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LOS
OVNIS, LOS MILITARES Y EL PODER
Redacción
En documentadisimos
trabajos y obras de investigadores y periodistas que
han tratado el tema Ovni se halla profuso material sobre los devenires
no siempre felices de la relación entre los No Identificados y los Militares.
Dado que desde el principio de esta historia la irrupción del fenómeno
(sea cual fuere el origen que se le dé) creó una preocupación en la
defensa de las naciones no es extraño que gran parte del problema haya
sido trasladado a los Ministerios de Defensa y a los Militares en general.
Si a ello agregamos que la mayor parte de las apariciones han comprometido
el espacio aéreo de los países, más decisiva tiene que ser la participación
de las Fuerzas Aéreas. Sin embargo no podemos olvidar, sobre todo en
los países más desarrollados, que la actuación castrense en este tema
nunca ha estado desligada de una corriente política y de gobierno. Ni
los Militares ni sus cúpulas han hecho nada con la información sin respetar
las directivas del poder político. Para analizar esta situación no debemos
perder de vista ese marco de referencia que involucra a la política,
a la geopolítica y a los grandes intereses globales en sus diversos
tiempos e intensidades porque allí esta la clave para entender la actitud
castrense.
LOS
AVIONES DE FUEGO
La segunda guerra mundial significo la madurez definitiva para los enfrentamientos
aéreos entre los aliados y las fuerzas del eje. Es durante esta contienda
que los primeros reportes de los Foo Figthers alcanzaron a los servicios
de inteligencia de ambos bandos. Tanto en el aire, como en tierra o
mar, ya sea en la conflictuada Europa como el hervidero del pacífico,
la aparición de estas bolas de fuego con ¨conducta inteligente y deliberada¨
se multiplicaban. Se sabe que la sola posibilidad de ser consideradas
armas enemigas obligó a las inteligencias de ambos bandos a estudiar
esos reportes, y al parecer los alemanes pusieron más énfasis que los
ingleses en tratar el misterio, pero algo quedo claro: esos fenómenos
no respondían a potencia conocida en la contienda. Llegó a tal punto
la insistencia de las denuncias que el Oberkomando der Luftwaffe creó
el Sonder Buro 13, cuya actividad recibió el nombre cifrado de ¨Operación
Urano¨, grupo que estaba compuesto por oficiales de la aviación, ingenieros
astronáuticos y consejeros científicos. Este primer organismo comenzó
a reunir informes que ya estaban en poder del Alto Estado Mayor para
analizarlos. No vamos a explayarnos mucho sobre el particular, el tema
de los aviones de fuego es bien conocido por los seguidores del tema
Ovni, pero sí, hemos de tomar en cuenta que las comisiones creadas en
el seno de la inteligencia alemana y también británica - dirigida por
el Teniente General Massey- permitieron tener un conocimiento indudable
de estos fenómenos mucho antes de la Guerra Fría por lo que la contienda
de Europa y el Pacífico no concluyeron sin que los militares y los gobiernos
tuvieran referencia de los Ovnis, aunque para entonces ni esta sigla
ni la palabra ¨plato volador¨ significaban algo. Estos fenómenos también
se hicieron presentes en la Guerra de Corea en pleno conflicto entre
la Unión Soviética y los Estados Unidos de América. No es raro, entonces,
que los militares se mostraran interesados en el particular a pesar
de los diferentes conflictos que requerían de su atención. Si los reportes
sobre avistamientos a partir de 1945, con el inicio de las Guerra Fría,
pudieron en principio suponer una irrupción tecnológica del bando contrario,
las evidencias, el creciente espionaje y la lógica del análisis apoyada
en estas experiencias de la segunda guerra, debieron aceleradamente
dar cuenta a los analistas militares que estaban ante ¨otra cosa¨, aunque
la excusa del ¨enemigo¨ servía para reservar la información y dar mayores
presupuestos para las actividades de seguimiento y espionaje. Lo que
no se esperaban los militares y los gobiernos de ningún país, y en especial
de los EE.UU. es que al finalizar la segunda guerra estos fenómenos
se lanzaran en oleada por todos lados ante los atónitos ojos del pueblo,
entorpeciendo mortalmente los esfuerzos por mantener en reserva la información.
Cuando las preguntas de la gente empezaron a tornar irrespirable el
aire de las oficinas del Pentágono la prensa y los investigadores tomaron
cuenta de algunas iniciativas que la Fuerza Aérea había desarrollado
para estudiar a los Ovnis. En esta coyuntura, el 30 de Diciembre de
1947, el Secretario de Estado de la Defensa James Forrestal firma el
decreto por el cual se crea el Proyect Sign, con sede en Wright Paterson
( Ohio), aunque se le conoció también como Proyecto Platillo. Al parecer
los informes recopilados, y en particular del personal militar se hicieron
profusos e inquietantes, casi inconvenientes, por lo que el 11 de Febrero
de 1949 el Proyect Sign fue reemplazado por el Proyect Grudge ( rencor,
animosidad). Algunos de los oficiales encargados de reunir y relevar
información fueron llamados al orden y con el comunicado del 24 de Abril
de 1949 debían reintegrarse a sus unidades para comenzar con una nueva
política: Un personal muy reducido se limitó a recibir y clasificar
los testimonios y tras ¨un minucioso exámen ¨el 23% de los fenómenos
que permanecían inexplicados quedó reducido a una cifra casi inexistente
por la sección de psicología de la nueva comisión. El mensaje al pueblo:
nada se había visto, los ¨platos voladores¨no existían.
UN
PROBLEMA CANDENTE
Varias son las comisiones que fueron creadas en el ámbito de la fuerza
aérea americana subsidiarias del Proyect Grudge como el Proyecto Centellante
que pretendía estudiar las ¨bolas de fuego verde¨ que empezaron a irrumpir
el escenario luego de las explosiones nucleares. La guerra de Corea
vendría a acallar todo el asunto. Para 1950 la agencia Gallup, instituto
de sondeo, publicó los resultados de una encuesta donde se afirmaba
que el 92 % de los americanos creía en los ¨Platillos Voladores¨. Y
para 1951, como los informes seguían acumulándose, el Comandante General
Charles P. Cabell, director del servicio de información del Estado Mayor
del Ejercito del Aire, dio órdenes verbales para que el Cuartel General
del Aire revisara todo el asunto, designándose al comandante J. Ruppelt
como director de este trabajo. Se creó un consejo consultivo, el Proyect
Bear, integrado por técnicos y científicos en varias disciplinas. La
comisión se desarrolló, se multiplicaron los informes y sus análisis
resultaron más profundos. Con la creación del ¨Bera¨ Rupllet formó un
grupo de consejeros científicos fuera de la comisión con los hombres
que visitaban periódicamente el Proyect Grudge, constituyendo en poco
tiempo el GOC ( Ground Observers Corps), una verdadera red de observadores
de Ovnis. Pero en Marzo de 1952 el Grudge es reemplazado por ¨Proyect
Blue Books¨ o Proyecto Libro Azul. Ruplet, tras haber presentado un
informe sobre los UFOs al comandante general Samford, asumió la dirección
de esta nueva comisión. Los poderes del Blue Book fueron acrecentados
notoriamente con un oficial de enlace en el Pentágono, contactos directos
con las bases aéreas, los observatorios astronómicos y la estaciones
meteorológicas, etc. Hasta entonces los intentos por tranquilizar a
la población habían fracasado estrepitosamente. Todo el mundo hablaba
de Ovnis, las revistas de más tirada, hombres prominentes de la política,
militares, científicos, sumados al gran debate sobre los No Identificados.
Rupllet se hallaba más partidario a su existencia que a cualquier intento
de negación en medio de una oleada de observaciones. Tanto es así que
el 25 de Julio de 1952 un comunicado oficial de prensa dice: ¨El Departamento
de Defensa ha ordenado a los pilotos de caza derribar a los Ovnis Que
desobedezcan la orden de aterrizar.¨( Washington Daily News). El 29
de Julio de ese mismo año un portavoz de la USAF dijo en parte de la
lectura de un comunicado: ¨No podemos saber de manera cierta si se trata
de visitantes llegados de otros planeta o de un país extranjero, pero,
a nuestro juicio, estamos ante fenómenos físicos que en actual estado
de la ciencia, somos incapaces de explicar.¨ Para agosto del mismo año
se tomó la decisión de estudiar las maniobras Ovni para determinar si
estaban pilotados por seres inteligentes. Y 1952 termina con un comunicado
a la prensa que firmaron el Presidente Truman, el secretario de Defensa
Louis Johnson y el presidente de la Comisión de Energía Atómica: ¨esos
fenómenos aéreos inexplicados no son ni un arma secreta, ni un cohete,
ni un nuevo tipo de avión experimentado en los Estados Unidos¨.
EL
CIRCULO SE ESTRECHA
Pero para enero de 1953 se reúne en el Pentagono la comisión conocida
como El Gran Jurado, bajo la presidencia del Dr. H.P. Robertson, profesor
de física teórica. Su conclusión de ¨cinco días de trabajo¨ se conoce
con el nombre de Rapport Robertson ( Reporte Robertson) que con la ayuda
de otros notables y los tres miembros de la C.I.A., Marshal Chadwell
( asesor científico de la Central de Inteligencia), Ralph Clarck y Phiplip
Strong, junto al doctor Joseph Allen Hynek, consejero científico del
ATIC ( quien rehusó firmar el informe) dieron un golpe certero a la
corriente favorable de aceptación Ovni. El mayor Dewey Fournet presentó
un estudio de las maniobras de Ovnis y concluye que se trataba de ingenios
interplanetarios, sin embargo en las últimas sesiones dedicadas a redactar
el informe final, y en el momento preciso en que debía definirse la
política futura frente a los Ovnis, intervienen los agentes de la CIA
y piden que poco a poco se vaya apagando en el espíritu del publico
´el aura de misterio¨ que rodea a los Ovnis; que los servicios de la
USAF procedan a un silenciamiento sistemático pues se argumentaba que
durante la oleada de 1952 se habían abarrotado los circuitos de comunicación
y de información en plena ¨Guerra Fria¨ atentando contra la seguridad
de los Estados Unidos. La USAF apoyó la demanda, y así los Ovnis pasaron
a la categoría de fenómenos explicables recomendándose al pueblo norteamericano
tratar de distinguir bien lo que ve. Sobrevino entonces una serie de
reglamentaciones especiales tendientes a desinflar el tema en todos
los ámbito. Restricciones diversas que como la JANAP-146 consideraba
como ¨un crimen sancionable con prisión de hasta 10 años y multa de
10.000 dólares, a quien divulgue, a nivel de base aérea, cualquier información
sobre un caso no identificado¨. Los pilotos de las líneas comerciales
estaban involucrados en esta norma. Los informes se redujeron a su mínima
expresión, primero bruscamente y luego en forma progresiva. Y como las
dificultades de la USAF fueron decreciendo su servicio de psicólogos
sometió al publico testimoniante a un verdadero lavado de cerebro. La
persecución llega a la disolución de la entidad civil International
Flying Saucer con la prohibición expresa de editar su publicación Space
Review. En ese mismo año el capitán Ruppelt abandonó su cargo de Director
del Blue Book y fue reemplazado por un ¨soldado de primera clase¨. Luego
de muchas otras historietas y maniobras se reuniría la comisión Condon
para tratar de dar de un plumazo un decreto de muerte a los Ovnis ante
la opinión publica.
LA
TRAMA OCULTA
No es extraño que
desde la creación de la CIA el tema de los Ovnis sufriera un aislamiento
que presionó a las propias cúpulas de la USAF y delineó nuevas funciones
para ella en lo que respecta a los UFOs. La política de silencio intentó
disuadir a la opinión publica que no había de que preocuparse. La CIA
nació con una fuerza especial para la política interna y externa de
los EE.UU. Si bien cada fuerza militar poseía su propio grupo de Inteligencia,
y en verdad existen y existían en ese momento varias agencias dependientes
de diversas estructuras del estado americano, la CIA venía a convertirse
en poder supremo en un contexto geopolítico especial, con el suficiente
peso para intervenir decididamente en el asunto Ovni casi al momento
de su nacimiento institucional. La obra del fallecido Andreas Faber
Kaiser ¨Documentación y Memorandos¨ y ¨OVNIS: el archivo Secreto de
la CIA¨ demuestra con un abundante y documentadisimo material la acción
global de la Central de Inteligencia Americana sobre la temática, realizando
estudios, vigilando a los investigadores y disuadiendo a los testigos.
¿ Por qué? Todo ello demuestra que para el gobierno y sus dependencias
castrenses y de inteligencia los No Identificados eran considerados
no como ¨una falsa alarma¨ sino como algo real y de gran peso. La disuación
y sus idas y venidas no hacen más que confirmar ese interés, y solo
en apariencia parece ser desordenado, contradictorio y cambiante.
DETRAS
DE LA ESCENA
Si estudiamos con cierto detenimiento la época en que los Ovnis irrumpen
en la sociedad con toda su fuerza encontraremos un mundo en pleno alineamiento,
lo que ha de incidir con fuerza en el destino de los fenómenos en cuestión,
aún en nuestro días. La segunda guerra mundial significó un nuevo escenario.
Dos bloques perfectamente definidos en oriente y occidente que concentraban
fuerzas en dos ejes contrapuestos. La guerra no fue una causa de ello,
sino posiblemente su consecuencia. Estados Unidos perfilaba ya un liderazgo
creciente en el ámbito internacional y una tierra promisoria para grupos
económica y políticamente poderosos fuera de la convulsionada y peligrosa
Europa. La amenaza del crecimiento soviético en el este supuso que el
auge del Nazismo en Alemania serviría de barrera de contención, aún
con sus ambiciones desmedidas, por lo que contaba con la simpatía de
empresarios y hombres fuertes de la política americana antes del inicio
del conflicto. Ello permitía suponer al propio Hitler que sería posible,
incluso, una alianza con Inglaterra que diera vía libre a sus pretensiones
de conquista, garantizando el aniquilamiento soviético como un pacto
tácito. Una serie de negociaciones secretas se habían llevado a cabo
para dar vía libre al crecimiento industrial y armamentista alemán;
esas negociaciones siguieron una vez comenzado el conflicto y dada la
desconfianza generada por el delirio enfermizo de Hitler, estos grupos
intentaron que Himler, segundo en poder, desplazara al Fürer y tomara
el control, cumpliendo militarmente los fines que estos negociadores
pretendían, su avance sobre Rusia. Entre estos entuertos de inteligencia
encontramos en su juventud a uno de los hombres más influyentes de los
Estados Unidos, el desaparecido Allen Dulles, Director de la CIA y miembro
de una también influyente familia en la historia norteamericana. Su
abuelo, el general John Watson Foster fue Secretario de Estado en el
Gobierno del Presidente Harrison en 1892 y participó de la anexión de
las islas Hawaii ( una verdadera maniobra colonialista), las mismas
que 70 años después, el hermano de Allan, John Foster Dulles proclamaría
como 51 estado de Norteamérica. Allen Dulles, durante la década de los
20 participó de algunas operaciones diplomáticas reservadas, y por una
gran simpatía con Alemania fue uno de los contactos más decididos entre
esta y familias influyentes norteamericanas. Sus trabajos tendían a
crear un puente firme entre ellos y el Reich, y aún en la guerra intentó
favorecer esa relación incluso oponiéndose a la fobia creciente de los
políticos americanos hacia Alemania que a partir del hundimiento de
barcos mercantes con rumbo a Europa dieron argumentos sólidos para que
esta corriente terminara en la firma de la declaración de Guerra a las
potencias del Eje. Mientras se planeaba la desarticulación total del
aparato bélico nazi, Dulles intentaba que después de la derrota germana
el nazismo siguiera en pie. Sus relaciones con empresarios y políticos
de Alemania apuntaban a favorecer al Eje aun en sus peores horas. No
es raro; cuando Dulles obtuvo el cargo de Jefe adjunto del Departamento
de Política Actual y Correspondencia Económica, fue influenciado notoriamente
por Ellis Dressel, un experto en asuntos de inteligencia sobre temas
alemanes que gozaba de la confianza de los más altos funcionarios pro
alemanes. Por entonces estos funcionarios y políticos compartían la
creencia que las dos potencias destinadas a llevar el orden a Rusia
eran Alemania y Norteamérica. En el interregno entre el final de la
1° y el inicio de la 2° Guerra Mundial Dulles ocupó varios puestos de
importancia en compañías petroleras en Medio Oriente, sin abandonar
sus servicios diplomático para la inteligencia norteamericana. Fue un
prospero hombre de negocios y consiguió un puesto en la importante firma
legal Sullivan y Cromwell, una de las más grandes de Wall Street, que
prestaba asesoramiento a poderosas empresas como las Rockefeller. Esta
firma fue uno de los cerebros del mundo mercantil de aquellos años y
vio a Dulles sirviendo a muchos amos al mismo tiempo. Sus puestos eran
estratégicos y le daban a conocer los secretos de las relaciones políticas
y económicas en sus más diversas formas. Sus influencias y servicios
eran requeridos y respetados en todas partes. El hombre influyente se
hizo indispensable. Sus relaciones y conocimientos permitieron que ese
anhelado puente entre Alemania y Norteamérica posibilitara que luego
de la capitulación germana muchos notables científicos, técnicos y militares
encontraran refugio en Estados Unidos al servicio de las crecientes
y ya poderosas empresas del norte, oficinas de estado y castrenses,
donde prestaron importantes servicios al desarrollo armamentístico e
industrial, como el caso de Von Braun. Para entonces la industria bélica
americana, de la mano de firmas y empresas con nombres muy conocidos,
tenían un lugar preponderante. El ingreso a la guerra de EE.UU. había
activado la industria, desarrollado tecnología y precisado de la participación
directa de las compañías privadas. Sus relaciones gubernamentales las
hicieron poderosas, ese mismo poder las llevó a subvencionar campañas
políticas que ponían en el congreso a diputados y senadores que respondían
a sus directivas, y por lo general tenían que aprobar los abultados
presupuestos por los cuales sus Madres Empresarias se harían más poderosas
todavía. Para el inicio de la Guerra Fria las empresas privadas desarrollaban
tecnología para armamentos y toda logística necesaria en la conflictuada
relación entre el este y el oeste. La gran maquinaria se retroalimentaba,
manteniendo su justificación en la amenaza soviética, influenciando
las maniobras de la política exterior americana y dando nueva forma
al mundo. Esta corriente llegó a una Europa devastada y auxilió económicamente
el desastre en actitud de bloque, unificando intereses y haciendo prevalecer
el modelo impuesto desde Estados Unidos. El verdadero poder económico
influenciaba la política del norte y concentraba fuerzas . Para ello
también debía existir un brazo de inteligencia capaz de ejercer control
por debajo del decreciente derecho de las naciones ante las urgencias
de la bipolaridad de fuerzas dominantes. Las agencias de inteligencia
que habían actuado en la guerra y lo hacían todavía en el inicio del
conflicto este-oeste estaban parcializadas, actuaban localmente. Por
eso desde los círculos de ese poder económico se recomendó al mando
político la creación de un cuerpo de inteligencia universal, con plenos
poderes. En 1947 la Casa Blanca pidió nada menos que al Sr. Dulles que
presentara un memorándum consignado sus opiniones sobre las actividades
del servicio de inteligencia norteamericano y la propuesta para la creación
de una Central de Inteligencia . En este momento crítico el presidente
Truman había disuelto la Oficina de Servicios Estratégicos, dirigida
por el General Donovan, y la Agencia Central de Inteligencia creada
en enero de 1946, solo era una organización temporal. Las recomendaciones
de Dulles se ajustaban a las necesidades de la época: que la Agencia
fiscalizara su propio personal; que tuviera sus propias asignaciones,
pero con derecho a suplementar las mismas con fondos disponibles del
Departamento de Estado y Defensa; tener jurisdicción exclusiva para
desarrollar operaciones de inteligencia secreta; tener acceso a toda
información de inteligencia relacionada con países extranjeros; ser
la única agencia reconocida para actuar con servicios de inteligencias
extranjeros, y proteger su personal mediante una legislación sobre secretos
de estado. Un apartado especial trataba el tema de la permanencia de
un Jefe de la C.I.A. por sobre cualquier cambio político. El nido de
Dulles se había preparado para que él mismo presidiera la agencia de
inteligencia más grande del mundo. En 1953, para la misma época que
la CIA hace su irrupción en la Comisión Robertson, Allan Dulles es nombrado
como parte de su estructura, llegando luego al puesto de Director con
una larga permanencia el el servicio. El movimiento de pinzas de las
poderosas corporaciones habían logrado su objetivo que el propio Bertrand
Russell anticipara en 1930: que el próximo aspirante a la supremacía
mundial sería Estados Unidos. Manteniendo su estabilidad política y
jurídica estos poderes obtuvieron un verdadero paraíso territorial y
constitucional. Tenían un gobierno comprometido, uno de los ejército
más poderosos del mundo, y un servicio de inteligencia que salvaguardaría
sus intereses de cualquier amenaza. La concentración de capitales empezó
su carrera despiadada, y hasta los embajadores americanos en el mundo
parecían más agentes económicos pagados por esas corporaciones que verdaderos
diplomáticos. No hay dudas que, como decíamos, al iniciarse la Guerra
Fria, el bloque occidental ya conocía la existencia de los No Identificados.
A las abundantes experiencias registradas durante la contienda mundial
en todos los frentes se podía sumar la opinión fundamentada de los nazis
ahora operando para Norteamérica en distintos lugares de relevancia,
el propio Von Braun manifestaba públicamente su seguridad sobre la existencia
de estos objetos y seguramente su convicción tenía algo que ver con
las investigaciones realizadas en Alemania con el proyecto Urano de
cuyos documentos y materiales no se sabe hasta donde no llegaron a las
potencias en conflicto así de la mano de sus protegidos. Por un raro
designio del destino los Ovnis estuvieron presentes en los cielos y
las cabezas de países y hombres que protagonizaban cambios en el ajedrez
geopolítico mundial. Las experiencias, los testimonios, los proyectos
secretos y los hombres que los forjaban formaban parte de un complejo
entramado táctico que delineaba al mismo tiempo la forma que hoy tiene
el mundo, por eso no hubo sorpresas ante la presencia de los ovnis sino
inquietud, por eso inmediatamente la CIA tomó cartas en el asunto a
cuenta de lo que la historia reciente de estos objetos dejaba entrever
como problema de magnitud, y le dieron el tratamiento usual que daban
para los más grandes y complejos problemas: ocultamiento, distorsión,
desinformación. Ni la CIA ni la USAF ocultaban información por el bien
de la comunidad, esas son excusas ¨democráticas¨, en verdad utilizaron
el poder público para concretar sus fines, para favorecer a las corporación,
para fomentar los ideales y las acciones que sirvieran su política interna
y externa, y esta es parte de la historia que sirvió de escenario a
lo que vendría después: un problema sociológico a escala planetaria.
Los grupos económicos empezaban a concentrarse, a crear una dependencia
y gravitación poderosa sobre las decisiones políticas, era el comienzo
de la globalización, la ascensión de corporaciones influyentes que después
de la guerra tuvieron un campo excepcionalmente fértil, representando
a los valores de la política exterior norteamericana en un mundo que
definía su destino ante amenazas diversas. Al extenderse el alineamiento
se extendían sus terrenos de acción. Nuevos líderes, los grupos económicos,
empezaban a decidir el futuro de las naciones. En ese momento histórico
tan especial aparecieron los Ovnis, y por su puesto, nadie se distrajo
al momento de una evaluación apoyada en la evidencia: se estaba ante
ingenios desconocidos cuyas capacidades operativas no solo no eran de
ninguna potencia sino que resultaban totalmente desconocidas. Estos
objetos representaban una preocupante posibilidad, la presencia de una
voluntad no solamente superior en inteligencia sino también en medios
tecnológicos, visiblemente mucho mayores a cualquier previsión. Eran
una potencia más grande que el Este y el Oeste juntos. Un problema capital
operaba en el cielo, y lo peor es que no había control posible para
manejar su influencia sobre el pueblo. Ni la más avanzada tecnología
terrestre, ni los mayores esfuerzos de sus analistas ni sus más osados
procedimientos servirían de algo ante un intento por controlar esta
presencia extraña y peligrosa. Esto debía ser peor que la amenaza soviética,
y hasta tanto no se tuvieran precisiones era conveniente desviar la
atención del publico. Dado que el problema era global y precisaba de
una acción también universal, la CIA se encargo de evaluar el tema descubriendo
con tardanza que había fugas por todos lados. Las fuerzas militares,
y sobre todo la USAF tenían con el tema una corriente de simpatía. Aunque
sus comisiones internas habían tratado el problema con seriedad y sus
conclusiones podrían aceptarse como válidas, aquello representaba una
acción parcial dispuesta a tratar de responder al origen de estos fenómenos
sin observar otros problemas de capital importancia como la incidencia
de la información en el pueblo americano, la posibilidad de que los
rusos se apoyaran en los ovnis para iniciar una guerra psicológica,
y del como se establecería una política global de tratamiento de la
información con todas las fuerzas y agencias. Las experiencias demostraban
una actitud pacifica del fenómeno y se consideraba que no existía un
peligro para la población. Todo el mundo aceptaba alegremente su existencia
y por lo tanto se debía establecer un cambio sustantivo para empezar
a sacar las papas del fuego. La USAF sintió con más fuerza esa presión
y debió silenciar y desacreditar a sus propios camaradas.
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en La CIA y los OVNIs
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