LA
MAYORÍA DE LOS INVESTIGADORES LIGADOS al estudio de
los OVNIs concuerdan con que los primeros testimonios de avistamientos
difundidos masivamente por la prensa, tuvieron lugar a partir de un
episodio referido por un piloto norteamericano a mediados de los años
50. El 24 de junio de 1947, un joven negociante norteamericano llamado
Keneth Arnold, mientras piloteaba su avión, describió
ver nueve discos brillantes que se movían a una velocidad de
1.000 km. por hora, y que se desplazaban como una piedra plana arrojada
horizontalmente y con fuerza sobre el agua. Con motivo de este testimonio,
un periodista local acuñaría el término de “plato
volador”.
No obstante esta afirmación, evocada por la mayoría
de los investigadores, se recuerdan reportes, o lo que es más,
oleadas de reportes (waves) con anterioridad a esa fecha,
como por ejemplo la denominada Great Airship Wave de 1896,
basada en los testimonios de los residentes de Oakland, California,
quienes reportaron observar objetos aéreos con formas semejantes
a “cigarros” o extrañas “luces” moviéndose
rápidamente en el cielo (Denzler 2001). Con el transcurso de
los años, los relatos persistieron en distintas partes del
planeta, aunque con distintas denominaciones.
Al respecto, los resultados de las investigaciones que venimos realizando
desde hace 20 años en distintas regiones de la Argentina, en
concordancia con los testimonios y registros provenientes de diversas
partes del mundo, permiten considerar que el término OVNI,
aún sugiriendo la existencia de un fenómeno desconocido,
no remite necesariamente a lo extraterrestre ni a “seres de
otro mundos”, como generalmente se supone.
Además, como hemos enfatizado en la mayoría de las notas
publicadas en este sitio web, la investigación OVNI no puede
reducir su objeto a testimonios de observación de “platos
voladores” o “aparatos”, también -y principalmente-
deben ser tomados en cuenta los reportes de extrañas luces
observadas en el cielo o sobre la tierra que, siendo descartadas las
explicaciones tradicionales, generan un importante desafío
para las disciplinas científicas.
En principio, esto no es nada nuevo, el astrónomo norteamericano
Allen Hynek en su clásica definición de OVNIs incluyó
no sólo objetos/aerotecnologías, sino también
luces cuya apariencia, trayectoria, dinámica, y conducta luminiscente
general no podían explicarse mediante nociones lógicas
y convencionales.
Lo novedoso es que con el devenir del tiempo, en algunos países
surgieron proyectos llevados a cabo por científicos quienes,
sin restar relevancia a la observación de “objetos”,
se enfocaron preferentemente en registrar y analizar los extraños
fenómenos lumínicos. Antes de ocuparnos de dar cuenta
de ellos, comenzaremos por recordar algunas de las propuestas procedentes
de los inicios científicos del estudio OVNI.
Iniciativas
científicas de análisis OVNI: los primeros pasos
Un número importante de especialistas de diversas disciplinas,
como geólogos, geofísicos, ingenieros, astrónomos
y físicos, entre otros, han intentado dilucidar ya no sólo
la existencia física sino la propia naturaleza de luces anómalas
y/u OVNIs. El comienzo de la indagación científica se
remonta a los estudios pioneros realizados por el mencionado Allan
Hynek. En calidad de consultor científico del denominado “Blue
Book” (1) —un proyecto de investigación sobre “OVNIs”
llevado a cabo por la fuerza aérea estadounidense— fue
en los comienzos un famoso escéptico de estos relatos. Pero
años después, luego de mantener entrevistas con cientos
de personas, pasó a adoptar una postura que consideró
como de “certidumbre absoluta” con respecto a la verosimilitud
de lo que narraban los testigos. Por consiguiente, Hynek planteó
la ya clásica clasificación para categorizar los tipos
básicos de “experiencias OVNI”, usando como criterio
el grado de interacción con los sucesos que referían
los reportes: encuentros del primer, segundo y tercer tipo (Hynek
1979) (2). A pesar de los límites impuestos por esta clasificación,
conservó el término OVNI, en el sentido explícito
de la sigla, distinguiendo entre “luces nocturnas” y “discos
diurnos” al momento de tener en cuenta la apariencia de los
sucesos relatados.
Asimismo, James McDonlad, antiguo director del Instituto de Física
Atmosférica de la Universidad de Tucson (Arizona), y un eminente
meteorólogo de su época, luego de analizar una incontable
cantidad de reportes de observaciones, así se refirió
a los sucesos avistados: “los OVNIs son, en mi opinión,
el desafío científico más grande de nuestro tiempo”
(McDonald, 1968:183).
Simultáneamente, en los ámbitos académicos franceses,
fue Aimé Michel (1963) quién jugó un papel clave
en los relevamientos de estos testimonios, al ser uno de los primeros
científicos en aseverar con énfasis el comportamiento
aparentemente “inteligente” de las luces.
Años más tarde, formando parte de lo que podríamos
llamar la segunda generación de investigadores, el matemático
y astrofísico Jacques Vallée, planteó ciertas
hipótesis que aún hoy en día tienen repercusiones
en la literatura OVNI. Este matemático francés, a pesar
de mantener la categoría, fue el iniciador de un enfoque centrado
en el estudio comparativo de los relatos contemporáneos de
OVNIs y los motivos folclóricos de relatos tradicionales de
distintas partes del mundo (3). A pesar de que afirmaba no intentar
resolver ningún problema ni presentar ninguna teoría,
proponía que las historias de apariciones religiosas, hadas,
duendes y OVNIs aludían a diversas creencias, originadas por
los mismos mecanismos. Esto llevó a Vallée a sugerir
en reiteradas oportunidades la necesidad de amalgamar el estudio de
la naturaleza física de estos fenómenos, con “el
problema más profundo de su impacto en nuestra imaginación
y nuestra cultura” (1972:222) de manera de indagar si hay o
no un propósito deliberado en el fenómeno.
Estos científicos que hemos presentado son algunos de los que
han incursionado en el problema OVNI, en especial, son los autores
“clásicos” que marcaron rumbos específicos
en la investigación, con alcances hasta el día de hoy.
La breve introducción de estos especialistas permite ahora
que pasemos a considerar las iniciativas científicas más
recientes.
Proyectos
científicos de monitoreo: la naturaleza de las luces
Una serie de iniciativas contemporáneas, sustentadas en un
trabajo con pretensiones interdisciplinarias y basadas en un monitoreo,
fueron desarrollados en distintos puntos del mundo. A raíz
de esto, en el año 1997, Peter Sturrock, director del Centro
de Ciencia Espacial y Astrofísica de la Universidad de Stanford,
fue el coordinador de un grupo de científicos en un proyecto
de revisión de la “evidencia física” disponible
hasta el momento sobre los reportes OVNI (fotografías, filmaciones,
captaciones por radar, huellas en vegetación, etc.). Este encuentro
fue financiado por la Fundación Rockefeller y sus resultados
se publicaron en una compilación titulada The UFO enigma: A
New Review of the Physical Evidence (1999) (4).
Los conclusiones del proyecto afirmaban que “el problema de
los OVNIS no es algo simple, por lo que debería recibir más
atención con un énfasis en la evidencia física,
y que sería útil tanto el contacto regular entre investigadores
del fenómeno y la comunidad científica, como un soporte
económico institucional” (Sturrock, 1999:123) [la traducción
es nuestra]. En este sentido, el panel concluyó que los relatos
hacían alusión a un objeto físico, científicamente
medido, aunque de origen no determinado, y que debería realizarse
una inversión en equipos y tiempo de manera de producir mayores
resultados. Además de la “evidencia física”,
enfatizaban la importancia de los testimonios, y el rol de su recolección
y evaluación por parte de científicos de otras disciplinas.
Asimismo, se sostenía que el más importante cambio se
daría luego de despertar la curiosidad y el interés
de los científicos, de manera de resolver el problema del círculo
vicioso entre la falta de información confiable y accesible
por un lado, y los reparos de la mayoría de los editores de
las revistas científicas en aceptar artículos basados
en estas temáticas, consideradas por la academia oficial como
poco creíbles.
Uno de los pocos estudios -sino el único- que desde su origen
ha logrado una continuidad en el presente, es el denominado Proyecto
Hessdalen, llevado a cabo en el valle noruego de Hessdalen y coordinado
por Erling Strand, Ingeniero electrónico y Profesor del Østfold
College de Noruega. Entre 1981 y 1985, muchos residentes del valle
denunciaron la presencia de raras luminiscencias en las cercanías
de este pequeño pueblo, habitado por unas 150 personas.
El proyecto comenzó en 1983 y con el tiempo lograría
el financiamiento del Østfold College y la asistencia de la
Universidad de Oslo y Bergen para la instalación de instrumentos
de alta tecnología (magnetómetros, espectrómetros,
gravímetros, radares, cámaras). Mediante esta incorporación
instrumental, los miembros del equipo perseguían el propósito
de fotografiar, medir y registrar los fenómenos lumínicos
que distintos testigos decían observar. Estos instrumentos
fueron diseñados y construidos por Erling Strand utilizando
modelos de instrumentos radioastronómicos. Fue imprescindible
la ayuda de los estudiantes graduados quienes, con la motivación
del ingeniero, tuvieron un rol importante en el diseño del
instrumental, que utilizaban en su tiempo libre.
En 1985 Erling Strand dio a conocer un informe, denominado Project
Hessdalen 1984: Final Technical Report que daba cuenta de que
en la localidad de Hessdalen se habían detectado extrañas
luces nocturnas que habían aparecido a fines de 1981 y principios
de 1982, llegando a un promedio de 20 relatos por semana a principios
de este último año (5). En base a los testimonios, el
reporte propuso una clasificación de los eventos observados
en tres tipos: flashes blanco-azulados, luces y conjuntos de luces
que aparentemente formaban una sola figura. El documento señalaba
que las luces podían reportarse en cualquier parte: justo arriba
de los techos de las casas o a escasa altura de los campos, algunas
veces se avistaban a gran altura; pero lo más constante eran
los testigos que mencionaban observarlas en la lejanía, por
debajo de las cumbres de las montañas. Los testimonios daban
cuenta que las luces mostraban diferentes formas, desde una “billetera”
con bordes definidos, una “pelota de fútbol”, hasta
un “árbol de Navidad” dado vuelta. Los colores
eran mayormente blancos o blanco-amarillentos, y estos luceros podían
permanecer estáticos durante más de una hora, moverse
lentamente, y a veces luego de algunos movimientos, detenerse repentinamente
en el aire. Según los científicos, los radares utilizados
detectaron velocidades de hasta 30.000 km/h. Los testimonios de observaciones
continúan en la actualidad, aunque no con la misma recurrencia,
análisis estadísticos indican un promedio de 20 observaciones
por año.
A partir de los extraños sucesos registrados, en el invierno
de 1994 se realizó el primer congreso científico internacional
en Hessdalen, que reunió a especialistas de distintas disciplinas.
El encuentro dio por comienzo una colaboración científica
–que aún hoy continúa- entre el Østfold
University Collage y el Consejo Nacional de Investigación (CNR)
italiano. Esto permitió, básicamente, la creación
de una Comité Italiano para el Fenómeno Hessdalen (CIPH),
la realización de intercambios estudiantiles entre ambos países,
y el perfeccionamiento y la incorporación de instrumental de
monitoreo en el valle mediante la readaptación de instrumentos
radiastronómicos (6).
Varios integrantes de la comisión italiana de radioastrónomos,
entre ellos los Drs. Stelio Montebugnoli y Máximo Teodorani,
tuvieron oportunidad de observar las manifestaciones lumínicas
en el valle noruego. Al respecto, este último señaló:
“…no existe duda alguna, a partir de los datos registrados,
de que el fenómeno posee características de auto-regulación
desde el punto de vista energético, y hasta ahora no es posible
identificar el mecanismo de origen natural que es capaz de actuar
espontáneamente con tal sorprendente eficiencia.” (Teodorani,
2002) (7). De la misma forma que las conclusiones del panel Sturrock,
el astrofísico italiano ha señalado la necesidad de
“ampliar por lo menos en un orden de magnitud, tanto la sofisticación
como la integridad del instrumental de sensores” (op. cit.)
(8).
Un proyecto similar al implementado en Hessdalen, fue llevado a cabo
en la reserva de los indios Yakima en el Estado de Washington, donde
en los años ´70 comenzaron a circular reportes de observaciones
de extraños fenómenos lumínicos, que tendían
a congregarse en la Cordillera de Toppenish Ridge, que cruza todo
el predio. El supervisor de la división de control de incendios
de la reserva, William Vogel, basado en entrevistas y fotografías,
fue el primero en reconocer la realidad física de las luces
y proponer un estudio más cuidadoso de mayor escala.
La regularidad y concentración de los relatos implicaron la
instalación de un puesto con equipos e instrumentos de medición
y fotografía, y la realización de un trabajo de campo
efectuado por un ingeniero eléctrico de Seattle: David Akers,
quién realizó un estudio de dos semanas en agosto de
1972.
En 1995 Akers publicó en Internet un informe donde sumariaba
las conclusiones de este trabajo de campo inicial con el título
de: Report on the investigation of nocturnal light phenomena at
Toppenish, Washinton, August 1972 (9). En este trabajo asevera
que “no hay nada en las observaciones de las luces nocturnas,
realizadas durante el estudio, que sugieran categóricamente
que la fuente de esta actividad es extraterrestre. Por otra parte,
algo muy inusual está pasando. El problema requiere continuar
con un examen muy cuidadoso y objetivo” (1995) [la traducción
es nuestra].
A partir de la continuidad de reportes de testimonios en la actualidad,
Akers se acercó nuevamente a la comunidad Yakama en 1996 para
retomar el trabajo, ahora renombrado como Estudio William Vogel y
establecido en 1997 como una Corporación Estatal de Washington
sin fines de lucro (10).
También a principios de los 70, el Dr. Harley Rutledge, en
ese entonces director del Departamento de Física de la Universidad
de Southest Missouri, dirigió un equipo universitario encargado
de estudiar lo que en un primer momento se calificó como una
“psicosis” en Piedmont, Missouri. En 1973, los residentes
habían comenzado a reportar la observación de extrañas
luces en el cielo. Luego del trabajo de campo realizado, y teniendo
en cuenta las luces reportadas, incluso en ocasiones fotografiadas,
Rutlegde tuvo la impresión que estas luminiscencias mantenían
una interacción con él y con los integrantes de su equipo.
En su libro publicado en 1981, Proyect Identification: The First
Scientific Field Study of UFO Phenomena, conjeturó acerca
de la naturaleza inteligente detrás de los luces, fundamentando
que se había creado algo así como una relación
entre los observadores y las luces, en sus propios términos
“hubo algo más que la medición de las propiedades
físicas de los ovnis por parte de observadores desapasionados.
Una relación, un conocimiento se desarrolló entre nosotros
y la inteligencia del ovni. Se jugó un juego” (1992).
Ahora bien, como ha podido apreciarse en los distintos proyectos,
aún dentro de ámbitos académicos y en el marco
de indagaciones legitimadas como científicas -cuya pretensión
es establecer categorías de explicación y aplicación
universal, los eventos observados han sido denominados de distinta
forma: “Hessdalen phenomena” (fenómeno Hessdalen)
o “Hessdalen lights” (luces de Hessdalen); “nocturnal
light phenomena” (fenómeno luminoso nocturno), “anomalous
light phenomena” (fenómeno luminoso anómalo) o
simplemente OVNIs/UFOs. El hecho que todavía no encontremos
ningún término que pueda oficializarse por consenso
internacional para designar a todos los eventos, está vinculado
con la incertidumbre de las explicaciones que pretenden dar respuesta
al origen de los mismos.
Algunas
consideraciones finales
En muchos de los trabajos publicados hemos insistido con el aspecto
de la “territorialidad” de los extraños fenómenos
lumínicos. En efecto, además de la apariencia y comportamiento
atribuidos a las luces, desde hace largo tiempo atrás venimos
resaltando el hecho que los testimonios de lo pobladores de las distintas
regiones de Argentina refieren zonas o lugares específicos
de observación: montañas, trayectos de rutas, molinos,
tranqueras, entre otros. Todos los proyectos que hemos enumerado,
a la hora de instalar una estación de monitoreo con observadores
e instrumentos tecnológicos, se han basado en este concepto
que, sin temor a equivocarnos, podemos atrevernos a considerar como
un patrón de los reportes OVNI en casi todas las regiones del
planeta. Precisamente, los miembros de tales iniciativas, han determinado
el espacio de instalación de las estaciones de monitoreo a
partir de un relevamiento previo de los relatos, lo que no hace sino
fortalecer el carácter interdisciplinario y complementario
de esta particular indagación.
A propósito, aunque las distintas iniciativas que hemos descrito
representan los estudios científicos de monitoreo OVNI más
conocidos a nivel mundial, debemos aclarar que existen otros emprendimientos,
que han sido elaborados por especialistas de las ciencias o por investigadores
sin profesionalización académica pero con intenciones
decididamente científicas. Con esto queremos decir que el carácter
científico de una indagación no sólo reside en
un método sistemático y riguroso, sino también
en una particular actitud, basada en la práctica de una constate
curiosidad y capacidad de asombro. Todos estamos habilitados para
construir conocimiento, solo hay que atreverse a recorrer el camino.
Notas
(*) El
autor es Licenciado en Ciencias Antropológicas de la Universidad
de
Buenos Aires.
(1) Este proyecto se estableció en 1951, conformándose
como un emprendimiento guiado por varios objetivos: buscar una explicación
satisfactoria para todos los reportes de OVNIs, decidir si este asunto
involucraba algún grado de peligrosidad para el Estado nacional,
y determinar, en lo posible, si los OVNIs evidenciaban algún
tipo de tecnología potencialmente utilizable por el gobierno
de dicho país. El proyecto fue acusado de ocultar, tergiversar
y negar información, por lo que en 1969 se transfirió
la responsabilidad a la universidad de Colorado.
(2) El primer tipo alude a relatos de meras observaciones, el segundo
refiere a un grado de interacción entre lo observado y el testigo
y presuntos rastros físicos; y finalmente, el tercero, indicaría
el supuesto encuentro con los “tripulantes” (Hynek op.
cit.).
(3) Su obra clave, basada en diez años de recopilación
de documentos, fue realizada junto a un grupo de colegas, y los resultados
fueron publicados en 1969 en su clásico libro Pasaporte
a Magonia.
(4) Para acceder al libro
véase
(5) El mencionado informe
puede consultarse en: http://www.hessdalen.org/reports/hpreport84.shtml
(6) Para acceder a la historia del desarrollo del proyecto Hessdalen
en su relación específica con los especialistas italianos,
véase: http://www.itacomm.net/ph/2005_Hauge.pdf
(7) El documento está disponible en el sitio http://www.ufoevidence.org/documents/doc1841.htm
(8) Erling Strand junto a Marsha Adams (USA) formaron una organización
que nuclea a científicos e ingenieros, y tiene por objeto la
exploración y el registro científico de las earthlights
(luces de la tierra). La organización, que a partir del 2002
ha realizado viajes a distas regiones del mundo, fue denominada International
Earthlight Alliance (Alianza Internacional de las Luces de la Tierra)
y está disponible en Internet en el web site: http://www.earthlights.org/
(9) Para un acceso directo
al informe consúltese: http://www.vogelstudy.org/Archive/Yakama_1.pdf
Los propósitos, métodos y resultados del estudio se
encuentran en el sitio: http://www.vogelstudy.org/about.htm