lo recuerdo, fue la sola presencia de tres
desconocidos provenientes de Buenos Aires, bajando de un auto que por
su aspecto dejaba bastante que desear (1) y preguntando por lo que había
presenciado el 13 de octubre, lo que provocó en el Sr. Izquierdo
una visible desconfianza con una buena dosis de susto.
Y no hubo caso, por más que le explicábamos como habíamos
dado con él y el porqué de nuestra visita, el buen hombre
apenas nos contestaba. ¡Ni hablar de grabarlo!. Mal que mal, pudimos
confirmar lo que Aurelio nos había adelantado.
Seguramente, con la intención de "sacarse de encima"
rápidamente a estos tres desconocidos, nos dijo que vayamos a
ver a un tal Murga que "también los había
visto". Considerando las circunstancias, decidimos que lo mejor
era marcharnos y volver a dialogar con él en otra oportunidad,
cuando estuviera más tranquilo. Le preguntamos dónde vivía
el Sr. Murga y nos despedimos.
Era curioso, pues nadie nos había comentado de un tercer testigo.
Y comprendiendo que su testimonio sería de gran importancia emprendimos,
nuevamente, otra búsqueda.
La primera sorpresa
Todavía enfrascados
en un intercambio de dudas e inquietudes llegamos al campo de los Murga,
en Juan Atucha. Nos atendió una señora muy amable
que se identificó como su madre, a quién le comentamos
nuestra intención de hablar con su hijo por el avistamiento en
el que habría participado de unos presuntos OVNIs, a plena luz
del día, siguiendo a un avión de línea. La mujer,
algo confundida, nos confirmó que sí, que su hijo había
visto OVNIs pero no como le explicábamos. Según lo que
el joven le había contado, una noche, mientras transitaba en
la camioneta hacia la ciudad, dos "aparatos" enormes los sobrepasaron
a baja altura...
No puedo expresar con palabras lo que en ese momento sentimos, nuestras
miradas lo decían todo y a pesar de no intercambiar frase alguna,
cada uno sabía que la sensación era la misma. Esa sensación,
mezcla de emoción y nervios, que bien conocen los investigadores
de campo ante una situación semejante, nos embargó. Ahora
nosotros éramos los sorprendidos, tanto que le pedimos a la señora
que nos reitere lo que acababa de decir pues queríamos estar
seguros que habíamos escuchado bien, y luego del breve relato
nos olvidamos por un momento de Izquierdo, los "globos", el
avión... y como alma que lleva el diablo partimos en el Dodge
1500 (ya convertido en una Ferrari) en dirección a la casa de
su primo, donde, según su madre, se encontraba. No fuera cosa
que se nos escapara.
Carlos Javier Murga, así es su nombre completo, es un joven de
22 años, agricultor que no creía en lo que algunos habitantes
de Roque Pérez contaban sobre los OVNIs. Pensaba que todo eran
confusiones y, cuando no, mentiras. "Yo no creía en nada
de lo que la gente decía ver y me encuentro con esto, entonces
ahí comencé a decir, bueno, algo había"-
nos explicaba algo sorprendido. A poco de comenzar su relato se encargó
de aclarar que tres personas más habrían visto esa noche
el mismo fenómeno (o algo semejante prefiero decir), pero desde
diferentes puntos geográficos. Un tal Villa, que se encarga de
distribuir el gasoil en las estancias de la región y "el
hijo de Maurici con un empleado" que estaban trabajando en el campo.
Dos "caparazones de tortuga"
Eran las 20.30 h. aproximadamente de un día de octubre que Murga
no recuerda. Conducía su camioneta por un camino vecinal paralelo
a las vías del ferrocarril, en dirección a Roque Pérez,
cuando unos 12km. antes del centro urbano, observó atónito
por el parabrisas el sobrevuelo veloz y silencioso de un "aparato"
enorme (al menos cuatro veces su camioneta), que lo sobrepasó
en dirección NE, es decir, en dirección al pueblo. Aun
si haber salido de su asombro, otro objeto similar pasó detrás
del primero. Algo asustado apretó el freno de su vehículo
para detener la marcha...pero ya la oscuridad de la noche se los había
devorado.
Inmediatamente, y detenido en el medio del camino, tomó el micrófono
de la radio e informó a su madre lo que acababa de observar,
quién salió de su casa pero nada extraño observó.
Todo fue muy rápido, nos explicó Murga, fue cuestión
de segundos. Esos dos objetos, que luego de su descripción podemos
comparar a "caparazones de tortugas", lo habían sobrevolado
a unos 500 metros de altura y, según su parecer, logró
visualizarlos porque volaban justo por arriba del camino, sobre su cabeza.
De otro modo hubieran pasado desapercibidos pues no tenían luces
que los destacaran.
A propósito de su luminosidad expresó: "...como
que una luz lo enfocaba de atrás para adelante, pero no era una
luz que me llamara la atención, (era) así como una neblina...era
plateado o un azul como clarito... sin alas no tenía ni una ventanita...ni
luces que prendían o apagaban, nada. Yo iba así (señalando
el dibujo de la hoja) y me pasaron acá arriba, los vi porque
pasaron acá arriba (indicando con un gesto su vertical)
que sino no era una cosa que te llamara la atención, viste que
a veces ves una luz que te llama a la vista ahí no, para nada...lo
iluminaba pobremente".
"Eran dos...el que mejor vi (fue) el primero, el de atrás
no se engaña terriblemente pero por decirte algo a cien metros,
irían así (uno detrás de otro) pero muy,
muy ligero y los tres que lo vimos, vimos lo mismo, cuando quisimos
reaccionar no estaban más... "
Una vez que Murga finalizó
su relato, nos dirigimos inmediatamente a la ciudad de Roque Pérez
para ubicar al Sr. Villa. No fue difícil dar con él
dado que en la estación de servicio ESSO lo conocían.
Allí uno de los empleados nos indicó donde vivía.
En su casa, próxima a las vías del ferrocarril, nos recibió
y confirmó lo que Murga nos había adelantado. Por suerte,
él si nos pudo precisar la fecha de la experiencia porque llevaba
un registro de los días que hace el reparto de combustible.
Ese día precisamente abandonaba la estancia "La Reforma",
a unos 30 km. al sur de la ciudad. Y ese día también era
su cumpleaños: el 28 de Octubre de 1994.
"Salí de un campo que yo reparto gas oil y vi una luz
que quedaba para acá (se refiere en dirección a Roque
Pérez, es decir al Norte de su posición) así a
esta altura (el testigo indica con su brazo unos 10 grados sobre el
horizonte)... iba ligero y enseguida apareció por detrás
otra luz. La de adelante a mi me dio la impresión que se estiraba...hacía
así la luz...parecía que largaba cosas por atrás,
y atrás vi otra un poquito más baja...iban las dos a la
misma distancia...ligero, ligero muy ligero...pero la vi, no se, cinco
segundos y no la vi más...la de atrás hizo así
para abajo (indica con un gesto como que se perdiera bajo el horizonte)
y desapareció y la de adelante siguió un poquito más
y desapareció..".
Le pedimos más detalle a Villa del movimiento de la primera luz.
En cuanto al color y la forma expresó: "eran blancas...como
una pelota número 5 pero achatada...como una pelota de rugby...".
Cuando comparó la forma de esas luces con los dibujos de OVNIs
que le mostramos nos señaló dos, ambas figuras con formas
oblongas similares a "puros".
El propio Villa nos explicó como llegar al campo de Maurici,
que está ubicado sobre la ruta N° 20 camino a Beguerí.
Y hacía allí nos dirigimos. Queríamos obtener todos
los testimonios de esa noche, ya que el caso lo merecía.
Tras
recorrer el polvoriento camino, llegamos al campo en cuestión.
Allí nos recibió Maurici padre, a quién
le explicamos los motivos de nuestra visita y consultamos por su hijo.
El hombre se lamentó porque éste no se encontraba residiendo
en Roque Pérez, aunque nos confirmó lo del avistamiento;
claro que desconocía los detalles. Sin embargo no todo sería
negativo pues nos facilitó el nombre del trabajador que en esa
oportunidad estaba con el joven, se apellidaba Rizzo.
La confidencia...a
medias
Antes de
marcharnos, don Maurici nos sorprendió con una más que
interesante referencia. Nos contó que la noche anterior, estando
en una fiesta, había llegado a sus oídos un hecho muy
curioso, de reciente data. En un campo de la región, sembrado
con girasoles, se habían descubierto tres huellas circulares
de origen incierto y con características inusuales. Ni hablar
que nuestros corazones comenzaron a latir tan aceleradamente como mi
mano al tomar nota de los pocos (pero valiosos) datos que nos podía
brindar. El buen hombre, a nuestro pesar, evitó confesar el sitio
del descubrimiento respetando así la decisión del chacarero
de no informar la ubicación del campo, para evitar una invasión
de curiosos.
Abandonamos la estancia de Maurici en dirección a Beguerí
en busca del Sr. Rizzo. Durante el viaje, no dejábamos de pensar
en la manera de averiguar en que campo aparecieron las dichosas marcas,
y, por sobre todas las cosas, a quién le pertenecía. Al
menos teníamos algunas pistas a seguir: un campo de girasol (claro
que cientos de éstos existían en la región) pero,
sin embargo, nuestra búsqueda se limitaba al que perteneciera
a un chacarero que la noche anterior había participado de una
fiesta de casamiento en el pueblo.
Era un nuevo desafío. Y esto nos motivaba.
El testimonio del empleado
rural
Llegamos a Beguerí,
un pequeño poblado al Este de Roque Pérez, ya entrada
la tarde. Luego de consultar a la gente del lugar, logramos ubicar la
casa de Juan José Rizzo. Sin inconvenientes, este honesto
trabajador de 30 años, accedió a contarnos lo que presenció
el 28 de Octubre junto al Leonardo Maurici.
Esa noche, con un cielo completamente despejado, estaban trabajando
en el campo de Millán, a unos 10 km. al SE del centro urbano
de Roque Pérez cuando uno de ellos comienza a observar que desde
el NO se aproximaba una luz inusual. Pero dejemos que sea el propio
testigo quién lo describa. De nuestra charla podemos extractar
lo siguiente:
"Nosotros estabamos echando gas oil (al tractor) y me dice el
hijo de Maurici: -¡mirá, mirá viene una luz muy
bajita, iluminando, de todos colores...-. Primero no le di importancia
porque el chico era la primera vez que se quedaba conmigo en la casilla
y pensé que tenía miedo...y le dije: -dejá Leo,
dejá...-. Y me dice....pero vení, vení, vení,
mirá...y bueno cuando fui, que yo me retiro del tractor...veo
eso.
...Era de luz roja, azul, de todos colores. En un momento paró
ahí, quedó ahí y de ahí siguió fuertemente
como si agarrara para el partido de Lobos y después cortó
para Monte (se refiere a San Miguel del Monte)...
...Iba muy bajo y muy rápido...fue una cosa muy rápida
pero era una cosa que se alargaba, venía cositas más atrás...había
momentos que se hacía chiquitita y momentos que parecía
una cometa....
...Parecía un elástico....se achicaba y se agrandaba...hacia
como si fuera como los cohetes que prendés y caen un monton de
estrellitas...
...De la luz grande blanca salían para atrás por lo menos
cuatro rayas (quiere decir franjas horizontales y paralelas) de todos
colores y por ultimo quedaba como esos cohetes que vos tirás
para arriba y empiezan a caer como estrellitas más grandes (bengalas)...y
volvía todo de vuelta a la luz grande".
Creo que la descripción
de Rizzo es elocuente. No obstante para una mejor comprensión
de los movimientos del fenómeno es importante destacar lo siguiente:
La luz comienza a aproximarse a los testigos desde el NO a baja altura
para ellos. En ese momento la observan como una luz blanca más
o menos circular, de un tamaño importante aunque menor que la
luna. En cierto momento parece detenerse -aunque este punto no es seguro-
y luego cambia de rumbo hacia el E (hacia el partido de Lobos). Es en
esta nueva trayectoria cuando observan los movimientos de expansión
y contracción en el fenómeno (como un elástico),
con franjas luminosas de colores varios y "estrellitas" también
coloridas que se alejan y se acercan a la luz blanca grande, intermitentemente.
A poco vuelve a virar y toma rumbo S.E. (hacia Monte) donde la pierden
definitivamente de vista. (Se puede interpretar que en estas dos etapas
el fenómeno fue visto de perfil)
Todo fue muy rápido, menos de un minuto de duración.
Agradecimos a Juan José
Rizzo por su testimonio y nos despedimos. Abandonamos Beguerí
algo apresurados pues queríamos llegar a Roque Pérez antes
que anochezca. Teníamos por delante otro desafío: las
extrañas huellas...
Aquí abramos un paréntesis para comparar los testimonios
de la observación del 28 de Octubre.
Lo descrito por Oscar Villa y Juan José Rizzo presentan puntos
coincidentes con lo observado por el joven Murga. Veamos:
· La hora es coincidente en los tres (20.30).
· La dirección de vuelo (SO a NE) es coincidente para
Villa y Murga. Aunque la luz que percibe Rizzo y Maurici proviene del
NO, es decir, por su ubicación, desde Roque Pérez.
· Villa, al igual que Murga, hace referencia a dos objetos. Rizzo
y cía. solamente ven uno. Y es lógico si consideramos
que Villa previamente había observado desaparecer el segundo
objeto bajo el horizonte.
· Murga habla de "aparatos" mientras que Villa y Rizzo
hacen referencias a "luces". Obviamente en este punto juega
el factor distancia al fenómeno. Mientras que al primero le "pasan
por arriba", es decir la vertical de Roque Pérez, Oscar
Villa los ve desde unos 25 km. (en línea recta). Rizzo estaba
unos 10 km. pero el fenómeno tuvo una trayectoria de aproximación
hacia ellos, sin embargo no pudo determinar la distancia, "estaba
cerca"- dijo -.
· El tiempo de observación también es semejante
para los tres: Todo duró unos pocos segundos porque los objetos
iban "muy ligero".
Lo que llama la atención
es que Murga subraya que lo observado por él estaba pobremente
iluminado: "como una luz que lo enfocaba de atrás para adelante...pero
no era una luz que me llamara la atención"... , en cambio
a Villa y a los trabajadores rurales justamente les llamó la
atención las características luminosas que presentaba
y el efecto contracción-expansión que realizaba, efecto
éste último no visualizado por el primero.
Por otro lado, lo observado por Murga, según su descripción,
eran dos cuerpos de apariencia sólida con formas bien definidas
y bordes perfectamente delineados. De ahí que los denomina "aparatos".
Por el contrario, los otros testigos describen lo que podríamos
llamar "masas luminosas". Claro que los ángulos de
observación fueron diferentes.
Lo que también nos resultó curioso fue que no existieran
más testigos del paso de los objetos. Podemos suponer que sobre
el casco urbano no fueron muy visibles que digamos debido a la iluminación
propia del pueblo y, considerando lo dicho por Murga, a la escasa luminosidad
de los objetos. No obstante, seguramente habrá gente de la zona
rural que pudo ser testigo de la fase luminosa del fenómeno,
pero, como suele ocurrir normalmente, no vio la necesidad de informarlo.
A pesar de estas últimas diferencias supongo que todo parece
indicar que se trató de los mismos objetos vistos desde diferentes
puntos geográficos y en diferentes etapas.
Cerramos el paréntesis.
Ya en Roque Pérez, iniciamos las averiguaciones por el caso de
las huellas. La noche se iba acercando y queríamos, al menos,
localizar al dueño del campo. Las primeras consultas no dieron
resultados positivos, nuestros referentes desconocían la información.
A punto estábamos de abandonar el pueblo, posponiendo hasta el
fin de semana siguiente la búsqueda, cuando nos cruzamos con
"Teté" Allegreti, un joven que solía recoger
referencias de avistamientos en la región y que también
fuera testigo de las luces en algunas oportunidades. Le contamos todo
lo que sabíamos, que no era mucho por cierto, al menos para ver
si él podía averiguar algo más. Su respuesta nos
dejó de piedra. Pues justamente su hermano, sabía del
caso, conocía a los inquilinos del campo y, como si fuera poco,
había visitado las huellas.
A los pocos minutos, Gustavo Allegreti, se apersonó en
el vídeo club y nos contó con lujo de detalle lo que sabía,
describiéndonos las características de las marcas. Nos
explicó que eran tres círculos dispuestos a varios metros
uno de otro y que en su interior el girasol se había deshidratado,
quedando en pie algunas malezas. Y en cuanto a las plantas del perímetro,
éstas se encontraban "dobladas hacia fuera".
Nuestra impaciencia por conocer el lugar crecía segundo a segundo.
Al finalizar su relato, le rogamos a Gustavo que nos llevara a ver a
los dueños del campo -pues no era lo mismo que él nos
presentara, a que tres desconocidos los abordaran y comiencen a hacerles
preguntas por un descubrimiento que no habían hecho público.
Ya nos había pasado con Izquierdo y no queríamos que se
repita-. Subimos a los vehículos y nos dirigimos a la casa de
los hermanos Ferranti -ellos eran los que alquilaban y trabajaban el
lote-. Esta vez no tuvimos suerte. No estaban en su domicilio. Según
Allegreti acostumbraban viajar a una estancia a varios kilómetros
de Roque Pérez.
Finalmente, ya con la noche encima y cansados por tan agitado día
pero inmensamente satisfechos por los resultados, decidimos regresar
a Buenos Aires.
No voy a negar que mientras salíamos a la ruta, se nos cruzó
por nuestras mentes desplazarnos hasta la Paz Chica, a intentar ubicar
las huellas. No iba a ser difícil localizar el campo con las
referencias que Allegreti nos había brindado. Sin embargo, desistimos
de la idea dado que la oscuridad ya era total, y a pesar de contar con
linternas iba a hacer imposible trabajar correctamente. Tampoco teníamos
los elementos necesarios para la obtención de muestras, ni la
autorización de los Ferranti para acceder a su propiedad. Por
lo tanto, optamos por esperar hasta nuestra próxima visita. A
veces, la ansiedad puede jugar en contra.
Sábado, 17 de
diciembre de 1994
Durante
toda la semana rogamos a los dioses que no lloviera, pues temíamos
que afectara a las marcas, o lo que es peor, anegara la zona. Pero finalmente
llegó el día y muy temprano partimos hacia Roque Pérez.
Nos devoramos los 130 kilómetros por la ya familiar ruta 205
y llegamos a media mañana. Lo primero que hicimos, antes de ir
a ver a los Ferranti, fue ubicar y hablar con el dueño de la
sodería de la calle Tarigo; el otro testigo del avistamiento
del 13 de octubre que en la anterior visita no pudimos ubicar.
Hector Paulerena, de 25 años, lleva adelante la fábrica
de soda de su familia. El joven nos recibió con amabilidad pero
algo desconfiado, actitud que observamos durante toda la entrevista.
Se mostró extremadamente escéptico en cuestión
de OVNIs, y si bien confirmó el hecho y hasta admitió
la extrañeza de lo observado reconoció no haberle otorgado
mayor importancia.
"Vieron que hay gente que dice hasta que no lo veo no lo creo,
bueno, yo directamente no creo...", nos dijo en un momento
de la charla para despejar toda duda de su absoluto escepticismo. Claro
que para nosotros resultaba doblemente interesante que siendo tan incrédulo
reconociera que lo observado esa tarde fuera ciertamente extraño.
¿Y qué observó?. Dejemos que él lo cuente:
"Nosotros estábamos parados, con este chico Izquierdo,
esperando que abra la bulonería. Y él se pone a mirar
hacia arriba y miraba, miraba y bueno como estábamos los dos
juntos me puse a mirar. Yo miraba el avión y el me pregunta si
veía lo que venía atrás del avión. Creo
que eran tres... como si fueran, no se, un tamaño así
a la distancia, tres cosas plateadas que iban... aparentemente a la
misma velocidad del avión pero en distintas distancias, se veían
mucho más arriba. Y lo vimos hasta que se perdió y no
se vio más. Era un día completamente despejado, prácticamente
no había nubes. Eso es lo único que vi.
.... Te digo la verdad, no se que son...incluso, te digo más,
en ningún momento pensé en nada de esto, ni de OVNIs ni
nada por el estilo, ni se si eran OVNIs...yo vi esas cosas, nada más.
No digo lo que eran ni nada por el estilo....
...Con respecto al avión eran más chico...pero la diferencia
de altura se notaba..."
Recordando lo que Aurelio nos había contado, Daniel López
le preguntó al testigo si en algún momento los objetos
sobrepasaron al avión.
"No. Te puedo decir, para darte una idea, que iban a la distancia
de cinco o seis aviones....iban detrás del avión, uno
detrás del otro, siempre manteniendo la distancia...como si fuesen
las tres marías...".
En cuanto a la duración de la observación nos dijo: "Todo
habrá durado...por decirte algo, un par de minutos...de ver un
avión acá arriba y verlo que se pierde...". Y a las
características de los objetos expresó: "Eran un
circulo perfecto y de un plateado como si vos vieras un aluminio...un
plateado opaco...no vimos destellos...ni estelas. Y el tamaño
de cada uno serían, para darte una idea, medio avión...o
tal vez un poquito menos".
...
Obviamente el propio testigo descartó la posibilidad de que los
objetos que se trasladaban detrás, pero mucho más alto,
del avión comercial fueran algún tipo de globo. Estaba
muy seguro al respecto, pero claro, su propio escepticismo en materia
de OVNIs y la falta de explicación a su propia experiencia lo
llevaron a olvidar el asunto. Así era mejor para él.
Y es que seguramente el joven Paulerena cuando habla de OVNIs piensa,
en lo mismo que lo asocian la mayoría de las personas, en naves
extraterrestres. De ahí su incredulidad y su rechazo en etiquetarlo
de esa manera. Sin embargo, al menos para mí, el término
OVNI no es sinónimo de naves interplanetarias.
Hemos visto también, que existen algunas diferencias con lo que
Aurelio nos había contado. Paulerena no recordaba exactamente
si fueron tres o dos los objetos, creía que eran tres; ni tampoco
recordaba haber escuchado la frase que supuestamente expresó
Izquierdo en referencia a que los objetos sobrepasaran al avión.
Porque tampoco observó que esto ocurriera. ¿ Pudo haberlo
olvidado?, ¿Pudo ser, como dijo Aurelio, que estaba más
pendiente del partido de fútbol que en lo que acababa de presenciar?.
Conocemos a Aurelio y estamos convencidos que no mentiría, salvo
que haya
malinterpretado algún comentario, aunque no olvidemos que Izquierdo,
si bien
fue bastante parco, confirmó lo dicho por Castelani.
En fin, de una u otra manera, la observación aún continúa
sin explicación. Las características y velocidades de
los objetos que se observaron esa tarde no pueden atribuirse a globos,
ni a efectos ópticos, ni a inversiones de temperatura.
Agradeciendo su testimonio nos despedimos de Paulerena. Y salimos en
busca de los Ferranti.
Durante la semana tomamos nuestros recaudos y sabíamos que a
los hermanos los encontraríamos al mediodía en su casa,
incluso Allegreti ya les había comentado de nuestro interés
en investigar el caso y ellos no mostraron reticencias. Solamente pidieron
que mantuviéramos el asunto en reserva hasta que efectuaran la
cosecha, lógicamente no querían que su campo sufriera
las consecuencias de una peregrinación de curiosos. Pedido que
aceptamos sin problemas; esto también nos iba permitir trabajar
más tranquilo.
Luego de las presentaciones de rigor, partimos hacia La Paz Chica, un
paraje a 7 km. al Oeste del centro urbano de Roque Pérez.
Daniel López y Carlos Ingaramo iban en el Dodge 1500 mientras
quien esto escribe acompañaba a Enrique Ferranti en su camioneta.
Enrique me explicaba que el último día que habían
trabajado el sembradío había sido el 30 de noviembre y
todo estaba normal. Una semana después, el 8 de diciembre, cuando
estaban escardillando el terreno hicieron el descubrimiento. La primer
marca era, efectivamente, un circulo de unos 12 m. de diámetro
en cuyo interior había signos de deshidratación del girasol,
como nos había adelantado Allegreti, solo estaba en pie algunas
malezas como el maíz guacho y el sorgo de alepo. Se aproximo
aún más y observó como todas las plantas del perímetro,
alrededor de la zona "muerta", presentaban una curiosa deformación.
Ferranti subió nuevamente a la maquinaria y evitando dañar
la marca prosiguió con su tarea. Mientras se preguntaba que podía
haber afectado su plantación hizo el segundo descubrimiento,
otro circulo de casi las mismas proporciones y con idénticas
características al primero apareció ante sus ojos. Repitió
la misma maniobra, y a los pocos minutos descubrió el tercero.
En los años de laboreo en el campo era la primera vez que aparecía
algo semejante. El testigo no tenía explicación alguna...tampoco
nosotros.
A las 13.45 horas llegamos a la Paz Chicha. Descendimos de los vehículos
y con los elementos de extracción de muestras en mano nos internamos
en la plantación. Caminábamos entre las plantas de girasol,
que alcanzaban los 30 cm. de altura, mientras Enrique Ferranti repetía
su historia, la misma que acaba de narrarme en su camioneta, esta vez
para todos.
Las marcas
La primera huella
que relevamos estaba a unos 150 m. del alambrado perimetral, en el sector
oeste del campo. Era un circulo de 12 m. de diámetro. En su interior
el girasol estaba totalmente deshidratado, solo se mantenían
en pie algunas malezas sorgo de alepo y el maíz guacho. Las plantas
en todo el perímetro, en cambio, presentaban una curiosa forma;
se encontraban dobladas- pero no quebradas - hacia fuera, para luego
recuperar la verticalidad- en un ángulo de 90º- continuando
con su crecimiento.
La segunda estaba a unos 300 m. al norte de la primera, y medía
11,8 m.; y la tercera, estaba a unos 193 m. al este de la segunda, ésta
última de forma elipsoidal media 11 m. x8 m.. Ambas presentaban
las mismas características que la primera.
En ninguna se descubrieron marcas u orificios en la tierra, tampoco-
y esto era importante- se había utilizado fertilizantes.
No hubo observación directa de luces extrañas o fenómenos
aéreos anómalos que pudiera asociarse a su aparición
por consiguiente fueron catalogadas como "huellas no asociadas".
Extrajimos cuatro muestras en total. Una del interior de cada una de
las marcas y la cuarta de una zona normal del campo; ésta última
nos iba a servir de parámetro en el análisis. (2)
Luego de unas dos horas de medir, fotografiar, filmar y estudiar el
terreno -en busca, quizá, de alguna pista que nos permitiese
al menos obtener algún indicio de lo que ahí aconteció-
abandonamos la plantación.
Reunidos junto a los vehículos, le pedí a Enrique que
nos reitere lo que me había comentado en el camino, sobre un
supuesto caso que involucraba a un objeto que estuvo por más
de dos horas asentado en el suelo frente a una familia. Y así
lo hizo. En verdad, en un principio cuando me lo comentó en su
camioneta, pensé que se trataba de otra referencia incompleta
sobre un incidente antiguo (como tantas otras que habíamos recibido
en el pueblo durante el mes de agosto), por lo que preferí centrar
mi atención en los círculos. Sin embargo, para nuestra
sorpresa, el suceso había ocurrido en el mes de octubre, y a
un conocido suyo. Antes de despedirnos nos dio el nombre de la familia
protagonista y nos explicó como llegar al campo donde residían.
Partimos
de La Paz Chica en busca de los nuevos protagonistas. En mi "cuaderno
de campo" escribí: "Siendo las 16.30 h. vamos camino
a Atucha a tratar de ubicar a Carlos Ramírez, que fue
testigo del descenso de una luz en un campo". Hasta ese momento
pensábamos que era solo una luz...
Otro hecho se sumaba a la lista de casos, uno más sorprendente
que otro, que fuimos descubriendo desde el domingo 11 de diciembre de
1994. Y todo, a partir del momento que iniciamos la búsqueda
del señor García; el supuesto testigo de los "globos"
y el avión que paradójicamente no lo era. Sin embargo
y para nuestra fortuna, gracias a ese error, pudimos enterarnos de estos
sucesos. "Vinimos por un caso y nos vamos con cuatro...¡y
que casos!", decía Daniel López cuando regresábamos
a Buenos Aires.
Por otro lado nos resultaba algo curioso el hecho que en la ciudad de
Roque Pérez la mayoría de los consultados no tuvieran
la menor idea de lo que había ocurrido en las afueras del pueblo
durante el mes de octubre. Tal es así que la frase "...desde
agosto no pasa nada , todo está tranquilo" se reiteraba
de una u otra manera ante todo consultado en el pueblo, incluyendo periodistas.
Ahora bien. ¿Qué hubiera pasado si no adelantábamos
nuestra visita?. Seguramente estos casos se habrían perdido,
como muchos pero muchos casos se pierden año tras año.
Por eso no nos cansamos de insistir que las investigaciones de campo
son fundamentales y por ende necesarias. Las mismas no solo permiten
obtener mayores datos del hecho que se investiga sino, también,
abre el camino al conocimiento de otros avistamientos que, quizás,
de otro modo, nunca llegarían al investigador.
El
OVNI de la tormenta
Arribamos al campo "La Azotea" de Piñeyro, ubicado
a unos 12 km. (en línea recta) al S del centro urbano de Roque
Pérez, poco antes de las 17 h. Allí nos recibió
el Sr. Carlos Ramírez (43 años) quién, junto
a su esposa Claudia Lezcano (33) y su pequeño hijo Ubaldo
(10), se encarga de las tareas de cuidado y mantenimiento de las tierras.
Haciendo gala de las costumbres de nuestra gente de campo, la familia
nos atendió con suma cordialidad y no tuvieron inconveniente
alguno en narrarnos su experiencia. Nos sentamos a la sombra de los
árboles y, entre mate y mate, iniciamos la entrevista.
"El día de la madre, claro, a la madrugada que se vino la
tormenta"- comenzó diciendo Carlos Ramírez.
Se refería
al Domingo 16 de Octubre de 1994.
"Nosotros vinimos a las 3 de la mañana"- señaló.
"El domingo a la madrugada que se levantó una tormenta
bárbara...es una cosa que en el momento fue un susto porque veníamos
en un autito viejo que tengo....y estaría acá, donde se
ve unos corrales de chancho, y estaría del otro lado del alambre
a 200 metros más o menos, y era una cosa (que) impresionaba,
encandilaba".
Esa noche los tres regresaban de Beguerí, donde habían
disfrutado de una cena con gente amiga. El matrimonio venía charlando
de la reunión mientras que el pequeño Ubaldo estaba completamente
dormido, sobre la falda de su madre.
"Bueno...acá se viene por una calle que viene de (Juan)
Tronconi. Cuando enfrenté aquel monte (señalando un monte
de arboles a unos 2 km. antes de la entrada del campo) vi una luz muy
distinta a otras luces, y no le hice caso...ahora cuando ya entre en
el guarda-ganado la luz esa me dejaba todo como de día...cuando
me bajé acá fue cuando medio me asusté porque era
una luz...como si fuera ahora, digamos, una cosa como de día"
(durante nuestra entrevista eran poco más de las 17 horas, en
el mes de diciembre). "Tal
es así que medio me asusté y le digo (a mi señora)
apaguen las luces del coche y vamos pa´ dentro. Y de ahí
(señalándonos una pequeña galería de entrada
a la casa) estuve, que se yo, acá parado, estuve desde las tres
de la mañana hasta la cinco... Estaba derecho ahí, a la
planta esa, y por ahí parecía como que quería levantar
vuelo... llegó el momento que me cansé de estar parado,
la vista no me daba más, una luz impresionante para mi, parecía
que me quemaba los ojos".
Apenas descendieron del automóvil, Carlos Ramírez se apostó
en la pequeña galería y desde ahí inicio la observación
del intruso que estaba en su campo, en dirección NO, a unos 200
metros de la vivienda, mientras que su mujer ingresó a la casa
con su hijo.
"Yo abrí el dormitorio y me metí al dormitorio
con el nene. ¡Si el nene tenía un susto!; venía
dormido y cuando lo vio de golpe fue peor", apunto Claudia.
Si bien en un principio pensaron que podía tratarse de uno de
los reflectores que posee un galpón del campo vecino, que está
ubicado justamente en esa dirección, lo descartaron ni bien llegaron
a la tranquera. Entonces ambos comenzaron a sospechar que estaban frente
a algo inusual. Era una luz muy intensa. Ellos sabían perfectamente
que en ese sector del campo no había nada ni nadie que pudiera
provocar semejante confusión
Una luz
fortísima amarillenta proveniente de ese algo iluminaba el ambiente:
la vivienda, los árboles, las plantas, el silo, los galpones,
todo se veía como si fuese de día.
Precisamente para evitar que la cegadora luz le diera de lleno en su
rostro, Ramírez se ubicó en la entrada de la vivienda
de manera que, el tronco de un árbol ubicado a unos cuarenta
metros, entre el fenómeno y él, le sirviera de "escudo".
Cuando quería mirar para intentar descubrir la fuente de semejante
luz, inclinaba levemente su cabeza hacia uno u otro costado.
Los continuos relámpagos que anticipaban la tormenta iluminaban
por segundos la noche, lo suficiente para que el testigo pudiera distinguir
a ambos lados del tronco del árbol las extremidades de un aparato
que también tenía luces verdes destellantes, aunque menos
intensas, que daban la impresión de girar a su alrededor. Ramírez
sospechó entonces que los haces de luz surgían desde su
parte central.
Al dibujarlo en nuestro cuaderno de campo inmediatamente apareció
ante nuestros ojos la clásica forma del platillo. Una estructura
ecuatorial -en la cual eran visibles las luces verdes - con una especie
de cúpula en la parte superior, donde estaría ubicada
la fuente de luz tan intensa.
A los pocos minutos de arribado a la casa, se desató la torrencial
tormenta. La lluvia caía copiosamente. En cierto momento, el
hombre comenzó a percibir un curioso sonido proveniente del objeto
-"...lo único que sentí fue como si vos querés
hacer arrancar un motor y no arranca, bueno algo así...una cosa
como [uuuuu-uuuuu], ahí parecía que hacía como
fuerza para tomar vuelo...". (Obviamente era solo su interpretación
porque el objeto permaneció en todo momento en el lugar).
El sonido también fue percibido por Claudia y el pequeño
Ubaldo que salieron del interior de la vivienda a observar durante unos
minutos el fenómeno.
Era como un "zumbido" que se repitió cada cinco minutos
durante toda la observación y cada vez que lo emitía,
el testigo percibía que la intensidad lumínica del fenómeno
disminuía notoriamente, lo que le permitía apreciar todo
el contorno del objeto, incluso su parte central; pudiendo descubrir
que la fuente de los potentes haces eran como dos faros circulares,
ubicados, como muestra el dibujo, en la parte superior del aparato.
Al respecto nos dijo: "En las dos luces grandes había
momentos como que bajaba esa luz, como si bajara, como si vamos en un
auto y ponemos luz alta y después luz baja. La luz baja siempre
es menor y ahí se alcanzaba a ver...cuando bajaba uno la podía
mirar...Y después más se veía porque con las luces
que tenía más los refusilos que había lo iluminaba...una
tormenta terrible había...".
Otro hecho curioso para el matrimonio fue el comportamiento de su perro:
"...nosotros tenemos un perro que es cruza policía, aquél
que está allá, y ese animal de a ratos se quería
meter acá adentro..."- nos explicaba Ramírez.
"...Y aullaba porque veía eso"...agregó
su señora.
"Claro -retomando la palabra el testigo- unos aullidos
bárbaros pegaba y buscaba acá, como estaba todo cerrado...y
buscaba meterse acá adentro. Quiere decir que algo veía
el animal porque sino un perro que se asuste así...".
Según el matrimonio, el perro se desesperaba aún más
durante los zumbidos. "Ahí es donde empezaba el perro
más...", nos dijo ella. "Y ahí es donde
el perro quería entrar más adentro todavía"-
completó su marido
En cuanto a las dimensiones del aparato el testigo calcula que de acuerdo
a la distancia que los separaba (unos 200 m.) podía tener unos
10 metros por unos 2 o 3 de alto. Claro que son siempre dimensiones
estimativas y, obviamente, subjetivas.
Lo que el matrimonio no pudo confirmar fue si el objeto estuvo posado
sobre el terreno o, por el contrario, flotaba a muy poco centímetros
del suelo. "Yo no te sabría decir si estuvo sobre el
campo. Lo que te puedo decir es que estaba muy bajo. Para mí,
que estaba como asentado...cuando aclaró me levanté pero
había llovido tanto y me fui a fijar, a ver, si había
quedado algo, si había quemado algo -porque dicen que donde asientan
queman- pero yo no vi nada"- aseguró Ramírez.
Ramírez hizo un comentario interesante respecto a los haces de
luz que emitía el fenómeno: "...Mientras yo vi
la luz llovía pero a baldes acá; y la luz cuando enfocaba
esa luz fuerte hacía de cuenta como que no llovía nada,
parecía que esa parte donde estaba la luz no llovía, la
cortaba (sic)". Es decir que no observaba las gotas de lluvia
en el interior de la luz de ahí su expresión "la
cortaba". ¿Estamos ante los famosos "haces compactos
y coherentes"?.
Siendo las cinco de la mañana y ante la aparente pasividad del
fenómeno, el testigo cansado se fue a dormir. En el interior
de la vivienda se colaba por las ventanas la potente luz del objeto,
alumbrando el ambiente. Finalmente el sueño venció a Ramírez.
Al día siguiente, el testigo se levantó y lo primero que
hizo fue observar si el objeto continuaba ahí, pero ya no estaba.
Por lo que no sabemos como desapareció. Se puso las botas altas
y se dirigió hacia el lugar donde estuvo asentado para ver si
había quedado algún rastro que avalara su testimonio pero
solo encontró agua. El terreno estaba abnegado por la intensa
lluvia caída.
En un momento de la entrevista tuve oportunidad de hacerle, aparte,
algunas preguntas al pequeño hijo del matrimonio, y considero
que vale la pena reproducir:
J.P. Gómez (JPG): ¿ Y tu nombre pichón cuál
es?
Hijo (H): Ubaldo Ramírez.
JPG: Y vos decime, ¿qué vistes cuando saliste del auto?
H: ...el color, las luces.
JPG: Vistes una luz allá?
H: Sí.
JPG: ¿Te asustastes?
H: Sí.
JPG: ¿Qué pensaste que era?
H: Un plato volador.
JPG: ¿Sí?
H: Sí.
JPG: ¿Iluminaba mucho?
H: Sí.
JPG: Y vos entrastes ¿y qué hiciestes?
H: Me puse allá, al lado de la cama.
JPG: ¿Dónde está tu cama?
H: Ahí, adentro de la pieza.
JPG: ¿En esta habitación?
H: En esa.
JPG: ¿Y de ahí veías la luz?
H: No.
JPG: Te acostaste. ¿ Y no saliste otra vez a mirar?
H: Después, al rato.
JPG: ¿ Y qué veías?
H: Las luces allá en el galpón.
JPG: ¿ En el galpón grande...?. ¿ Y escuchaste
ruido, algo?
H: Sí.
JPG: ¿ Qué ruido escuchaste?
H: Ese ruido que hace "fuuuuuuuuuuu..."
JPG: ¿Escuchabas eso?
H: Sí.
JPG: ¿ Y después te volviste a dormir?
H: Sí.
JPG: ¿ Qué edad tenés?
H: Diez.
JPG: Diez años.
...
Sus respuestas,
lógicamente, no escapaban a las esperadas de un niño de
su edad. Tímidas, cortas pero precisas. Era otra manera de confirmar
el suceso, de confirmar que algo extraño e inusual ocurrió
esa noche de lluvia del mes de Octubre. Algo que, seguramente, difícilmente
olvidaran.
A manera de cierre
Obviamente nuestras visitas a la región continuaron, incluso
por aire. Porque a la semana siguiente, y gracias a las gestiones de
unos amigos, pudimos alquilar una avioneta en el aeroclub de Ezpeleta
y volamos hasta Roque Pérez. De esta manera pudimos realizar
filmaciones aéreas de toda la zona y, principalmente de las huellas
en el sembrado de girasol, que eran nuestro objetivo.
Un pequeño gusto que nos dimos.
En 1995 proseguimos las pesquisas, logrando llevar a cabo durante el
mes de agosto una "Encuesta Ovni" puerta por puerta, a manera
de censo, que nos brindó mayores e interesantes datos para el
estudio.(3)
Gracias a estas investigaciones hemos aprendido mucho sobre las "zonas
ventanas", algo sobre el comportamiento de un fenómeno escurridizo
y sobre el impacto sociológico que éste produce en una
amplia, pero delimitada, porción de territorio. Pero, por sobre
todas las cosas, hemos conocido a un espléndido pueblo y tuvimos
el inolvidable placer de tratar con su gente, los roqueperenses, personas
sencillas, generosas y sumamente cordiales.
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